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Abren dos nuevas salas de conciertos para la noche madrileña

Alevosía

Conjunción astral, alegría doble. En lo que llevamos de febrero han abierto en Madrid dos bares con cartel de música en vivo –¡especie en extinción!–, nuevos feudos de los melómanos empedernidos y otras aves noctámbulas de la ciudad. Ambos son locales pequeños, de aforo modesto y escenario reducido, pero lo que ofrecen es pura magia. Seguid leyendo.

Superlativo (Antonio Palomino, 1)

El origen del Superlativo es fruto de la alianza explosiva entre tres socios singulares. Por un lado, está Álvaro Velasco, más conocido como el Moderno de Móstoles, habitual de los escenarios de Comedy Central, que viste siempre con guayaberas estampadas de colores cantones, flores y flamencos. Por el otro, Joanra, exbajista de Love of Lesbian, que el pasado otoño anunció que dejaba la banda. Ahora ya sabemos en qué ha estado invirtiendo el tiempo. Ambos han juntado sus pasiones –el humor de 'stand up' y la música indie– en este garito que la semana pasada abrió sus puertas en Chamberí, como bar, sala de conciertos y escenario de monólogos. El tercer mosquetero es Roberto Velasco, que ha diseñado el local y ha dirigido la obra. "Aquí se respira buen ambiente, la gente está a gusto y ponemos copas con alcohol decente, del que al día siguiente no te da ganas de pegarte un tiro", nos cuenta Álvaro. El cartel que tienen anunciado para los próximos días es fino fino: de La Fiancée Solitaire a Comandante Twin. Y en marzo nos visitan los barceloneses Ladilla Rusa, autores de hits tóxicos como 'Macaulay Culkin' y 'Bebo (de bar en peor)', que los harán pasar a la historia. Con el tiempo, si todo va bien, organizarán sesiones los domingos por la mañana, a la hora del aperitivo, para las familias con hijos. "En este barrio faltaba un sitio de un rollito así", dice Álvaro, socarrón. 


Alevosía (Andrés Borrego, 8)

Primero, los antecedentes. Hace algunos años, unos cuantos poetas de barra y caña decidieron sumar esfuerzos para levantar uno de los templos de la cultura underground en Madrid, el espacio Aleatorio, lugar donde los versos y la nocturnidad vienen cogidos de la mano. Entre ellos estaba Carlos Salem, un rapsoda con aspecto de pirata, inventor de un subgénero 'beat' que ha bautizado como la cerveza ficción. Hasta aquí, todo muy lindo. Ahora, los locos de esta órbita se han implicado en un nuevo proyecto, el espacio Alevosía, que inauguró el jueves 1 de febrero. Funciona como sala de conciertos y apadrina a artistas emergentes. "La idea es juntarnos para escuchar buena música, de todos los palos, heterodoxa, porque no nos cerramos a nada, y tanto podemos tener a un cantautor con su guitarra como una sesión de electrónica", explica Salem, sin complejos. Cada miércoles acogen maratones de 'open mic', un empujoncito amable para todo aquel que quiera darse a conocer. Y luego está esa magia de la noche y sus azares que a los fundadores les corre por las venas. "En general, cuando un concierto acaba todo el mundo se va a su casa, pero aquí después de la actuación nos quedamos todos juntos, de copas, bailando, y cada cual es libre de hacer lo que le plazca".

 

 

 

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