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Esto es un poco aquello de El Gatopardo de "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Porque Julen Ballesta, tercera generación de una familia dedicada durante años a la distribución de embutidos ibéricos, ha convertido el ultramarinos-bar de sus padres en una taberna viajera para ir a cualquier hora del día. Aquí se puede venir a tapear (sea por la tarde o a la hora del aperitivo) o a pasar revista a su económico menú del día (13.95 euros) como siempre pero la carta que ha traído el cambio de nombre (no de esencia) tiene nuevos anzuelos.
La actual propuesta de una remozada La Recortá -antes La Cortá- (Avenida de la Oca, 15) donde obviamente sus muchas y asequibles tablas de productos ibéricos son protagonistas, ofrece nuevos platillos para poner en el centro de la mesa (de unos nachos a un hummus pasando por varias opciones de pizza), versiones 3.0 de recetas para compartir pasadas por el filtro de las tendencias que abraza la nueva generación al frente (un bikini aquí, una focaccia allá), con técnicas contemporáneas (baja temperatura para la piezas de carne, por ejemplo) y emplatados más vistosos.
Y, como decíamos, ahí sigue su competitivo y competente menú del día, una sucesión de platos tradicionales que se acomodan bien a todos los apetitos. Juegan con cinco primeros y otros tantos segundo con alguna sugerencia del día. Cada semana cambian platos. La pasta al pesto o el secreto con salsa de pimienta de hoy seguramente serán otra cosa en los próximos días. Así han conseguido fidelizar a los vecinos del barrio.
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