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La isla nudista del Manzanares

La Isla del Manzanares
@Amaya Lalanda

La imagen que proyectaba cuando terminó la Guerra Civil era la de un barco bombardeado y varado en medio del Manzanares, justo frente a la actual estación de Príncipe Pío. Entre aquella imagen y lo que podía verse cualquier día de verano desde que La Isla, una gran piscina levantada aprovechando una de las islitas artificiales que aún hoy se distinguen en el río, se inauguró en 1931, con la llegada de la República, mediaba un abismo.

Siglos antes, en los tiempos de Felipe II, el exiguo caudal del Manzanares estuvo a punto de lograr lo imposible: convertirse en navegable para que uniera la ciudad con Toledo e incluso alcanzase Portugal. Un sueño imperial. Lógicamente, tras varios precarios intentos la idea se descartó. Por eso, cuando el arquitecto Luis Gutiérrez Soto propuso la creación de una piscina con forma de barco en pleno río, algunos recordaron el delirante proyecto. Sin embargo, La Isla, como se llamó, fue todo un éxito. Contaba con amplias piscinas tanto a proa como a popa. También existía una cafetería y vestuarios. Sus instalaciones, con varias alturas, se desbordaban por la afluencia de público. Incluso estaba unida al mismo río, de donde provenía el agua, aunque filtrada y tratada.

El Manzanares ha sido cantado, pintado y convertido en verso. También, en ocasiones, ha sido motivo de burla por lo pequeño y modesto de su caudal, a veces casi testimonial. Algunos monarcas, en un alarde de fantasía delirante, soñaron con convertirlo en nuestro Sena. Hasta comienzos del siglo pasado marcaba el límite de la ciudad. Más allá empezaba otro Madrid, el llamado ‘granero’ que alimentaba a la urbe, enormes extensiones de campo y también arrabales. Sus riberas fueron pintadas por Goya o convertidas en inmortales en palabras de Arturo Barea, que describió la poderosa imagen de los cientos de sábanas y ropas blancas mecidas fantasmagóricamente por el viento en la zona de las lavanderas.

Durante los años 20, cuando comenzaban a desmantelarse los grandes suburbios chabolistas (Cambroneras e Injurias, a ambos lados de la actual Glorieta de Pirámides), el Manzanares se convirtió en la playa de Madrid. En sus orillas se escondían parejas de enamorados, improvisados bañistas o familias enteras. También nudistas acompañados de hombres y mujeres armados. La proliferación del naturismo, el vegetarianismo o las ideas libertarias trajo consigo una insólita alianza, la de miembros de la anarquista FAI, que pistola en mano los protegían de las redadas y detenciones policiales.

Situado en plena zona de guerra, el barco fue bombardeado y, en 1954, desmantelado. Hoy no queda ni rastro… o quizás sí. Puede que haya quien lo evoque cuando pasee por Madrid Río. No es tan difícil. Otros antes han imaginado maravillas aún más increíbles.

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