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En estos años han ido firmando algunos platos de la casa que son ya suficiente motivo de peregrinación a sus locales. A medio camino entre la taberna de relumbrón con una barra repleta de atractivos y el restaurante de barrio al que puedes ir con amigos o llevar a tus padres, los hermanos Aparicio, Javier y Paco, están entre los más destacados nombres propios en la actual restauración madrileña. Con un nuevo restaurante a la vista, el más gastronómico y ambicioso de su trayectoria, se convierten en firmas candidatos a convertirse en un referente del "clásico contemporáneo" en Madrid.
Y este paso tenía que llegar. Les sobra experiencia (culinaria y empresarial) y conocimiento (del producto y del cliente) para abrir un restaurante con todas las letras. Sin barra ni mesas altas. Un lugar avalado por su materia prima, con recetas reconocibles que buscan hacer brillar cada ingrediente. Hay mimbres, pasión y entrega. Muchos. Sin duda, es una de las aperturas que nos parecen más apetecibles para animar el otoño capitalino. De hecho, abren puertas en septiembre para hacer más amable la vuelta a la rutina pero ya están abiertas las reservas.
El restaurante de los responsables de La Raquetista, Salino y Cachivache
Este año, de la mano de su chef Alejandro Cano, ganaron el Concurso a Mejor Croqueta de Jamón de España 2026 pero fueron sus torreznos (los que empezaron a servir en La Raquetista) el magnético anzuelo que empezó a llenar sus barras a la hora del aperitivo. A estas alturas medio Madrid ha probado su emblemática versión. Renovaron el plato y le dieron vuelo. Ahora no hay barra sin esta ración porcina.
"Es el restaurante que siempre quisimos hacer", confiesan los hermanos Aparicio después de tres lustros al frente de distintos locales (de los arroces de Salino al tapeo en Cachivache). Y eso ya es fiel garantía de la calidad, tiempo y mimo que le han puesto a este nuevo espacio para comer de lujo a dos pasos del parque de El Retiro. El barrio de Salamanca (Villanueva, 2) es el escenario en el que se mueven ahora con este comedor de quilates al que han llamado Bresa, donde el producto es tan noble como los materiales que conforman su interiorismo.

