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El legendario grupo Oter, con medio siglo a sus espaldas, reverdece los laureles de Gayarre, aquella mítica discoteca a un paso de El Viso

Antes las copas y ahora las brasas animan el ambiente en la recién estrenada nueva vida de Gayarre, que pasa de subtitularse discoteca para renombrarse como steakhouse. Pero hay sigue el perfil silueteado de hombre con chistera. Vamos, que el aire de distinción burguesa pervive en la sala. El barrio manda aunque se esté revitalizando con nuevos locales como Pabblo, Circolo Popolare o el más flamante La Mar en los últimos años. Los responsables del Grupo Oter, que ha levantado en el último medio siglo un imperio echando mano de una cocina tradicional (con especial foco en pescados y mariscos) bien ejecutada, estrenan el año con un megaespacio (dos plantas, oiga) donde puedes comer desde una focaccia a un bogavante a la balear y acabar con una tarta Sacher.
El horno de leña y la parrilla de carbón son los nuevos pilares del espacio. Por aquí pasa casi todo. Un arroz marinero limpio con pescado de roca y gamba alistada, unos cogollos César o un chuletón de vaca madurado 45 días. Este es el motor del proyecto. Así que ya tienes otra pista cuando andas detrás de una cocina a la brasa por Madrid. Y, eso, claro, y aún más en esta casa, vale también para su querido apartado marinero que sigue el ritmo de la temporada y el mercado. La carta ahora mismo luce un rodaballo estilo Getaria, una lubina de estero y una merluza de pincho. Se impone el clasicismo contemporáneo en el plato. Y siempre vas a encontrar un picoteo fino antes del segundo: almejas a la llama, rabas de potera. Aquí todo quiere estar en su sitio. De la iluminación a la mantelería. Quieren abrazar al comensal.
Ejecutivos y vecinos de la zona, a orillas El Viso y a dos pasos de todas las empresas que se arremolinan en Azca, se reúnen ya alrededor de sus mesas. Territorio abonado para todo el que busca un trato acomodado, intimidad y esa propuesta culinaria sólida y fiable sea para una comida de empresa o una cena en pareja. El local se adapta a casi todos los planes porque se distribuye a lo largo de casi 1000 metros cuadrados y tiene capacidad para unos 250 comensales.
El ambiente invita a la sobremesa. Su bodega, con una carta que se alarga una veintena de páginas donde predominan las DO. nacionales, también. Un despliegue de etiquetas populares y de prestigio al que se suma una sección de coctelería, que no falta ya en ningún restaurante de postín; tragos históricos y algunas creaciones propias del grupo.
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