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Restaurantes castizos de Madrid

Los mejores locales para disfrutar de una buena comida tradicional, un rico cocido madrileño y con una decoración típicamente castiza

Taberna La Bola

¿Quién no ha probado el cocido de la Taberna La Bola? ¿Y los huevos rotos de Casa Lucio? La comida tradicional nunca pasa de moda. Los guisos caseros y los manteles de cuadros rojos y blancos forman parte de la gastronomía madrileña de toda la vida. Si quieres descubrir los mejores restaurantes castizos de Madrid, no te pierdas nuestra selección. ¡Porque los clásicos nunca mueren!

Casa Lucio

Este restaurante es sin duda el que más ilustres y famosos habituales tiene de todo Madrid: el Rey Don Juan Carlos, Bill Clinton o Penélope Cruz son algunos de ellos. Lugar de históricos encuentros, donde, por ejemplo, las mujeres de Aznar y Bush comieron mientras se creaban alianzas. Además sin duda saben preparar un fantástico solomillo. La clave de la fama de Lucio es un horno de carbón y usar siempre aceite de oliva. Otro clásico son sus famosísimos huevos estrellados. Asegúrate una mesa en la primera planta.

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La Latina

La Bola Taberna

Ubicado en una tranquila calle trasera, este clásico de Madrid es considerado por muchos como la casa del cocido madrileño. Aún regentado por la misma familia que lo fundó en el siglo XIX y cocinando de forma tradicional el cocido, que sólo se sirve a la hora de la comida, con carbón de encina en pucheros de barro individuales. Este impresionante pedigrí ha hecho algo de mella y el servicio, a veces, es algo arrogante.

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Austrias

El Sobrino de Botín

El restaurante más antiguo del mundo (con un certificado firmado por Norris McWhirter para probarlo) sigue estando a la altura después de casi 300 años.  A pesar de ser muy  popular entre los turistas, sus grietas y recovecos suman creando un magnífico comedor, a pesar de que a veces no quepa un alfiler. Famoso por sus asados, destacamos su cochinillo. Aunque el cordero y las almejas Botín también son excelentes. Y sí, Hemingway estuvo aquí.

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La Latina
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Lhardy

Este emblemático restaurante que abrió en 1839 tiene el crédito de haber introducido la alta cocina francesa en Madrid. Su fundador Emile Lhardy se dice fue persuadido por el mismísimo Prosper Mérimée, autor de Carmen, que le dijo que no había ni un restaurante decente en Madrid. Hoy en día está reconocido tanto por su historia y su decoración belle-époque así como por su (cara) comida. El menú es tan afrancesado como siempre pero tiene un muy refinado cocido, buena caza y callos, junto con una excelente (aunque también cara) lista de vinos.

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Sol

Casa Ciriaco

Pasa delante de su cocina completamente abierta y elige sitio en el comedor repleto de fotos de miembros de la realeza y de agradecidas celebrities junto con algunas menos alegres del atentado durante el cortejo de la boda de Alfonso XIII en 1906 , que ocurrió justo a la puerta del local. Incorrupto y cada vez más fuerte, Casa Ciriaco era lugar de encuentro para los intelectuales del Madrid de pre-guerra y aunque ya no atrae a tantos pensadores, su aire castizo es un recuerdo de lo que fue. Su especialidad es el cochinillo y la perdiz con habitas, en temporada. Los camareros son de la vieja escuela y muy amables.

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Austrias

Viuda de Vacas

Sitio aconsejable para una correcta comida castiza y rematadamente casera, dicho sea para bien. De una gallina en pepitoria o unas espléndidas croquetas de marisco a sus conocidos judiones o callos a la madrileña. Los hermanos Vacas conocen el oficio a la perfección. 

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La Latina
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Casa Pello

Una concurrida barra de tapeo para los fines de semana. Quizás sea por las croquetas o albóndigas de la casa pero es el cocido (a los tres vuelcos) lo que les ha convertido en un punto de referencia en la zona norte de la ciudad. Cocina de toda la vida la de este restaurante. Buenos ejemplos extraídos de ese recetario casero que se acompañan por unas exquisitas carnes a la brasa. Su terraza se llena con el buen tiempo y a la hora del afterwork.  

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Chamartín

Freiduría de Gallinejas

Incluso pasado un siglo este es el mejor sitio de la ciudad para comer gallinejas, intestinos de cordero lechal fritos en su propia grasa y otras delicatessen. No apto para estómagos sensibles, esta institución de las vísceras prepara además entresijos y mollejas, todo de cordero lechal, y siempre acompañados de un potente vino tinto. Vale la pena acercarse para ver su animado ambiente o probar algo del auténtico sabor de la casquería.

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Embajadores

Casa Manolo

Buen local para comida casera tiene una agradable y familiar atmósfera acentuada por las fotos en blanco y negro de la abuela y de la tía del dueño.  Pero aunque todo en esta casa de comidas sea tradicional preparan unas muy creativas ensaladas  que hacen sonrojar a la típica ensalada mixta. La de berenjena con queso de cabra debe ser  de las mejores en la ciudad. Y todos sus platos de cuchara (cocido, lentejas,…)  están magníficamente preparados.

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Alonso Martínez
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La Taberna de Antonio Sánchez

Pocos cambios ha tenido este histórico bar, desde su mostrador de zinc a la cabeza de toro en la pared. Sus múltiples dueños siempre han tenido que ver con el mundo del toreo y tertulias de críticos, toreros y aficionados se siguen llevando a cabo en el local. Muy auténtico y agradable, con lustrosas tapas, incluidas las que ponen con la caña.

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La Latina

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