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Reseña
Ha sido uno de los últimos en llegar al barrio de Salesas, donde parece que muchos echaban en falta un club nocturno en el que poder disfrutar, hasta bien entrada la madrugada, de un cocktail en un ambiente desenfadado y una estética cuidada. De esto último se ha encargado De la Villa Studio, que firma un interiorismo cálido y sofisticado que combina elementos clásicos con toques actuales. Pero lo que nos ha traído hasta el nuevo vecino de Los 33, Persimmon’s o La Buena Vida –por citar solo unos pocos– es la oferta gastronómica que firma el chef Miguel Vidal del MOM Culinary Institute en la planta superior de este espacio que en su día ocupaba una panificadora.
El chef al frente de Bancal ha querido apostar por ese agradecido comfort food que cada vez tiene un mayor protagonismo en la escena gastro madrileña. Algo que tiene todo el sentido del mundo cuando hablamos de un espacio que, aunque actualmente está danto servicio de comidas, lo más probable es que en un futuro aquí solo se sirvan cenas. Porque no olvidemos que el apellido del recién llegado Chitón es Club, y esto ya te da una pista de dónde está puesto el enfoque de un concepto que parece estar teniendo una excelente acogida entre los amantes de la coctelería, el piano bar o las sesiones a cargo de DJs. No obstante, aquí hemos venido a hablar de su oferta culinaria, que pasamos a detallar a continuación.
Entre sus entrantes más acertados se encuentran la cabeza de ajo al horno que sirven partida por la mitad y que la idea es untarla en cada una de las rebanadas que lo acompañan. Es un comienzo original y divertido, sobre todo para aquellos que amamos el ajo sobre todas las cosas, aunque ganaría bastante si el pan estuviera tostado. Nada que objetar, en cambio, con el pan de brioche que sirve de soporte para la chistorra que acompañan con salsa verde y crema agria. Y con las gambas de roca en tempura bañadas en mayonesa, que también aprueban, lo que ocurre es que tienes la sensación de haberlas tomado ya antes en alguna otra parte, porque es de esas recetas que se han expandido como la pólvora en la capital y en todos los restaurantes parecen querer repetir el mismo patrón.
De los principales que pudimos probar, destacar el lenguado a la meunière con almendras, aunque en este tipo de elaboraciones se agradece ver la pieza cocinada antes de que procedan a quitarle las espinas y separar los lomos. Pero entendemos que es una de las limitaciones que tiene el comedor, que no se presta a la posibilidad de que haya algo de show en sala. En cualquier caso, el punto de cocción de los filetes, la salsa que los acompaña y el toque crunchy de las almendras funcionan muy bien en conjunto. Sin duda, un fuera de carta que deberían plantearse meter en la alineación titular de Chitón. Pasaron, en cambio, algo más desapercibidas las albóndigas de vaca con puré de patata y salsa de carne. Por suerte, aun nos quedaba parte de la guarnición que nos había sobrado del pescado: un par de mazorquitas de maíz asado con mantequilla de hierbas que sí repetiríamos en una próxima visita.
De la parte dulce nos quedamos con su flan con quenelle de chantilly, que es un flan de huevo de toda la vida que cumple su función, que no es otra que poner el broche –comedidamente goloso– a una experiencia que se complementa con una carta de vinos, corta pero cumplidora, que incluye referencias interesantes de vinos por copas, como el godello sobre lías O Luar Do Sil con el que acompañamos buena parte de la comida.
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