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Reseña
Antes de que el concepto all day se pusiera de moda, en España ya existía algo muy parecido: el bar–cafetería que abre por la mañana y no cierra hasta la noche, donde se puede desayunar, tomar el aperitivo, comer, alargar la sobremesa o cenar, todo en el mismo sitio. Un lugar flexible, sin rigideces horarias, que acompaña los distintos momentos del día con bocados que encajan según el hambre y el ánimo, la compañía o la solitud. Esa idea —tan cotidiana como eficaz— es la que presenta K’era con su 'all day georgiano' en el barrio de Chueca: bebidas y comidas que encajan durante toda la jornada, en función de la preferencia de cada uno.
El establecimiento, segundo negocio de la hostelera georgiana Nino Kiltava, fundadora de Nunuka, apuesta por un concepto en el que la oferta gira en torno a la idea de acompañar al comensal desde primera hora, con lo que podría ser un desayuno, hasta última, con lo que sería una cena, sin cerrar en ningún caso la comanda a un formato estricto. Esa vocación flexible se refleja en una carta diseñada con la idea de funcionar, literalmente, de la franja del día AM (ante meridiem) a la franja PM (post meridiem). Tanto es así que todos los platos están disponibles en todo momento.
La propuesta de K’era resulta de la labor de una cocina sabrosa y hecha al momento, detalle que puede ralentizar el servicio dado que las protagonistas son las masas que salen de su horno y que parecen la elaboración más popular del comedor. Masas que adoptan la forma del tradicional Khachapuri georgiano en diferentes versiones, su Kubdari (con interior de carne picada), Lobiani (con alubias) o el Chakrakina (queso y acelgas). Además, el pan recién hecho acompaña elaboraciones como el Qababi (brocheta de carne o setas), jugoso, cubierto de tomate picado y también acompañado de matsoni, el yogur fermentado tradicional de Georgia y Armenia que aparece en diferentes platos.
Hay opciones de vegetales, bien resueltas (en un buen punto de crujiente sus bites de coliflor encurtida y sabroso el platillo de tirabeques con judías verdes y menta sobre base de matsoni), que se contraponen a otras más contundentes. Prueba de ello, su apartado con cuatro opciones de sándwiches (originales y variados) y sus platos principales, entre los que se encuentran el pollo coquelet con salsa de nueces o las carrilleras guisadas.
La selección de vinos acompaña con acierto, con referencias que dialogan con la carta sin eclipsarla y entre las opciones sin alcohol (constituida fundamentalmente por refrescos) destaca su limonada, con toque de granada, muy equilibrada en sabor. Dado que se trata de un concepto pensado para funcionar durante todo el día, el café y el té forman parte de la oferta de bebidas, con un peso relevante.
El local está diseñado con gusto, con una decoración cuidada y elementos de artesanía incluidos dentro de esta. El ambiente es diverso y cambiante, con mesas para dos o cuatro comensales y una gran mesa de madera que puede ocupar un grupo más grande o compartirse, llegado el momento. A un lado de la barra, a medio camino al final del local, una mesa de DJ señala además una voluntad clara de activar el espacio a través de la música, con sesiones que buscan sumar a la experiencia y consolidar K’era como un lugar al que volver en distintos momentos del día. El servicio, por su parte, puede afinar ritmos y coordinación. Y un extra más para quienes tengan perro y este sea su compañero 'all day': en K’ERA son bienvenidos y se les recibe con agua.
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