El cartógrafo

Teatro
3 de 5 estrellas
El cartógrafo

Autor y Director: Juan Mayorga. Intérpretes: Blanca Portillo, José Luis García-Pérez.

El autor teatral español vivo más importante no debería dirigir sus obras. Siento empezar esta crítica con tan sentenciosa y lapidaria afirmación, pero si a Juan Mayorga la jugada le salió perfecta en ‘Reikiavik’, en ‘El cartógrafo’ le ha salido un poco rana. Es su tercera obra como director y está aprendiendo a serlo. El margen de error es grande. Y necesario. No le resta maestría haberse dejado secuestrar por el autor cuando era el director el que tenía que amarrar fuerte el timón del montaje. La genialidad del texto está fuera de toda duda e igual de rotundo afirmo que es la mejor obra de Mayorga desde ‘Himmelweg’, pero su puesta en escena es anodina. Algo pasa cuando teniendo a dos grandes actores y un texto brutal, acuden los bostezos más de lo que a uno le gustaría.

La propuesta actoral apela, como no podía ser de otra forma, a la imaginación del espectador. Muchos objetos son innecesarios porque su sola alusión textual y mímica ya los clarifican en la mente del público. Es admirable la apuesta por un montaje despojado, limpio, sumido en el limbo de una escena delimitada por las magníficas luces de Juan Cornejo, lleno de sugerentes simbolismos, el primero de ellos el color rojo que todo lo impregna y que cada cual se llevará a un lugar propio y único. Yo vi en ese rojo una extraordinaria viveza, pero también una mancha roja en el mapa de Europa, una mancha de sangre imborrable, una de tantas, porque la ascensión de los nazis y la Segunda Guerra Mundial dejaron muchas así. Si a los propios actores y al autor les surge la duda de si tiene sentido o no a contar esta historia, al menos que esa mancha no se borre de ese mapa.

La función invita a sumergirse en el texto, a buscarlo y leerlo. Y yo que lo he hecho antes y después de la obra, coincido con lo que me dijo una vez Blanca Portillo: nunca se vuelve a mirar un mapa de la misma forma, se te queda dentro una suerte de tic cartográfico, porque como dice el anciano cartógrafo de la obra, “en cada mapa está el mundo”. Su empeño por dejar dibujado el horror del gueto de Varsovia habla cara a cara con el personaje de Blanca (actriz y personaje se llaman igual, y no es casual), que desde la actualidad se busca la cartografía de sí misma, su propio sentido como ser vivo. Portillo y García Pérez brillan por momentos, pero hay algo que los mantiene un tanto apagados. Quizás, como evidencian al llegar la escena 19, lo que se dice en esta obra es una losa demasiado pesada. Pero vale la pena el empeño y hay que estar muy agradecidos por la valentía que demuestran al hacerle frente, los tres, incluido el autor/director.

Por Álvaro Vicente

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