El corazón de las tinieblas

Teatro
4 de 5 estrellas
El corazón de las tinieblas

Sale un actor, el que luego interpretará al protagonista de la célebre novela de Conrad. Pero antes de meterse en faena, nos invita a reflexionar. Esta es una historia extraída de la época colonial europea de finales del siglo XIX, la más invasiva desde que se descubrió y conquistó América. Nos contamos que llevamos el progreso y la civilización a tierras ignotas, pero por detrás las vamos esquilmando, genocidio mediante. ¿Cuál es el poder del relato? Del relato oficial de entonces, del relato literario de Conrad y de este relato escénico que combina ambos. ¿Cuál es su eficacia? ¿Cuál su pertinencia? En ocasiones, el montaje se suspende un momento y en esos paréntesis se comparten las dudas de sus autores.

Hay mucha honestidad en esta puesta en escena. Se anuncia como ensayo escénico sobre las formas del mal. La novela de Conrad es una excusa. Combinando lo analógico y lo tecnológico, la compañía Metatarso nos lleva con Marlow a remontar el río Congo en busca del totémico Kurtz. El montaje a veces parece una conferencia apoyada en visuales (acertadísimo el dispositivo que maneja en directo Javier L. Patiño), a veces una obra de radio teatro, a veces una performance músico-literaria, donde el piano burgués dialoga con el salvajismo del jembé. África y Europa hablan sobre un escenario, violencia sublimada en poesía.

La combinación de lenguajes que propone el montaje, lejos de ser un pastiche, empasta a la perfección hasta crear un artefacto que a veces se apoya en el teatro documento y a veces en la ficción pura. Actoralmente es notable en general, aunque hay cierta distancia entre Ernesto Arias (Marlow) y el resto. Se notan las tablas del primero sobre los segundos. Es lo mejor que le he visto hacer a Arias en mucho tiempo, templado y saboreando un texto tan subversivo como bello. Y la obra no acaba con el oscuro final. Pero esto mejor no lo contamos. Solo alabar la iniciativa de involucrar al público más allá del aplauso o la reprobación. Eso sí, el Congo debería dolernos más. Entonces era el caucho. Ahora el coltán.

Autor: Joseph Conrad. Dramaturgia y dirección: Darío Facal. Intérpretes: Ernesto Arias, Ana Vide, Kc Harmsen, Rafa Delgado, José Luis Franco y Ass Sabar.

Por Álvaro Vicente

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