Hits

Teatro
5 de 5 estrellas
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©David Ruano

Creación, dirección e interpretación: Tricile.

Este país le debe más a Tricicle que al Banco Central Europeo. Desde aquel 'Soy un truhán, soy un señor' en el 'Un, dos, tres...' hasta hoy han explotado al máximo los recursos de la comedia gestual y han hecho ‘mainstream’ una manera de entender el humor de escasa tradición en nuestro país, una proeza por la que deberían pasar a los libros de texto de las artes escénicas patrias, aunque no hayan escrito ni una sola línea de texto. Por eso este 'HITS', que anuncian como su último espectáculo tras 40 años de carrera, es un imperdible para todos: para el público en general, porque su comedia es atemporal; para quien no los conozca, porque descubrirlos es un placer; y, no menos importante, para los profesionales, porque cada gesto de Joan Gràcia, Paco Mir y Carles Sans es una clase  magistral. Y, según ellos, 'HITS' será la última lección.

Sin melancolía alguna, 'HITS' es a la vez un resumen y una despedida, un guiño cómplice a los convencidos y una sorpresa para los neófitos, un 'tour de force' y un paseo por las nubes. Estructurado modularmente, de manera que pueden adaptar el espectáculo al gusto del público en cada plaza (tras una encuesta a través de redes en la que seleccionan cinco gags), la arquitectura global del espectáculo está al servicio de esta flexibilidad. No se resiente; es más, resulta invisible para el espectador, a menos que lo sepa previamente.

No confundir darle al público lo que quiere con servidumbre: Tricicle también ha decidido poner en un lugar prominente gags quizá menos míticos, pero más redondos en ritmo, ejecución y dramaturgia. Tricicle no hace concesiones al aplauso fácil, el del reconocimiento: si empezaron haciendo pedagogía del teatro de gesto, concluyen su carrera con el criterio intacto, poniendo en el sitio que merece su artesanía sin dejar de dialogar y negociar con el espectador. El planteamiento es de una inteligencia artística y empresarial poco común; por eso sigue funcionando.  

Sin miedo alguno, combinan sketches profundamente elaborados con otros que aún tienen la frescura del ejercicio de escuela llevado hasta sus últimas consecuencias. Son unos genios del punto de vista, dominan el mimo más clásico y mantienen intacta la inocencia del clown, posiblemente lo más complicado tras 40 años de carrera sólida sin cambios en la formación. Nunca se sabe, pero por si no se arrepienten, mejor vayan a verlos: el fenómeno Tricicle tardará en repetirse.

Por Pilar G. Almansa

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