La Tempestad

Teatro
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La Tempestad
©Bruno Rascão

Autor: William Shakespeare. Director: César Barló. Intérpretes: Eva Varela Lasheras, Miriam Cano, José Gonçalo Pais, Javi Ródenas, Samuel Blanco, Sayo Almeida, Roberto González, Rafa Núñez y Emilio Lorente.

En estos tiempos adversos, montar una obra de Shakespeare en un espacio off, con nueve actores y un generoso despliegue de imaginación y plasticidad, es toda una heroicidad. Es además un canto al teatro y una apuesta por llevar al espectador a una vivencia única que seguramente no olvidará fácilmente, no porque la obra genere un gran torbellino emocional ni proponga profundas revelaciones filosóficas, sino simplemente porque propicia dos horas de placer primario. Creo que hay que dejar al erudito en la puerta y ofrecerse limpio a la sucesión de acontecimientos que hilvanan este cuento de magia y honor, de amor y perdón.

Este montaje de las compañías La puerta estrecha y Alma Viva echó a andar el año pasado y no ha hecho más que recoger frutos jugosos (entre otros los Premios Godoff a la Mejor Obra y al Mejor Actor para José Gonçalo Pais, encargado de dar vida a un inolvidable Ariel) que no han hecho sino darle más lustre a un juego escénico que ha retomado sus funciones para que los que todavía no hayan jugado, tengan la oportunidad de hacerlo. Y digo jugar porque la función sucede en varias localizaciones del ya de por sí juguetón espacio de la sala La puerta estrecha: desde la misma entrada, hasta las escaleras que llevan al piso de arriba, pasando por el patio de vecinos, donde aflora el amor entre Miranda y Fernando. Los espectadores acompañan la acción hasta ser casi parte de ella, con lo que se acaban involucrando de manera insospechable.

Imponente de principio a fin Eva Varela en el papel de Próspero (suponemos que a Javier Marías este trastoque de géneros le volvería los ojos del revés, pero a los espectadores normales nos gusta que reten a nuestra imaginación). Su voz, su gesto, toda ella teatro, modulan con precisión la poesía escénica escrita por Shakespeare. En su casa/isla todo ocurre con fluidez (mérito del director), con recursos llenos de originalidad y lugares para rebajar las tensiones, abogando por una sencillez que se agradece, pues es muy fácil caer en tentaciones ostentosas tratándose de una obra como esta que, ya sobre el papel, está pidiendo a gritos el concurso de la imaginación del público.

Así pues, déjense llevar por la tempestad, naufraguen junto a otros 30 incautos en una sala como esta, entréguense al cuento, disfrútenlo y háganse luego algunas preguntas. Por ejemplo esta: ¿es el perdón la mejor de las venganzas?

Por Álvaro Vicente

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