Madre Coraje y sus hijos

Teatro
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5 de 5 estrellas
Madre Coraje

Time Out dice

5 de 5 estrellas

Tenía que llegar Blanca Portillo a darle coraje a esta madre, que tradicionalmente está representada como una sufridora nata, por muy truhana y negocianta que sea. Por fin llega alguien a tirar del carro de verdad, con toda la fuerza y el pragmatismo, aunque duela, porque la vida duele siempre, y los hijos más. Ernesto Caballero se despide a lo grande de su etapa como director artístico del Centro Dramático Nacional, con una versión de 'Madre Coraje' llena de fuerza y algunos presupuestos arriesgados. 

Lo más importante, quizá, es que se ha respetado el concepto del distanciamiento. El famoso efecto V brechtiano es muy alabado sobre el papel, pero cuando lo sufrimos como espectadores resulta mucho más controvertido: esa música feista, con letras casi ininteligibles que rompen todo el 'flow' dramático, no nos permite nunca sumergirnos del todo en la historia ni abandonarnos emocionalmente al sufrimiento. Voilà. Viva Brecht. Aquí lo tenemos. ¿A que fastidia más de lo que imaginábamos? Pues iba precisamente de eso...

El trabajo de elenco es espectacular: destacamos a la Portillo porque es la cabeza visible, pero en este montaje todos van a una. Desde Paco Déniz, el secundario transformista e invisible, hasta Paula Iwasaki, poderosa cantando y actuando sobre sus zapatos rojos, no hay nadie que no haya comprometido hasta su último poro en esta titánica tarea. La auténtica inclusión se alcanzará cuando en una crítica como esta nadie mencione que una de las actrices es sorda, pero mientras tanto, un gran aplauso a Ángela Ibáñez: yo no lo sabía, me enteré después de la función y si no me lo hubieran dicho, jamás lo habría sabido. 

Caballero ha usado con inteligencia los recursos escénicos que le proporciona el mero hecho de estar en un teatro, diseñando junto a Paco Azorín una suerte de site-specific con cuarta pared. A veces no hace falta nada más: con un buen vestuario (de Gabriela Salaverri), un estupendo espacio sonoro lleno de subgraves (de Luis Miguel Cobo) y un trabajo actoral compacto es suficiente. Eso era el teatro.

Texto: Bertolt Brecht. Dirección: Ernesto Caballero. Intérpretes: Blanca Portillo, Paco Díez, Paula Iwasaki y otros.

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