Nieve de Medina: "La profesión te trata como tú la tratas a ella"

Entrevistamos a la actriz de 'Consentimiento', una obra sobre la credibilidad en casos de agresión sexual, actualmente en el Centro Dramático Nacional

Como su propio nombre indica, Nieve es una fuerza de la naturaleza. Actriz brillante, que se define a sí misma como "curranta", su carrera es un ejemplo de que la tenacidad sin apoyo se va abriendo camino, va "haciendo camino", como dice ella misma. Es imposible hablar de Nieve de Medina sin mencionar 'Los lunes al sol', la película en la que, con casi 40 años, se desveló como actriz revelación en los Goya. Pero Nieve es carne de teatro. Fue discípula de William Layton y se licenció en Dirección de Escena por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, en la que compartió aula con su actual director, Pablo Iglesias Simón. Aunque posee una gran vis cómica, su verdad en el drama la ha situado en el epicentro de 'Consentimiento', una obra sobre la credibilidad en casos de agresión sexual, actualmente en el Centro Dramático Nacional. Hablamos con ella el día antes del estreno. 

Háblanos de 'Consentimiento'. 

La obra gira en torno a la polémica que genera un caso de violación en un grupo de amigos: a uno de ellos le toca defender al agresor y al otro a la víctima. Por ejemplo, el personaje de Kiti, que interpreta Candela Peña, se tiene que posicionar cuando su marido defiende que en esa relación hubo consentimiento.

En esta relación de fuerzas, ¿a quién das vida?

A Adela, la mujer agredida. Su presencia hace que todo colapse, y se planteen temas más peliagudos, como qué es la fidelidad, el adulterio o cuándo se considera violación en el seno marital. Todo tiene que ver con la mujer como tema. Sin embargo, es curioso que, pese a que la dramaturgia la firma una mujer, Nina Rayne, todo el personaje se monta a partir de lo que los hombres dicen de ella. 

¿Cómo ha sido el trabajo?

Muy rápido. Magüi Mira, la directora, dice que en el tiempo en el que se monta una obra, ella ha montado dos. Es verdad. La función dura casi dos horas y media y hemos ensayado los mismos 45 días que cualquier otro montaje. En mi caso, el primer día ya llevaba una propuesta de personaje. Magüi me lo compró. Le agradezco mucho que me llamara y que haya confiado tanto en mí. Ella es grande. Hay un trabajo bestial en esta función. Magüi es muy inteligente y ha cogido actores que conoce y que iban con el trabajo muy encauzado. Se lo curra como una jabata en la puesta en escena. Hay que tener una gran cabeza para elegir un gran equipo. Yo la llamo "la rubia" porque la gente dice que las rubias son tontas. Esta, te aseguro, no tiene un pelo de tonta. 

Ya habéis hecho algunas previas...

Sí, y ayer la gente se puso de pie. Era público profesional, y es dificil gustar a los amigos actores. 

También eres 'emprendedora' teatral. Tu trabajo anterior, 'Modelos animales', fue iniciativa tuya.

Aposté gracias a mi inversión y a la de un primo mío, al que se lo tengo que agradecer. 

¿Cómo surge?

Surge por estar parada. Hacía mucho tiempo que no cogía un texto y decía "Esto es la hostia, quiero decir esto", y me leí este libro de cuentos de Aixa de la Cruz y pensé "Esto no es ni un corto ni un largo, es teatro". Se lo pasé a la dramaturga Blanca Baltés, que es como mi hermana, y me animó a que lo hiciera. Luego hablé con Pablo Iglesias Simón, que había sido compañero mío en dirección de escena en la RESAD. Me dijo que sí, aunque tampoco le enamoraba... pero le fue entusiasmando poco a poco. Vio que por puesta en escena, su trabajo podía ser visible. 

Es un texto que cabalga entre la ficción y la realidad. 

Tuvimos que hacer una narraturgia, pasar este relato a teatro y adaptarlo a quien yo soy. La protagonista tiene 27 años en el original. Con una mujer de mi edad tiene otras implicaciones. El personaje se va a Canadá con una beca, se pone a trabajar con un grupo de actores y se empieza a enamorar de una chica joven. El contexto, además, era muy bonito, en un temporal de nieve. Era una apuesta muy bestia para mí, 80 minutos sola en escena. 

Mucha gente te sigue identificando con 'Los lunes al sol'. 

Sí, pero yo sobre todo he hecho teatro. Yo he estado en el CDN cuando todavía era la sala Olimpia, haciendo 'Yanquis y yonquis', y, por cierto, tenía mejor sonoridad. 

¿Y cómo se mantiene una durante tanto tiempo haciendo teatro?

Con austeridad. Mi vida ha sido siempre muy precaria, pero también porque he aprendido a eliminar lo que no es necesario. Trabajé durante 11 años de camarera tras pasar por el laboratorio de Layton. Antes de Layton había hecho performance, era bailarina. Hice zancos, malabares... En el parque de atracciones se hacía un pasacalles y a veces iba presidido por una mascota que tiene el parque, Mapi, el osito. Dentro iba yo. 

O sea, que llegar al cine supuso para ti un enorme cambio. 

La única vez que he tenido dinero de verdad fue tras rodar en Francia una película, 'Antes del olvido', de Augustin Burger. Fue mi primera película de protagonista. Yo no sabía que se podía valorar así el trabajo de un actor. Fue una experiencia vital bestial. A la vuelta de Francia, tal y como llegué, me compré un coche. Aquí me ofrecían cosas pequeñas y mal pagadas, mi hija tenía 2 años y vi la oportunidad de 'pagarme' mi maternidad, así que las rechazaba. También me saqué Dirección de Escena en la RESAD. 

¿Qué te aportó la RESAD?

La licenciatura en Dirección de Escena me dio un nivel académico que yo no tenía. Tengo muchas cosas que agradecerle a la RESAD. Yo no sabía la diferencia entre Stanislavski y Bertolt Brecht, por ejemplo. Te hace leer más teoría, ver el teatro desde el otro lado. También te hace más empático con el director, te das cuenta de que no debes trabajar contra él, sino con él. Si hay algo que hace falta en la RESAD es enseñar cómo se dirige a un actor. Pero lo importante es estar siempre a favor de la obra: eso yo lo traía del laboratorio de Layton y lo sigo pensando como directora y como actriz. 

¿Pagaste caro ese parón?

No lo sé. Esta es una profesión caprichosa y compleja. Al intérprete le machaca mucho no ser llamado: más allá del ego, nosotros estamos para que se nos vea. Hay que tener presencia, y a mí me gusta tenerla sobre el escenario. La profesión te trata como tú la tratas a ella, y yo soy de trabajar. Me dijo una vez Lola Herrera "Tú has hecho tu carrera". Si uno se toma su trabajo en serio, uno va haciendo camino. Ese camino es el que me ha traído hasta aquí. Alguien también me dijo "Es tan peculiar lo que haces". Y es que aunque me suelen llamar más para drama, siempre intento hacer que la verdad del personaje sea diferente. 

¿Por qué es caprichosa esta profesión?

Hay mucho halago gratuito que confunde. Por eso ha bajado mucho la calidad. Obras maestras hay muy pocas, seamos conscientes. Hay que tener mucho cuidado, sobre todo cuando se mira a los compañeros, porque la calidad la podemos llegar a bajar nosotros mismos. 

¿Cómo ha afectado la crisis a la industria?

Han bajado muchísimo los sueldos, sobre todo en los grandes espacios, y eso no puede ser. A un amigo le hago un favor, a una empresa o una institución no. 

Si tuvieras que definir tu carrera, ¿cómo lo harías?

Si no hubiera sido por la confianza que yo he puesto en mí misma, yo no hubiera llegado hasta aquí. Mi carrera ha sido a trompicones y nunca he elegido, pero yo de pequeña era muy fantasiosa, y cuando se apagaba la luz de mi habitación yo actuaba con Paul Newman, con Vittorio Gassman... De alguna manera, yo creo que ya he trabajado con los más grandes. 

¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?

Estoy al habla con Jana Pacheco y Ana Contreras para un par de lecturas. Deseo que vaya bien 'Consentimiento', que pueda volver más adelante. Es donde me siento más creadora que actriz. Y tengo muchas ganas de remontar 'Modelos animales', es el proyecto de mi vida.

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