Parque Lezama

Teatro
Recomendado
4 de 5 estrellas
Parque Lezama
Foto: Christian Heit Parque Lezama

Time Out dice

4 de 5 estrellas

¡Ojo! Nos esforzamos para informar con precisión. Pero estos son tiempos inusuales, así que, por favor, confirma que esta actividad aún se hace.

Dos viejecitos, al modo Quijote y Sancho, pasan la vida en un parque, ven la vida pasar, la que han tenido, la que podrían haber hecho, la que aún está por llegar... Así podríamos resumir el argumento de 'Parque Lezama', adaptación de 'I'm not Rappaport', de Herb Gardner, que podría haber escrito Chéjov si hubiera amado los parques. El texto se caracteriza por ese transcurrir sin acontecimientos, o dicho de otra manera, los sucesos podrían ser trepidantes, pero se presentan dentro de un marco de cotidianidad, de inevitabilidad, de repetición circular... Siempre habrá débiles, estafadores, violentos. Así son las cosas, creemos que nosotros pasamos por la vida, pero es ella la que nos pasa por encima.

Y todo esto desde el punto de vista de quien todo lo ha visto. El ocaso siempre es emocionante, las arrugas pueden pasar de la risa al llanto en segundos porque las horas de vuelo y de tierra en este mundo se lo permiten... Ahí reside el encanto de esta propuesta. Luis Brandoni y Eduardo Blanco son sencillamente encantadores. La obra es un auténtico vehículo de lucimiento de ambos actores, quienes nos atrapan desde el minuto uno. El resto de personajes aparecen y desaparecen a un ritmo cinematográfico, son episódicos sin desarrollo ni solución de continuidad, están al servicio de la evolución de Brandoni y Blanco. La composición física de este último es, además, espectacular.

El director de 'El hijo de la novia' y 'El secreto de sus ojos' hace con esta adaptación su primera incursión en el mundo teatral, y algo hay de aliento cinematográfico en toda la propuesta. Si bien el espacio está bien resuelto, con esas impresionantes alturas que dan credibilidad y dinamismo a la escenografía, hay algo en el ritmo de toda la obra que, de haber sido rodada en lugar de escenificada, quizá hubiera funcionado. Las entradas de los secundarios, los desplazamientos entre bancos, e incluso la división en dos actos hacen que la obra no acabe de fluir. Es el inevitable atractivo y complicidad entre Brandoni y Blanco lo que hace que nos quedemos pegados al asiento hasta el final.

Desde luego, funciona: el público en pie aclamaba a los dos grandes argentinos y a su elenco. Empieza bien la temporada.

Por Pilar G. Almansa

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