The Primitals

Teatro
4 de 5 estrellas
The Primitials
©Julio Moya

Idea original: Yllana y Primital Brothers. Dirección: Joe O’Curneen. Intérpretes: Íñigo García Sánchez, Pedro Herrero, Adri Soto y Manu Pilas.

Ojo a esta gente. Empezó programada una vez a la semana. Luego pasó a dos días. Se ha ido corriendo la voz y ahora están de jueves a domingo. El ritual engancha, y mucho. Una vuelta al mundo en 80 canciones (más o menos), cantadas a capela y con toda la sabiduría de Yllana detrás, hacen de este espectáculo algo único en la cartelera madrileña, un invento lleno de ritmo que no da un respiro, diversión pura del minuto uno al noventa, virtuosismo sorprendente, descaro y cachondeo como no podía ser de otra forma tratándose del teatro Alfil. En una palabra: alucine total. Ay, calla, que son dos palabras.

La mezcla es bien rara, pero como los cocineros son unos experimentados chefs de la comedia, la receta les ha salido de estrella michelín. Cuatro tipos con la cara pintada, ropajes extraños y cuernos colgando aparecen en un escenario procedentes de una suerte de tiempo prehistórico. Cumplen una serie de roles muy marcados que avivarán en el transcurso del espectáculo los dislates cómicos más descacharrantes. Hay un jefe de la tribu, un chamán y dos esbirros. No caben las palabras, pero los sonidos que son capaces de ejecutar y combinar nos dibujan cualquier mundo posible.

Expresividad, ingenio, chiste fácil tanto como humor sutil, el show apela a nuestra particular gramola mental y, en algún momento de la función, algún tema nos tocará el corazón, sea porque nos gusta el rock, porque recordamos alguna banda sonora legendaria o porque se nos ponen los pelos como escarpias con los arranques operísticos. Porque esta gente lo atraviesa todo con la misma maestría y tiene tiempo para subirse a una persona del público para hacerle algunas perrerías de descojono masivo.

En definitiva, esta tribu de excelsas voces, con capacidades inagotables y cajas torácicas envidiables, nos conquista claramente y nos lleva donde quiere, porque gustosamente nos ponemos en sus manos pese a intuir que no es gente de fiar. No, es broma. Yllana vuelve a facturar una joya aliándose con cuatro tipos que se multiplican por mil, en personajes y en talento.

Por Álvaro Vicente

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