Un animal en mi almohada

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Un animal en mi almohada
Teatro del Barrio

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Eva es una mujer víctima de violencia de género que ya está casi recuperada. Gregorio acaba de salir de la cárcel después de intentar asesinar a Eva

El caso de Juana Rivas sirvió de detonante para que Vanessa Espín, entonces estudiante de Dramaturgia en la RESAD, iniciara la escritura de 'Un animal en mi almohada'. Aunque finalmente la pieza bebe de mucha más documentación (otros casos, entrevistas a juezas,...), lo cierto es que para el espectador esa es la referencia que resuena constantemente en su cabeza, mientras ve la desesperación de una mujer que quiere proteger a sus hijos de su padre maltratador, que acaba de salir de la cárcel.

Hay cierto despiste al principio, hasta que arranca la historia: la sucesión de momentos musicales produce cierto extrañamiento, por la propia pregunta de hacia dónde camina el espectáculo. Lo femenino continúa definiéndose desde la creación contemporánea por lo lorquiano: Vanessa Espín abraza lo poético terruñero y le da un aire rural con voluntad simbólica a todo el texto. Quizá haya algo demasiado conducido en su exposición de la historia, que no permite que el espectador deduzca; también es cierto que lo normal en el contexto en el que se muestra es que no haya discrepancias al respecto.

Rebeca Hernando interpreta a Eva, la protagonista, y conmueve con cada palabra, cada gesto que hace; su inolvidable carisma e hieratismo en 'Las canciones' de Pablo Messiez trocan aquí en vulnerabilidad y emoción puras. Se convierte así en el epicentro indiscutible de la función, muy bien acompañada por un conjunto de actrices más que solvente y que creen fieramente en lo que están contado. Y si la protagonista de la narración es Eva, la cuestión que se plantea reside en el personaje de Amalia (Camila Viyuela), una jueza que se ve obligada a aplicar la ley, aunque eso no implique ser justa.

El espacio luce impresionante con un vestido de novia colgado a modo de lámpara de araña en medio del escenario, del que cuelgan largos lazos rojos a modo de barrotes de la jaula del matrimonio. Este es el elemento más significativo y espectacular a nivel estético: vestuario y escenografía no alcanzan a tener una coherencia interna.

Compartimos el grito de protesta de 'Un animal en mi almohada'. A ver si se escucha en el Congreso de los Diputados, que no queda lejos del teatro.

Por Pilar G. Almansa

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