Bons i dolents
Foto: Teatre Condal | Bons i dolents
Foto: Teatre Condal

Las obras de teatro recomendadas de la cartelera de Barcelona

Seleccionamos las mejores representaciones de teatro, danza y comedia que hay actualmente en la cartelera de Barcelona

Borja Duñó
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Desde espectáculos más pequeños a grandes producciones, de monólogos a musicales alucinantes... La cartelera de teatro de Barcelona es potente y ofrece shows para todo tipo de público. Si te preguntas cuáles son las mejores obras que se pueden ver en nuestros escenarios, hemos hecho una selección de las piezas que no hay que perderse de ninguna de las maneras. Tampoco te pierdas los mejores musicales y las mejores obras de teatro infantil en Barcelona.

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Las mejores obras de la cartelera de Barcelona

  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

En 2007, Joan Ollé estrenó en Temporada Alta (en 2008 haría temporada en el Lliure) uno de los mejores montajes de su carrera: Coral romput. Con Joan Anguera, Pere Arquillué, Montserrat Carulla y Eduard Farelo, entre otros, y Toti Soler a la guitarra, el espectáculo fue una maravilla para el oído y la vista. Arquillué quedó tan impactado por el material que pasó por sus manos —un relato en verso sobre la muerte de una hija— que desde entonces le rondaba la idea de tomar el largo poema de Vicent Andrés Estellés y montarlo por su cuenta. Y eso es lo que ha hecho, casi dos décadas más tarde, primero con el propio Soler y ahora con Carles Coronado a la guitarra.

El reto no era fácil. La grabación, en 1979, de Coral romput por parte de Ovidi Montllor y Toti Soler marcó una época. Y todavía se puede recuperar online. Es una delicia. Escuchar a Ovidi, su fraseo, su dicción, la sonoridad de Soler, cómo acompaña y hace suyos los más de 1.200 alejandrinos del poeta de Burjassot. Pero aquello ocurrió hace casi medio siglo. Y que Arquillué haya cometido la osadía de enfrentarse a aquel material precioso para crear un homenaje a aquella gesta y a la vez un espectáculo que suena distinto, que lo imita y se aleja, es una noticia de primer orden.

  • El Raval
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Dicen que el teatro es siempre político; al menos la compañía Mos Maiorum lo tiene claro. Ver una obra suya significa abrir un debate a través de testimonios anónimos, y ahora forman alianza con el calórico Joan Yago en la dramaturgia para seguir las convulsas y vibrantes décadas de la primera parte del siglo XX. También significa mucha cercanía del público, y en esta ocasión la cuarta pared se retira hasta la puerta del teatro, de manera que grada y palestra se convierten en un solo espacio escénico con el público de sombra.

Después de que el año pasado hicieran temporada en La Beckett, Nosaltres, els sense nom vuelve con un nuevo reparto al Tantarantana en un momento especialmente oportuno. De hecho, la obra marida de perlas con las protestas por la vivienda y el éxito en los cines de La bola negra. Ireneu Tranis, Alba Valldaura y Xavi Duch representan aquella movilización obrera solidaria que emergió de la supervivencia con la revolución industrial y sacudió las calles y las estructuras de poder hasta que la Guerra Civil lo hizo saltar todo por los aires.

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  • El Poble-sec
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Hubo un tiempo en que un espectador podía cruzar todo el Paral·lel saltando de cómico en cómico y no hacía falta pisar suelo. En la rica tradición que va de los Santpere a Capri, nos queda activo el último rey de la comedia –y por muchos años– el gran Joan Pera. Aspirante polémico incluso con sus éxitos (un Escape room ambientado en un campo de exterminio), Joel Joan vuelve para reclamar la corona con la nueva Bons i dolents, una comedia efectista cosida con testosterona y un punto de gamberrismo.

Esta vez lo hace solo, sin Hèctor Claramunt. Solo en la autoría del texto, quiero decir, porque en escena lo acompañan la socarronería etílica de Agnès Busquets, el reloj cómico acelerado de Oriol Casals –siempre puntual en el gag–, además de Nesa Vidaurrázaga y de Ana Gago, que arrastra la sexualización de su personaje. En la dirección, el fértil Nelson Valente (Primera llei de Newton), hábil para controlar el ritmo de una obra en un único espacio, en tiempo real sin frenos.

  • El Poble-sec
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

El coronavirus puso en cuestión pilares fundamentales que dábamos por sentados; uno de ellos, el teatro. Entre videollamadas con amigos regadas de vino nació en 2020 en Temporada Alta la obra Bouvetøya. Entonces era una reivindicación del aquí y ahora, indispensable en el teatro. Ahora, pocos años más tarde, en plena celebración de los 50 años del Teatre Lliure, han pasado tantas cosas que la pandemia ha quedado atrás.

Ivan Benet, Cristina Genebat, Julio Manrique y Sergi Pompermayer escriben colaborativamente un cuento distópico donde un grupo de artistas ha perdido el norte y el juicio a causa de una nueva gran crisis, y emprende un viaje hacia la remota isla Bouvet, muy cerca de la Antártida. El grupo está formado, precisamente, por ellos y algunos de sus inestimables compañeros de trayectoria artística (Mireia Aixalà, Ivan Benet, Cristina Genebat, Xavier Ricart, Marc Rodríguez y Andrew Tarbet), de manera que la complicidad está servida.

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  • Fort Pienc
  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

La pandemia no nos hizo mejores, pero sí que hizo madurar el teatro de Josep Maria Miró (El principio de Arquímedes, La majordoma). De la ciudad al pueblo, su escritura ganó músculo y mediante estructuras menos previsibles arraigó con fuerza en la tradición. El cadell es su texto más ambicioso y, por extensión, de todo nuestro panorama escénico actual.

La obra explora el ocaso de una masía durante el siglo XX, tal como hizo Rodoreda con los burgueses de Mirall trencat. Hay una oscuridad en el retrato que remite a Víctor Català, jerarquías y violencias con el sabor del mejor drama rural de Guimerà. La oralidad viva del catalán huye de la folclorización para generar una pieza de estructura literaria muy compleja y, al mismo tiempo, de una teatralidad que galopa. Todo un acontecimiento.

  • El Poble-sec
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Seis horas de teatro, sí. Seis horas de hombres hablando sobre derechos, libertades, homosexualidad y compasión, exactamente. Ese es el reto de L'herència: querer entrar en este mundo levantado por Matthew López y no tener intención de marcharse. Seis horas en las que nos adentraremos en las vidas de Eric Glass, Toby Darling, Walter Poole, Adam MacDowell y Henry Wilcox, viajaremos a los años 80, a Nueva York, en plena brutal epidemia del sida, y volveremos a nuestro tiempo, al final del segundo mandato de Barack Obama y al primero de Donald Trump, en un viaje de ida y vuelta que nos hará soltar alguna lágrima. Porque quizás no sepamos nada de todo aquello, o quizás lo hayamos olvidado.

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  • El Raval
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

“¿Qué es un artista?” se pregunta el propio Oscar Wilde a través de la voz y el cuerpo de Àngels Gonyalons en un prefacio que nos advierte que los textos no son morales o inmorales: solo están o bien o mal escritos. El autor será el narrador de su propia historia y, estos días en el Romea, lo hace a través de una de las mejores dicciones de Catalunya.

El despliegue de talento de Gonyalons es de nota, hace casi todos los papeles: también es Dorian Gray, el protagonista obsesionado con su belleza y juventud; Basyl Hayward, el pintor encargado de retratarlo, Sybil Vane, actriz y el primer gran amor de Dorian; y también Lord Henry, amigo y mala influencia para Dorian.

  • El Poble-sec
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

2025 ha sido, sin duda, el año de Roc Bernadí y de Albert Salazar. Hace unos meses, uno triunfaba con El día de la marmota en el Coliseum y el otro con L'herència en el Lliure. A finales de año les ha tocado compartir escenario y ser, respectivamente, Eddie y Mickey, los hermanos de sangre que creó Willy Russell a principios de los años 80 del siglo pasado; una tragedia griega con todas las de la ley pasada por el tamiz contemporáneo de la diferencia de clases, muy británico y muy de aquella época, inicios del thatcherismo.

El letrista y compositor británico trasladó a la Inglaterra de su tiempo lo que podría haber escrito Esquilo hace 25 siglos. En gran medida, Germans de sang es una Orestíada, con dos hermanos gemelos separados al nacer, cuyo destino hace que, realmente, nunca vivan alejados el uno del otro. Russell fue muy moderno en su época narrando el final cronológico de la historia justo al principio, con la muerte de Eddie y Mickey. La función comienza con los hermanos tendidos en el suelo y su madre cantando ya el hit del musical, No pot ser veritat (Tell me it's not true).

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  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Lo que hace Cristina Clemente en Dones de ràdio es extremadamente complicado, al alcance de muy pocos autores: una comedia a partir de una situación trágica sin perder ni una pizca de sensibilidad por el camino. Sabe que no puede burlarse del cáncer de mama, ni del drama que atraviesan millones de mujeres. Pero puede crear una situación, unos mecanismos, que provoquen esa cosa tan extraña que es reír, o al menos esbozar una sonrisa, mientras lloras.

Y todo esto es posible porque cuenta con un director que se toma muy en serio el teatro y que sabe olfatear los éxitos, que sabe subrayar frases y mover las piezas como un ajedrecista, incluso quien tiene la idea de colocar una gran roca en medio del escenario, sobre la cual girarán sus criaturas. Sergi Belbel, maestro de Clemente, ha asumido el texto como si se tratara de Yasmina Reza o de Neil Simon, como si fuera un clásico contemporáneo, cosa de la que no tengo ninguna duda que Dones de ràdio acabará siendo: con el tirón que tiene la autora en Europa y América Latina, ya deben de estar peleándose por adaptarla.

  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

La aparición de un viejo conocido en una casa que llega para provocar un cataclismo de proporciones diversas es uno de los motores recurrentes del teatro, desde Oncle Vània a Göteborg. Y Lucy Kirkwood utiliza el mismo cebo en Els fills para hacernos zambullir en una obra de gran alcance ideológico y moral sobre la responsabilidad de las generaciones más mayores respecto a las que vienen detrás. Todo lo que plantea es tan vigente que da pavor y no hay nada sobrante en esta obra.

Todo empieza con la llegada de la Rose (Emma Vilarasau) al hogar de la Hazel (Mercè Arànega) y Robin (Jordi Boixaderas). Los tres son físicos, se conocen de toda la vida, pero hace cerca de 40 años que no se ven. No sabremos el motivo de la visita de la vieja amiga hasta el final y será importante. El mundo de la función es un lugar que acaba de sufrir un accidente nuclear y, por lo tanto, podríamos decir que estamos ante una pieza de cariz apocalíptico, de una apocalipsis concreta, incluso cotidiana. Pero Kirkwood es suficientemente hábil para presentarnos tres personajes séniores (están jubilados), con cartas escondidas y una relación íntima para mojar pan.

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