2025 ha sido, sin duda, el año de Roc Bernadí y de Albert Salazar. Hace unos meses, uno triunfaba con El día de la marmota en el Coliseum y el otro con L'herència en el Lliure. A finales de año les ha tocado compartir escenario y ser, respectivamente, Eddie y Mickey, los hermanos de sangre que creó Willy Russell a principios de los años 80 del siglo pasado; una tragedia griega con todas las de la ley pasada por el tamiz contemporáneo de la diferencia de clases, muy británico y muy de aquella época, inicios del thatcherismo.
El letrista y compositor británico trasladó a la Inglaterra de su tiempo lo que podría haber escrito Esquilo hace 25 siglos. En gran medida, Germans de sang es una Orestíada, con dos hermanos gemelos separados al nacer, cuyo destino hace que, realmente, nunca vivan alejados el uno del otro. Russell fue muy moderno en su época narrando el final cronológico de la historia justo al principio, con la muerte de Eddie y Mickey. La función comienza con los hermanos tendidos en el suelo y su madre cantando ya el hit del musical, No pot ser veritat (Tell me it's not true).













