Avui no ploraré
Foto: David Ruano | Avui no ploraré
Foto: David Ruano

Las obras de teatro recomendadas de la cartelera de Barcelona

Seleccionamos las mejores representaciones de teatro, danza y comedia que hay actualmente en la cartelera de Barcelona

Andreu Gomila
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Desde espectáculos más pequeños a grandes producciones, de monólogos a musicales alucinantes... La cartelera de teatro de Barcelona es potente y ofrece shows para todo tipo de público. Si te preguntas cuáles son las mejores obras que se pueden ver en nuestros escenarios, hemos hecho una selección de las piezas que no hay que perderse de ninguna de las maneras: ¡y no te despistes demasiado, que te puedes quedar sin entradas!

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Las mejores obras de la cartelera de Barcelona

  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

La duda siempre es un gran aliado cuando te metes en jardines espinosos. Y no está muy de moda, sobre todo cuando hablamos de una manera de hacer teatro directa, política, que pretende despertar conciencias, donde casi nunca hay grises. En Tallar-se el peu amb una motoserra, Bàrbara Mestanza duda cuando nos plantea el caso del intento de suicidio de un director de escena acusado de haber abusado o violado a trece mujeres. Ella es Mae, la periodista que destapó el caso. La acompañan en escena la subdirectora del diario, Glòria (Rosa Boladeras), y la hija del director (Júlia Molins). Ambas harán que Mae dude, primero porque cometió algún error en su investigación. Y segundo porque quizá fue víctima, también, de un caso análogo.

Mestanza también ha escrito y dirigido una obra que es un punto de inflexión. Sobre todo porque ha querido levantar una ficción basada en hechos reales, lejos de la autoficción que ha marcado su trayectoria como creadora, con puntos punzantes y reveladores como Sucia. La directora y dramaturga ha querido resumir en dos horas muchos de los casos que han salpicado la escena catalana en los últimos tiempos y es imposible no vislumbrar en Ricard Roig, el acusado, trazas de la acusación contra Joan Ollé: la muerte repentina (Ollé murió de un ataque al corazón), el manifiesto de los 300 profesionales que lo defendían, etc. Pero este es solo un punto de partida, una inspiración.

  • El Raval
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

En casa de Lola (Mamen Duch) y Gerard (Albert Ribalta) hay, teóricamente, dos locas, dos mujeres, Llum (Carme Pla) y la Oltra (Marta Pérez), que acaban de salir de un psiquiátrico. También están Bibiana (Àgata Roca) y Miquel (Jordi Rico). Pero, al acabar la función, no sabemos muy bien si alguno de los seis personajes se encuentra bien de verdad. Hay unos cuantos deprimidos, un par de alcohólicos y otro que lo mide todo con dinero. Las que han pasado por el frenopático parecen las más cuerdas, aunque una cuente historias increíbles y la otra esté como ausente.

Nelson Valente es un maestro a la hora de retratar familias estrambóticas, pasadas de rosca, que, una vez se reúnen, parecen estar dispuestas a detonar una bomba en cualquier momento. Las T de Teatre debieron querer esto después del cierto experimento que supuso La dona fantasma, donde también contaron con un autor y director argentino, Mariano Tenconi, a la batuta. En Avui no ploraré, Roca, Duch, Pla y Pérez, con Rico y Ribalta, dos colaboradores habituales, explotan su lado más extremo en una comedia muy televisiva, de intervenciones cortas, con un giratorio que, en su intento de mostrar al instante diferentes espacios, quizá llega a marear un poco.

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  • L'Antiga Esquerra de l'Eixample
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

A cierta edad, quién no se ha preguntado qué habría sucedido si no hubiera dado aquel paso, si no se hubiera echado atrás. Tanto en las relaciones sentimentales como en muchas otras cosas. ¿Nuestra vida habría sido mejor? Pues esto es lo que se plantea Paula (Maria Molins), ya madura, cuando está a punto de enfrentarse a un reto mayúsculo. No sabe qué ocurrió la última noche del viaje de fin de curso en Göteborg, en el último curso de bachillerato, cuando se fue sola a un concierto de Depeche Mode y dejó a Sergi (Roger Coma). Después de tres días de acercamiento, discutieron y no se volvieron a ver nunca más.

Göteborg comienza con Paula irrumpiendo en el piso de Sergi, casi 33 años después de aquella noche que no recuerda. Él está solo, leía y va en pijama. Ella carga una bolsa con su diario de adolescente y una botella de schnapps. Quiere rememorar aquel viaje, ante lo cual Sergi duda. No lo ve claro, pero cederá. Y lo reconstruirán con la aparición de ambos de jóvenes, interpretados por unos solventes Berta Rabascall y Jan Mediavilla, que reproducirán ante nuestros ojos aquellos días suecos.

  • El Poble-sec
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

2025 ha sido, sin duda, el año de Roc Bernadí y de Albert Salazar. Hace unos meses, uno triunfaba con El día de la marmota en el Coliseum y el otro con L'herència en el Lliure. A finales de año les ha tocado compartir escenario y ser, respectivamente, Eddie y Mickey, los hermanos de sangre que creó Willy Russell a principios de los años 80 del siglo pasado; una tragedia griega con todas las de la ley pasada por el tamiz contemporáneo de la diferencia de clases, muy británico y muy de aquella época, inicios del thatcherismo.

El letrista y compositor británico trasladó a la Inglaterra de su tiempo lo que podría haber escrito Esquilo hace 25 siglos. En gran medida, Germans de sang es una Orestíada, con dos hermanos gemelos separados al nacer, cuyo destino hace que, realmente, nunca vivan alejados el uno del otro. Russell fue muy moderno en su época narrando el final cronológico de la historia justo al principio, con la muerte de Eddie y Mickey. La función comienza con los hermanos tendidos en el suelo y su madre cantando ya el hit del musical, No pot ser veritat (Tell me it's not true). 

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  • El Raval
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Pep Cruz y Marissa Josa ya se pusieron en la piel de Luca y Concetta hace quince años, en Natale in casa Cupiello de Eduardo de Filippo en la Biblioteca de Catalunya. Una astracanada navideña, una comedia que tira hacia la tragedia, un monumento al pueblo, una zambullida en una familia napolitana, los Cupiello, donde los hombres no las ven ni venir y las mujeres tiran del carro con abnegación. Una pieza sublime del gran autor napolitano, que ahora Oriol Broggi ha decidido volver a levantar, con los mismos protagonistas y buena parte de aquel reparto. ¿El resultado? Bastante óptimo.

Todo, en esta obra, tiene el volumen de la carcajada desatada, bien subrayada en las transiciones entre actos, donde los intérpretes rompen la cuarta pared e invitan al público a bailar, a café, a pastas, entre gritos y un italiano muy extraño. "¡Aquí todos quieren parecer italianos, pero hay cuatro de Girona!", estalla Cruz en la previa del tercer acto... La trama, sin embargo, va por otro lado. Porque los Cupiello bordean el naufragio: tienen un hijo gandul, con el que no saben qué hacer, y una hija "bien casada" con un empresario local que está tentando a la suerte fuera del matrimonio.

  • Vila de Gràcia
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

En el teatro donde trabajan Joan (Carreras), Laura (Conejero) y Pere (Arquillué) ya no actúan humanos. Ellos tres, antiguos actores, vestidos de operarios con mono naranja, se dedican a encender y apagar los robots que hacen el trabajo que ellos hacían antes, pero sin equivocarse nunca, ni quedarse en blanco, ni perder el texto. Son perfectos y, según parece, el público los prefiere. Joan, Laura y Pere se encuentran en una especie de camerino infecto y cada cuarto de hora suben a escena para colocarse como figurantes durante las pausas. Este es el mundo que ha creado el autor y director uruguayo Gabriel Calderón para tratar de repetir el éxito que consiguió con Història d'un senglar, un monólogo en el que deconstruía el Ricard III de Shakespeare a partir de un actor, Joan Carreras, que desgarraba el personaje.

Ahora no es Shakespeare la referencia, sino el teatro clásico español, sobre todo La vida es sueño de Calderón de la Barca. Todos los que están en este camerino de cuarta se saben la letra de memoria, y piensan que solo ellos pueden dar vida a Segismundo y Rosaura. El teatro, sin embargo, les queda lejos, arrinconados y sin salida posible más allá de permanecer cerca de la escena. Se sienten despojos. Pero Daniela (Brown) no piensa lo mismo. Irrumpe en escena al principio de la función, como surgida de la nada, con sus compañeros dormidos. Y volverá al poco tiempo, una espectadora que se ha colado y que quiere pertenecer a la compañía. Ella es diferente, viste diferente. Tiene entusiasmo, pero cada vez que Pere o Joan acometen el clásico español se duerme.

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  • Musical
  • El Raval
  • 5 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Cuando L'amor venia amb taxi baja el telón, cuando la compañía ha encontrado una solución a una de las tramas de la obra, cuando la función está en lo más alto, a pesar de llevar casi dos horas y media en el teatro, nos asalta una chispa de tristeza, porque nos habríamos quedado una hora más contemplando un espectáculo redondo, divertido, riguroso, musicalmente delicioso, y con unas interpretaciones de aúpa. Habríamos querido preguntar a la compañía de la parroquia de Nuestra Señora de la Luz qué obra harán el año que viene, si piensan ensayar los martes, como siempre, quién hará de protagonista, si el tramoyista tendrá, finalmente, un papel, qué ha pasado con los que se iban a ir a Sevilla. Como en las mejores obras, estos personajes pasarán a formar parte de nuestras vidas. 

  • Musical
  • El Raval
  • 3 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

Glorious! podría ser perfectamente una obra dadaísta, incluso daliniana, porque el planteamiento que hace el autor, el británico Peter Quilter, el de una mujer que no afina ni una nota, pero que recibe las felicitaciones de casi todo el mundo y llega a cantar en el Carneggie Hall, es absurdo, de traca. Si no supiéramos que la historia de Florence Foster Jenkins es real, que ocurrió en el Nueva York de los años 40 del siglo pasado, no nos la creeríamos. En Londres se estrenó en el West End en 2005 y estuvo meses en cartel. Es una buena comedia blanca que fácilmente cuenta con la complicidad del público.

En el Poliorama, dirigida por Paco Mir, cuenta con una Madame Florence de altura, Marta Ribera, que sabe muy bien lo que se hace. La actriz es una primera espada del musical y para cantar tan mal como le exige su personaje hay que saber. Y mucho. A su lado tiene a Ramon Gener, su pianista, y a Santi Millán, su marido. Y es aquí quizás donde empiezan los problemas, porque ni uno ni otro abandonan en ningún momento un registro que podríamos llamar televisivo. Uno a menudo no sabe dónde meterse en su papel de mercenario que acepta el trabajo por dinero (tocaba en un restaurante detrás del bufé de las coles). El otro, extremado en los gestos, en el movimiento, fuera de registro.

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  • Musical
  • 4 de 5 estrellas
  • Crítica de Time Out

The Phantom of the Opera, seguramente el éxito más rotundo de Andrew Lloyd Webber, es un musical de gran exigencia vocal y musical. No puede interpretarlo cualquier cantante y/o actor. Y de ahí que debamos aplaudir la producción que ha llegado al Tívoli, porque no solo Daniel Diges y Ana San Martín son unos fantásticos Fantasma y Christine Daaé, sino que el resto del reparto sabe estar a la altura de una partitura que es casi operística, con un Miquel Tejada que dirige con mucha solvencia la orquesta.

La historia ya la conocen (lleva 40 años ininterrumpidos en la cartelera londinense, tiene versiones cinematográficas...), pero habla de un teatro parisino, en el siglo XIX, poseído por una especie de “fantasma”, que no es sino un genio frustrado, desfigurado, que se enamora de una corista, Christine, y que hará todo lo posible para que sea ella quien estrene su obra maestra. Una versión menos edulcorada de La bella y la bestia.

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