Cuando Marcel llega a casa de Clara, su mejor amiga de la adolescencia, hace años que no la ve. Ella celebra su cumpleaños y está arriba con los amigos. Él, sin embargo, tarda en subir. Y se entretiene en la habitación de ella mirando un corcho lleno de fotografías. Donde él no está. Han pasado los años y han pasado muchas cosas. Ya no son jóvenes-jóvenes y la realidad a menudo tiene poco que ver con el deseo del pasado.
Cesc Colomina ha escrito una obra tierna y viva sobre el descubrimiento del amor y el paso del tiempo, sobre lo que quisimos ser y lo que somos. Su protagonista está encarnado por un Roc Bernadí que interpreta todos los papeles de esta pieza que es como un susurro (no es exactamente un monólogo, ya que hay nada menos que media docena de personajes, sino una obra para un solo intérprete). El actor mira al público en todo momento, buscando la complicidad de los espectadores, que pasan buena parte de la función con las luces de platea encendidas. Nos habla a nosotros.













