La pandemia no nos hizo mejores, pero sí que hizo madurar el teatro de Josep Maria Miró (El principio de Arquímedes, La majordoma). De la ciudad al pueblo, su escritura ganó músculo y mediante estructuras menos previsibles arraigó con fuerza en la tradición. El cadell es su texto más ambicioso y, por extensión, de todo nuestro panorama escénico actual.
La obra explora el ocaso de una masía durante el siglo XX, tal como hizo Rodoreda con los burgueses de Mirall trencat. Hay una oscuridad en el retrato que remite a Víctor Català, jerarquías y violencias con el sabor del mejor drama rural de Guimerà. La oralidad viva del catalán huye de la folclorización para generar una pieza de estructura literaria muy compleja y, al mismo tiempo, de una teatralidad que galopa. Todo un acontecimiento.
















