La duda siempre es un gran aliado cuando te metes en jardines espinosos. Y no está muy de moda, sobre todo cuando hablamos de una manera de hacer teatro directa, política, que pretende despertar conciencias, donde casi nunca hay grises. En Tallar-se el peu amb una motoserra, Bàrbara Mestanza duda cuando nos plantea el caso del intento de suicidio de un director de escena acusado de haber abusado o violado a trece mujeres. Ella es Mae, la periodista que destapó el caso. La acompañan en escena la subdirectora del diario, Glòria (Rosa Boladeras), y la hija del director (Júlia Molins). Ambas harán que Mae dude, primero porque cometió algún error en su investigación. Y segundo porque quizá fue víctima, también, de un caso análogo.
Mestanza también ha escrito y dirigido una obra que es un punto de inflexión. Sobre todo porque ha querido levantar una ficción basada en hechos reales, lejos de la autoficción que ha marcado su trayectoria como creadora, con puntos punzantes y reveladores como Sucia. La directora y dramaturga ha querido resumir en dos horas muchos de los casos que han salpicado la escena catalana en los últimos tiempos y es imposible no vislumbrar en Ricard Roig, el acusado, trazas de la acusación contra Joan Ollé: la muerte repentina (Ollé murió de un ataque al corazón), el manifiesto de los 300 profesionales que lo defendían, etc. Pero este es solo un punto de partida, una inspiración.



















