En un determinado momento, la hija del protagonista le espeta que ha superado seis crisis de gobierno sin hacer nada. Mariano de Santis, presidente de la República Italiana, sabe que es el momento de posicionarse. Y tendrá que hacerlo tomando tres decisiones que se auguran trascendentales. Dos tienen que ver con la petición de indulto de dos condenados por asesinato ante circunstancias bastante singulares. Y la tercera es la de firmar o no una ley de la eutanasia, teniendo en cuenta que él es demócrata-cristiano.
Porque cualquier película firmada por Paolo Sorrentino merece atención inmediata. Y, más aún, si supone el reencuentro con su actor favorito, Toni Servillo, quien ganó por este papel la Copa Volpi en el Festival de Venecia. El icónico Jep Gambardella de La gran belleza (2013) es aquí un respetado político de esos que hoy en día parecen extinguirse como los dinosaurios: inteligente y humanista, dialogante y reflexivo. La dupla actor-director (un Sorrentino menos felliniano que nunca) funciona como un reloj en una película que es un contundente alegato en contra de la equidistancia y a favor de la política en mayúsculas.
Dir.: Paolo Sorrentino (Italia, 2025). 133 min.

