Un ritual de brunch, tapas y cócteles para saborear septiembre y octubre desde los hoteles

Cuando la luz se vuelve más amable y las tardes todavía invitan a quedarse al aire libre, los hoteles de la ciudad abren terrazas, patios y salones para redescubrir Barcelona entre brunchs, tapas, cócteles y vistas privilegiadas
MésQHotels
MésQHotels | The Barcelona EDITION
Time Out en colaboración con MésQHotels
Publicidad

Durante los meses de septiembre y octubre, Barcelona se viste con una nueva luz que le sienta especialmente bien. Es un buen momento para contemplarla desde las alturas, aprovechar las últimas horas largas del verano al aire libre y descubrir que algunos de sus mejores rincones están allí donde quizá no solemos buscarlos: en los hoteles.

Porque hace tiempo que los hoteles dejaron de ser territorio exclusivo de quienes vienen de fuera y se abrieron a toda la ciudadanía. Tras sus puertas hay azoteas abiertas al skyline, patios que amortiguan el ruido de la calle y salones en los que apetece quedarse cuando al caer la tarde empieza a refrescar. Y también hay mesas: para disfrutar de un brunch sin prisas, compartir unas tapas o ver cómo anochece con un cóctel delante.

Durante estos dos meses, casi una treintena de hoteles de Barcelona invitan a entrar sin necesidad de llevar una maleta. La excusa es gastronómica, pero el plan va un poco más allá: redescubrir la ciudad cuando el verano todavía no se ha marchado del todo. Podéis encontrar las propuestas de los hoteles y todos los detalles en MésQHotels. ¡Y seguid leyendo, porque os lo contamos todo!

Brunch

1. Catalonia Barcelona Plaza

Montjuïc empieza —o termina, según de dónde vengáis— junto a la plaza de España. Es aquí donde el Catalonia Barcelona Plaza esconde Simultáneo, el restaurante del hotel, que juega a ser muchas cosas a la vez: un lugar para desayunar, disfrutar de un almuerzo informal, tomar algo a media tarde y, ocasionalmente, convertirse en escenario de eventos culturales.

Lo mejor es que la cocina no cierra. La carta Non-Stop funciona las 24 horas y permite improvisar un brunch sin tener que esperar a que sea domingo ni llegar antes de una hora determinada. Hay huevos benedictinos con bacon y champiñones, tostada de aguacate con queso de cabra, jengibre y rúcula, y pancakes con crema de pistacho y frambuesas. Un brunch sin rituales ni horarios, justo delante de Montjuïc.

2. Mandarin Oriental, Barcelona

En Barcelona, donde el brunch hace tiempo que dejó de ser una novedad, todavía hay lugar para la sorpresa. La encontramos los domingos en Blanc, en el Mandarin Oriental, Barcelona, en un espacio que ya merece la visita por sí solo: antes de que aquí hubiera un hotel de lujo, había un banco, y las antiguas puertas de hierro todavía conservan su memoria.

La mesa se va llenando a su ritmo. Primero, ibéricos, conservas y una selección de quesos de distintos lugares; después, platos frescos de temporada y una barra de ostras que prepara el terreno para la parte más contundente. Incluso el pan reclama su parte de atención, elaborado con harinas ecológicas para acompañar todo el recorrido.

Llegan entonces los arroces y las tapas calientes, que convierten el desayuno tardío en almuerzo y el almuerzo en sobremesa. Y cuando parece que ya no cabe nada más, aparece la última tentación: tartas, pequeñas piezas de repostería y fruta fresca.

Todo sucede bajo el blanco que da nombre al restaurante, entre mesas y sillones del mismo color, una planta trepadora que cae desde el techo y un piano de cola que termina de dar carácter a un comedor singular.

Publicidad

3. Negresco Princess

Un mediodía en la azotea del Negresco Princess puede empezar con un café y acabar, unas horas más tarde, con un mini cóctel en la mano. El Negresco Rooftop plantea el brunch con vocación de banquete: Barcelona a los pies y suficientes argumentos sobre la mesa como para no tener demasiada prisa por marcharse.

La propuesta arranca con una selección de entrantes para compartir y continúa con un plato principal a elegir entre opciones dulces y saladas, con la cocina mediterránea como base y algunas influencias internacionales. Después llegan los postres y el detalle que acaba de marcar el ritmo de la mañana: bebidas ilimitadas durante todo el servicio, con cafés, infusiones, zumos naturales, refrescos, cervezas y mini cócteles. Todo ello, al aire libre y con el centro de Barcelona extendiéndose ante la mesa.

4. Monument Hotel

El domingo es probablemente el día que mejor admite los excesos, y en el Monument Hotel se lo toman al pie de la letra. Los Yummy Sundays ocupan el Glasss Restaurant, dentro de la antigua casa de Enric Batlló, con una propuesta dirigida por Martín Berasategui que mira hacia el País Vasco sin perder de vista que estamos en el paseo de Gràcia.

El recorrido empieza con un bufé de ensaladas, carpaccios, tártaros, embutidos, quesos y panes artesanos, antes de pasar a los platos que salen de cocina. Y es aquí donde aparece el acento vasco: buñuelos de bacalao, taco de atún con espuma de marmitako, costilla de vaca vieja o un guiso marinero de calamar y corvina con guisantes del Maresme, entre otras elaboraciones.

El final vuelve a ser de bufé, esta vez con pasteles individuales, dulces caseros y pastel vasco. Mimosas y Martini Fiero Spritz preparados al momento completan un domingo pensado, precisamente, para que nadie tenga demasiado interés en darlo por terminado.

Publicidad

5. Catalonia Ramblas

Junto a la Rambla, pero lo bastante escondida como para olvidarse de ella durante un rato, la Terrassa Pelai del Catalonia Ramblas propone trasladar el brunch a un jardín en pleno centro de Barcelona. Entre vegetación y al aire libre, la mañana empieza con zumos detox y cafés, quesos y embutidos catalanes, panes artesanos, mini bollería, fruta de temporada y yogur con granola y semillas.

El plato fuerte es un clásico bien resuelto: dos huevos a baja temperatura sobre un bagel con salsa holandesa y patatas rústicas. El resto va al gusto de cada uno, con bacon, salmón ahumado, espinacas, aguacate, jamón ibérico o cheddar para completarlo. Y para volver a casa habiendo cumplido con todas las normas no escritas del brunch, un surtido de repostería casera para terminar.

6. InterContinental Barcelona

El nombre ya da alguna pista. En el Arrel del InterContinental Barcelona, el brunch parte del producto y de la temporada para construir una mesa que va del recetario local a elaboraciones con acentos más contemporáneos. El primer acto es un bufé generoso: jamón ibérico con coca de aceite y tomate, quesos afinados locales, ahumados mediterráneos, steak tartar con alcaparras fritas y kimchi y ostras del Delta del Ebro. Al lado, fruta fresca, vasitos de temporada y una buena representación de panadería y repostería, desde los croissants y pain au chocolat hasta los plum cakes y las cookies artesanas.

Después entran en juego los huevos, los platos calientes y el showcooking, acompañados de puré de patata al estilo Robuchon, zanahorias al ras el hanout, tomates salteados con albahaca y patatas Hasselback. El final corre a cargo de L’Atelier: pasteles, mini repostería, macarons, catanias y petit fours, además de fresas con nata y torrijas caramelizadas. Zumos, cafés, infusiones y una selección de vinos y espumosos completan el brunch; los cócteles, preparados al momento, van aparte.

Publicidad

7. Kimpton Vividora Barcelona

La Catedral se ve diferente desde una azotea. En La Terraza de Vivi, en el rooftop del Kimpton Vividora Barcelona, el brunch llega con Barcelona delante y una carta que se mueve entre el Mediterráneo y algunos de los grandes clásicos del desayuno internacional.

La fruta fresca y las bayas silvestres abren el menú antes de pasar a entrantes como la ensalada de bimi, zanahoria y kale, los tomates de temporada marinados con requesón y albahaca o el yogur griego con fruta y muesli. Después, tostada de aguacate con salmón ahumado, hummus de remolacha con espinacas, pancakes con sirope de arce, huevos Benedict o una tortilla hecha al gusto. El café y el té están incluidos, y quien quiera alargar el mediodía puede sumarle 90 minutos de free flow de Mimosas y Bloody Marys. ¿Listos para darlo y recibirlo todo?

8. The Barcelona EDITION

Domingo, mercado y sobremesa. Veraz, en la planta baja de The Barcelona EDITION, tiene el Mercat de Santa Caterina casi como despensa. La carta pone el acento en los ingredientes de origen local, ecológicos y con certificación sostenible, sin renunciar a guiños más internacionales.

Cada uno elige dos platos de una carta que permite saltar de un registro a otro: desde los huevos Benedict sobre masa madre, con aguacate y holandesa de azafrán, hasta el bagel de salmón ahumado, la pita de falafel casero o la burrata con anchoas del Cantábrico. También hay una shakshuka vegana con portobello, berenjena y garbanzos y, para los más golosos, french toast con helado de vainilla o croissant caramelizado con crema de coco y frutos rojos. En la copa, cava y mimosas ilimitados durante dos horas, café de especialidad Hidden Coffee —orgánico y de comercio justo— y el vermut que Padró i Família elabora para el hotel. Una buena manera de hacer que el domingo tarde un poco más en convertirse en lunes.

Tapas y platillos

9. Catalonia Boulevard

En Sintonia, dentro del Catalonia Boulevard, el fuego tiene buena parte de la palabra. La cocina trabaja a fuego lento y a la brasa, con producto de temporada y proximidad, y se puede degustar también en la terraza interior del hotel, una pequeña pausa del movimiento del centro de Barcelona.

Su Steak & Wine Bar traslada esta filosofía a un formato más informal, de tapas y platillos para compartir. En el centro de todo hay un viejo conocido de la casa: el steak tartar en brioche, convertido ya en una de sus elaboraciones más emblemáticas. El resto de la carta revisa sabores de raíz tradicional y los acompaña con más de 50 vinos de diferentes denominaciones de origen. Una buena excusa para jugar a encontrar qué plato y qué copa hacen mejor pareja.

10. Catalonia Plaça Catalunya

En plena plaza Catalunya sobrevive un pedazo de la Barcelona modernista. El Contempo Gastrobar ocupa los bajos del Catalonia Plaça Catalunya, un edificio del siglo XIX proyectado por Emilio Sala Cortés, maestro de Gaudí y uno de los arquitectos vinculados a los primeros años de la Casa Batlló. Hoy, sus interiores históricos son el escenario de una cocina catalana que parte del recetario conocido para llevarlo un poco más allá.

La mejor manera de entrar en materia es compartir e ir haciendo sitio en la mesa. Está la croqueta de jamón ibérico, la bomba de la Barceloneta y unas bravas a su manera, pero también un patacón con tartar de atún y mango, el matrimonio de anchoa y boquerón o un bikini trufado con mozzarella y jamón. Entre los platos del chef Josep Jorba, vale la pena guardar sitio para la tortilla de patata con trufa, huevos ecológicos y queso de cabra de la Garrotxa, o el mini canelón de pollo de corral asado. Tradición catalana, sí, pero sin necesidad de dejarla quieta.

Publicidad

11. Grand Hyatt Barcelona

El Mediterráneo es lo bastante grande como para que una mesa entera no llegue a abarcarlo. En el Sofia Bar & Tapas del Grand Hyatt Barcelona, el chef Fiorenzo Paolo Migliavacca recorre sus diferentes orillas a través de tapas y platillos que parten de recetas reconocibles y las llevan hacia terrenos más contemporáneos.

La carta permite empezar con unas ostras del Delta del Ebro o una mojama artesanal de atún con cremoso de aguacate y continuar con el pulpo a la brasa con ajada tradicional o un brioche tostado con costilla ibérica. Más inesperados son los lingotes crujientes de paella de marisco con tartar de gambas o la alcachofa confitada a la brasa con alioli de membrillo. Y la revisión de los clásicos llega hasta los postres, con una espuma de crema catalana con corazón de caramelo salado o una esfera de tiramisú. Una carta pensada para compartir, picar de aquí y de allá y dejar que el Mediterráneo haga el resto.

12. Pulitzer Barcelona

En la azotea del Pulitzer Barcelona hace más de una década que saben que una tarde de verano necesita pocas cosas, pero bien elegidas: algo bueno en el plato, música y un lugar desde donde ver cómo cae el sol. La Terrassa, diseñada por Lázaro Rosa-Violán, se ha convertido en un pequeño clásico del centro de la ciudad y este año mira gastronómicamente hacia el Mediterráneo oriental.

La carta, pensada para poner en el centro y compartir, pasa por el hummus, las brochetas de cordero, las alitas a la brasa y varias opciones vegetarianas, siempre con producto de proximidad y temporada. El final también viaja hacia el este, con un cheesecake de baklava y pistacho. Y cuando la cocina baja el ritmo, la música toma el relevo: de mayo a octubre, #BuenasTardesPulitzer lleva DJ y conciertos en directo al rooftop de jueves a domingo. Una fórmula que, después de más de diez años, parece haber encontrado pocos motivos para cambiar.

Publicidad

13. Regina

La cocina barcelonesa de toda la vida también sabe ponerse al día. En Bar La Esquina, dentro del hotel Regina, lo hace sin disfrazarse demasiado: tapas y platillos reconocibles, recetas de casa y algún giro que las saca del terreno más previsible.

La tortilla del día llega con cebolla caramelizada y la ensaladilla de patata al limón, con tartar de atún rojo. Para compartir con más hambre, hay arroces como el de carrillera de cerdo estofada, platos marineros como el bacalao desmigado con vinagreta de alubias y combinaciones tan nuestras como las albóndigas con sepia y langostino. El resto es, literalmente, coser y cantar: un buen vino en medio de la mesa —o una cerveza bien fría— e ir pidiendo.

14. Hotel Indigo Plaza España

El nombre ya avisa de que aquí las cosas pueden ir en más de una dirección. Reversible, el Tapes Bar del Hotel Indigo Plaza España, pone la cocina barcelonesa en un escenario urbano de colores intensos, texturas y diseño contemporáneo, junto a Montjuïc.

La carta empieza en terreno conocido, pero le pone acento propio: bravas Reversible con alioli de ajo asado, croquetas caseras, una Bomba de Sants bien crujiente o un brioche de anchoa “00” con mantequilla ahumada de tomates secos y piparra. Para poner en el centro, la xatonada con carpaccio de bacalao, la berenjena a la brasa con sobrasada, miel y queso de cabra o el calamar encebollado con alubias. Y si la mesa pide más, entran los arroces —de gamba roja y calamar, de pato y foie o de verduras y alcachofas—, el bacalao confitado a 65° con samfaina o unas carrilleras de ternera guisadas durante 18 horas. Una carta que mira la tradición de frente, pero no la deja exactamente como la ha encontrado.

Publicidad

15. Mercer Hotel Barcelona

Los bares de barrio también pueden tener casa en un hotel GL. Le Bouchon, en el Mercer Hotel Barcelona, recupera esa manera tan barcelonesa de comer a base de tapas, barra y sobremesas improvisadas, pero la pasa por el filtro del chef Xavier Lahuerta.

Unos pimientos de Padrón con flor de sal pueden preceder a unas anchoas del Cantábrico, pero es cuando la carta se atreve un poco más cuando aparecen algunos de sus platos más singulares: mojama de atún con chalota y gel de fruta de la pasión, berenjena frita con miel de hierbas y queso de Muntanyola o bacalao ahumado con aceitunas kalamata. También hay calamares a la andaluza con salsa de tomate a la vainilla y brandada de bacalao con alioli negro. Platos con suficiente personalidad para sorprender, pero sin perder esa informalidad que pide una mesa llena de tapas.

16. H10 Casanova

La carta del Ona Lounge, en el H10 Casanova, no parece demasiado interesada en las fronteras. Empieza con unas bravas o unas croquetas de jamón y, unas páginas más adelante, ya ha pasado por Asia, México y Hawái. Todo en un espacio de vocación informal, pensado para que los platos circulen por el centro de la mesa y la copa no quede demasiado lejos.

Se pueden compartir gyozas de cerdo, calamares a la andaluza con mayonesa cítrica o unos tacos de cochinita pibil, y continuar con un pad thai de calamares y gambas, un poke de salmón o una hamburguesa vegana de garbanzos. Para quienes prefieran no hacer tantos kilómetros, también hay tortilla de patatas con pan con tomate y jamón ibérico. La coctelería, con clásicos y creaciones de la casa, acaba de dar sentido a una carta hecha, precisamente, para ir picando sin seguir ninguna ruta concreta.

Y en este lugar las tapas no solo se reservan al apartado salado: también pueden ser dulces. No os vayáis sin probar la tatin de manzana casera con helado de vainilla.

Publicidad

17. H10 Madison

La Catedral de Barcelona queda tan cerca que casi parece una invitada más a la mesa. Desde el rooftop del H10 Madison, La Terrassa del Gòtic ofrece una de las perspectivas más privilegiadas del centro histórico y suma una cocina ininterrumpida para poder plantarse allí casi a cualquier hora del día.

Entre una mirada a los tejados del Gòtic y otra a la Catedral, pueden ir apareciendo croquetas caseras de jamón ibérico, pimientos de Padrón, bravas o pan de coca con tomate, junto a faláfels con tzatziki y gyozas de langostinos y verduritas. Para sentarse a la mesa con más hambre, hay salmón a la plancha con arroz y salsa de eneldo, entrecot con patatas y salsa Café de París o pollo al curry con basmati. Un buen lugar para comprobar que, de vez en cuando, hacer de turista en la propia ciudad tiene recompensa.

18. METT Barcelona

El vermut tiene sus propias normas no escritas: aceitunas dentro o fuera y, a poder ser, con un escuadrón de platillos haciendo muralla. La 1925 Vermuteria, en el METT Barcelona, recupera esta manera tan nuestra de entender el aperitivo y la alarga hasta que, casi sin darnos cuenta, ya es hora de comer.

Para empezar, gildas de anchoa y aceituna, anchoas del Cantábrico, jamón ibérico con pan con tomate o un hummus de romesco con chips de maíz. Después, la cosa se calienta con bravas o croquetas, pero también con platillos que se alejan un poco del guion habitual, como brochetas de pulpo con cebolleta y salsa verde o crujientes de mar con alioli ligeramente picante.

Y que nadie dé el ritual por terminado antes de los postres. La crema catalana mantiene un pie en la tradición, mientras que los profiteroles de nata con salsa de chocolate o las fresas con mascarpone y helado de vainilla proponen una hora del vermut que acaba con cuchara.

Publicidad

19. NH Collection Barcelona Gran Hotel Calderón

Una buena lata, un queso con nombre y apellidos y una copa de vino bien elegida. Tablafina, a pie de Rambla Catalunya y dentro del NH Collection Barcelona Gran Hotel Calderón, parte de una idea sencilla: si el producto es bueno, no hace falta marearlo demasiado. Al frente está el chef Alex Cobles, con el asesoramiento gastronómico de Abel Valverde y David Robledo.

La barra combina embutidos, quesos, conservas y productos con denominación de origen con recetas que entran de lleno en la cocina catalana: canelón tradicional de asado con crema de trufa, fricandó de ternera o albóndigas de rabo de toro estofadas. El Mediterráneo asoma con pulpo a la brava, suquet de rape y mejillones o arroz seco de sepia y gambas. Y como corresponde a un wine bar, el vino forma parte del juego, con una selección pensada para encontrar una buena pareja para cada platillo.

20. Ohla Barcelona

El Ohla Barcelona es ese hotel de Via Laietana que os observa antes de que vosotros lo miréis: cientos de ojos de cerámica decoran la fachada. En la planta baja, La Plassohla pone la atención en el plato, con Romain Fornell al frente de la propuesta gastronómica y una barra frente a la cocina desde la que se puede seguir el movimiento de los fogones.

Un lugar donde las tapas mediterráneas se van de viaje. Junto a las croquetas de jamón ibérico, las bravas o las anchoas con pan con tomate aparecen unas cigalitas “Robuchon” con albahaca y kimchi, un tartar picante de atún Balfegó con arroz crujiente o un carpaccio de gamba azul con lima y pan carasau. Y aún queda sitio para la berenjena con miso, crema de parmesano y trigo sarraceno crujiente o los mejillones bouchot a la brasa. Una barra desde la que comprobar que la tapa mediterránea admite bastantes más acentos de los que parece.

Cócteles

21. Casa Fuster

¿Qué os parecería tomaros un Garden Spritz en un salón modernista donde hace un siglo se reunían algunos de los intelectuales de la ciudad? En el Cafè Vienès de Casa Fuster, tres grandes puertas de cristal separan el movimiento del paseo de Gràcia de un espacio de columnas, arcos y capiteles que todavía conserva el aire de las antiguas tertulias, frecuentadas por figuras como Salvador Espriu.

El Chandon Garden Spritz llega con naranja y romero; para los más clásicos, el Mojito mantiene la fórmula de ron blanco, lima, azúcar, menta y soda. Y si preferís dejar la decisión en manos de la barra, el Frozen By Fuster cambia según el día. Cócteles contemporáneos, pues, en un escenario que conserva buena parte de la Barcelona modernista al otro lado del cristal.

22. Claris Hotel & Spa GL

Al Eixample también se le puede tomar la medida desde las alturas, y hacerlo con una copa en la mano mejora bastante el experimento. La terraza del Claris Hotel & Spa GL se alza sobre los tejados del centro con una coctelería que se mueve entre notas florales, cítricas, amargas y tropicales.

El Fresh Sling, creación del coctelero de la casa, combina vodka Ketel One con St. Germain y el contrapunto amargo del Grand Marnier. Más exótico es el Passion Terraza, con tequila Patrón Silver, Italicus, fruta de la pasión y un toque de limón fresco. Y aquí no beber alcohol tampoco significa conformarse con un refresco: el Claris 0,0 mezcla naranja, piña y frutos del bosque. Tres maneras muy diferentes de brindar con Barcelona extendida unos cuantos pisos más abajo.

Publicidad

23. Gran Hotel Havana

¿Sois de los que son felices con un gin-tonic de acabados perfectos? En la Cúpula 360º del Gran Hotel Havana tienen material para poneros a prueba. Desde la séptima planta y con Barcelona abierta alrededor, este rooftop dedica buena parte de su propuesta a los gin-tonics, con una selección que permite jugar con perfiles y procedencias muy diferentes.

Encontraréis desde Beefeater, Tanqueray o Bombay Sapphire hasta Hendrick’s, Monkey 47, Citadelle o Macaronesian, servidas con tónica Schweppes Premium o Hibiscus. Y para quienes prefieran explorar otros caminos, la barra no se acaba en la ginebra: también ofrece cócteles y una extensa selección de destilados, con whiskies japoneses como Hibiki, rones como Zacapa 23 o diferentes tequilas.

24. ME Barcelona

En la octava planta del ME Barcelona, el brindis ha empezado a prescindir del alcohol sin renunciar a complicar un poco la receta. El Furtivo Rooftop combina skyline y coctelería con una particularidad poco habitual: una línea de mocktails de autor enriquecidos con colágeno, creada en colaboración con SESEN.

El Revitalízame juega la carta más fresca, con lima, menta, colágeno y refresco de pomelo; el Elixir se va hacia el terreno afrutado con naranja, piña, arándanos y lima, rematados con ginger beer. Dos combinaciones que amplían el repertorio del cóctel sin alcohol y le dan un giro funcional. El resto lo ponen las vistas sobre Barcelona.

Publicidad

25. Miiró, Borneta

El Born tiene querencia por el aperitivo, pero en el Volta Restaurant & Bar del Miiro, Borneta se lo toman como un terreno para convertirlo en un juego. La carta parte del imaginario mediterráneo e italiano y le añade ingredientes menos previsibles, desde mantequilla ahumada y anchoa hasta azafrán, salvia o chipotle.

El Negroni Mediterráneo, por ejemplo, incorpora aceite de oliva y tomillo limonero a la ginebra Xoriguer, el bitter y el vermut; mientras que el Briny Martini se atreve con mantequilla ahumada, anchoa, vodka Ketel One, Cocchi Americano e Italicus. Más fresco es el Volta Spritz, de pomelo, bergamota, Savoia Americano y cava, y para quienes buscan humo y picante está la Brisa Ahumada, con tequila Don Julio, pomelo y chipotle. Incluso los mocktails juegan a sorprender: el Inés Perado combina soda casera de pera y verjus con crema de gorgonzola. Una coctelería que invita a salir del Negroni de siempre.

26. NH Collection Barcelona Constanza

En México, la coctelería tiene dos nombres que pesan especialmente: tequila y mezcal. En Jaiba MX del NH Collection Barcelona Constanza, el chef Roberto Ruiz los convierte en una puerta de entrada al México contemporáneo, con una barra que acompaña el viaje por el Pacífico mexicano que propone la cocina.

La Margarita Clásica respeta la fórmula de tequila blanco, triple sec y lima, mientras que la Paloma suma al tequila licor Humo, agave y pomelo para buscar un perfil más ahumado y refrescante. La Morra de Fresa tira hacia la fruta, con fresa, lima y miel de agave. Pero vale la pena ir más allá de los cócteles: Jaiba MX también reivindica el mezcal y sus rituales, historias y maneras de beberlo. Una pequeña lección de cultura mexicana que, por suerte, se estudia con el vaso en la mano.

Publicidad

27. NH Barcelona Stadium

Piscina, terraza y un Mojito cuando empieza a caer el sol. En la parte superior del NH Barcelona Stadium, la coctelería sale al aire libre durante los meses más cálidos, en un espacio panorámico pensado para escapar durante un rato del ritmo de la calle.

Un lugar donde no hace falta estudiarse una lista interminable de ingredientes: la barra apuesta por clásicos que han superado suficientes veranos como para saber que funcionan. Encontraréis el amargor cítrico del Aperol Spritz, una Caipirinha o el siempre refrescante Mojito. Tres apuestas seguras para acompañar las tardes y noches en la terraza, con servicio de coctelería todos los días de 19 a 23 h.

28. Paxton Barcelona

En el Yolo Bar del Paxton Barcelona, el otoño sabe a fruta de la pasión, piña y lima. Son los ingredientes del Paxton Tropic, una de las creaciones de la casa, que suma ron Santa Teresa 1796 para construir un cóctel decididamente tropical.

La barra también juega con otros registros. El Hugo combina St-Germain, cava, soda y frutos rojos, mientras que el Dolce Amaro busca el contraste entre Martini Fiero, bourbon, cebada y lima. Y durante julio y agosto, los spritz tienen plan propio: dos copas acompañadas de aceitunas para compartir. Una propuesta sin demasiadas complicaciones para empezar la noche cuando todavía es de día.

Publicidad

29. Sallés Hotel Pere IV

En el Rooftop Sky Garden del Sallés Hotel Pere IV, la coctelería tira de clásicos que saben especialmente bien al aire libre. El escenario acompaña: una gran terraza abierta sobre Barcelona, de aires rústicos y contemporáneos, para ver cómo la ciudad cambia a medida que avanza la tarde.

En la copa, se puede ir sobre seguro con un Mojito, un Negroni o un Moscow Mule, o buscar sabores más tropicales con la Pasión Colada, de ron, mangaroca y fruta de la pasión, y el Mai Tai, con ron, Cointreau, amaretto, piña y lima. La carta también reserva espacio para los spritz y para versiones sin alcohol como la Virgin Colada o el Virgin Mojito. Ahora solo queda una decisión: ¿cítrico, amargo o tropical?

30. Sofitel Barcelona Skipper

Junto a la Barceloneta, el Mediterráneo también llega a la coctelera. En Tendiez del Sofitel Barcelona Skipper, la propuesta líquida acompaña la cocina del chef David Andrés con una mezcla de clásicos revisados, aromas florales y combinaciones que miran bastante más allá de Barcelona.

El Spritz francés lleva el popular aperitivo hacia notas de saúco, rosa y pomelo, mientras que la Puesta de sol picante busca más carácter con una combinación especiada de inspiración mexicana y oriental. También hay lugar para brindar sin alcohol con Terefereixo, un mocktail de té, mandarina, mango y soda. Tres cócteles con perfiles muy diferentes para elegir según el momento: floral y amargo, picante o directamente tropical y refrescante.

Recomendado
    Últimas noticias
      Publicidad