1. Catalonia Barcelona Plaza


Montjuïc empieza —o termina, según de dónde vengáis— junto a la plaza de España. Es aquí donde el Catalonia Barcelona Plaza esconde Simultáneo, el restaurante del hotel, que juega a ser muchas cosas a la vez: un lugar para desayunar, disfrutar de un almuerzo informal, tomar algo a media tarde y, ocasionalmente, convertirse en escenario de eventos culturales.
Lo mejor es que la cocina no cierra. La carta Non-Stop funciona las 24 horas y permite improvisar un brunch sin tener que esperar a que sea domingo ni llegar antes de una hora determinada. Hay huevos benedictinos con bacon y champiñones, tostada de aguacate con queso de cabra, jengibre y rúcula, y pancakes con crema de pistacho y frambuesas. Un brunch sin rituales ni horarios, justo delante de Montjuïc.


























































