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Pensemos lo que pensemos de La Bola Negra –a algunos, la mayoría, les parece una obra maestra visual y emotivamente apabullante, a otros, un tostón con el que los Javis han descubierto que Federico García Lorca fue homosexual y de izquierdas– no hay duda de que al poeta de Granada el franquismo lo asesinó por, como escribió el hispanista Ian Gibson, "ser el embajador cultural de la República".
Lorca encarnó como nadie el ideal cultural republicano: llevar el arte y la educación al pueblo. Por su carisma, visibilidad internacional y liderazgo en proyectos estatales, Lorca actuaba de facto como el gran representante cultural de la España republicana; y en el minuto uno de la represión, 1937, Franco eso lo tuvo muy en cuenta. Pero más de una década antes del fusilamiento del poeta, Lorca encontró en Cadaqués y en su amistad con Salvador Dalí un refugio creativo.
Las dos visitas de Lorca al Cadaqués de Dalí
Madrid, otoño de 1922. Según cuenta Ian Gibson en el volumen La vida desaforada de Salvador Dalí (Anagrama, 1997) durante sus tres primeros meses en la prestigiosa Residencia de Estudiantes de Madrid, un Dalí de 18 años –con la necesidad de destacar impresa en el ADN– temblaba ante la perspectiva del regreso de Lorca, quien a sus 24 años ya estaba considerado un prometedor dramaturgo, un pianista excelente y un orador carismático. Pese a estos recelos, la pasión que ambos sentían por Rubén Darío y la poesía francesa les hizo trabar amistad.
Cadaqués, abril de 1925. Lorca y Dalí viajaron desde Figueres a Cadaqués en taxi y llegaron al mediodía, justo a tiempo de almorzar en la terraza de la casa de veraneo familiar, sita en la playa de Es Llaner. Todos se sintieron muy a gusto: 25 años después, Anna María Dalí dijo que "a los postres éramos tan amigos como si nos hubiéramos conocido desde siempre". Lorca, por su parte, estaba encantado con Cadaqués: con el paisaje, las procesiones de Semana Santa y la iglesia parroquial, pero también con el color local de personajes como Lídia Noguer, una pescadera desquiciada que también fascinó a Dalí, Josep Pla o Pitxot.
Durante su estancia, Lorca leyó para la familia Dalí y amigos su obra Mariana Pineda, aún sin estrenar. Pasada la Semana Santa, el padre de Dalí, el notario Salvador Dalí Cusí, organizó en Figueres una segunda lectura de Mariana Pineda, un recital de poesía y, todavía mejor, sufragó un baile de sardanas en la Rambla de Figueres en honor al poeta.
¿Tuvieron relaciones sexuales Lorca y Dalí?
¿Hubo una relación sexoafectiva, ergo tomate, entre los dos en esa primera visita? Desde su estancia en Cadaqués, Lorca estaba trabajando en el poema Oda a Salvador Dalí, que se publicó en abril de 1926 en la muy distinguida Revista de Occidente y tuvo un enorme impacto. Según la biografía daliniana de Gibson, en una entrevista con el poeta Alain Bosquet, en mayo de 1926, Dalí declaró que Lorca en esa primera visita le tiró los tejos a lo bestia: el poeta habría tratado en dos ocasiones de sodomizarlo, pero no habría ocurrido nada. Porque él, Dalí, "no era pederasta" y, encima, "le dolía".
Sea como sea, después de ese primer viaje, Cadaqués quedó en el imaginario lorquiano como un lugar mítico con ecos de la serenidad de la cultura clásica.
Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,
Eleva escalinatas y oculta caracolas.
Las flautas de madera pacifican el aire.
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños
Dejó escrito Lorca en Oda a Salvador Dalí, que ha quedado en el canon poético español como uno de los hitos literarios de la Generación del 27 desde el instante de su publicación (y aparte de hacer una apología de la luz y el orden de Cadaqués contra la oscuridad y el caos, es una muy poco velada declaración de amor a Dalí).
En julio de 1927 tuvo lugar la segunda visita de Lorca a Cadaqués. Hacía un año que los dos artistas no se veían, porque Dalí había sido expulsado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. "Podemos imaginar las explosivas energías liberadas por el reencuentro", apunta el hispanista Ian Gibson. La estancia tan solo fueron unos días, pero la relación entre ambos, según los biógrafos, quedó tocada. A finales de julio, Lorca regresó a Granada, y desde Barcelona escribió una emotiva carta al poeta, en la que un párrafo olía a petición de perdón después de un desaire.
"Me he portado como un burro indecente contigo", escribió Lorca a Dalí
"Me he portado como un burro indecente contigo, que eres lo mejor que hay para mí. A medida que pasan los minutos, lo veo claro y tengo verdadero sentimiento. Pero esto solo aumenta mi cariño por ti y mi adhesión por tu pensamiento y calidad humana", escribió Lorca desde el Café de la Rambla de Barcelona, el 31 de julio de 1927. ¿A qué se refería Lorca a "haberse portado como un burro indecente?". El crítico de arte Rafael Santos i Torroella cree que se refería a una segunda y muy reciente tentativa de tener relaciones sexuales con el pintor.
En cualquier caso, opina Gibson, al finalizar la segunda visita de Lorca a Cadaqués, Dalí "estaba ya seriamente preocupado por el rumbo que tomaba la relación con su amigo". Según Gibson, Dalí estaba muy preocupado por afirmar su heterosexualidad en público (no olvidemos que el círculo más influyente de la vanguardia artística española estaba lleno de machotes como Buñuel o Pepín Bello, que rendían culto a una hipervirilidad agresiva y tenían un gran ascendente sobre Dalí).
Dalí estaba muy preocupado por afirmar su heterosexualidad en público
De esta segunda estancia en Cadaqués, Lorca sacó en claro la escenografía de Mariana Pineda, a la que Dalí contribuyó de manera fundamental, y una visión de Cadaqués más erotizante y sensual, menos helénica. "Cadaqués tiene la alegría y la permanencia de belleza neutra del sitio donde ha nacido Venus, pero ya no se recuerda. Va hacia la belleza pura [...] Ahora veo cómo en Cadaqués me sentía los hombros", escribió Lorca en la misma misiva (que, leído entre líneas, suena a desengaño del copón).
Aunque el viaje reportó aplausos y lecturas públicas, la visita de 1927 dejó secuelas. Lorca comprendió que Dalí nunca correspondería a sus sentimientos en el plano físico o de pareja. Dalí empezó a ver la poesía de Lorca como demasiado tradicional y ligada al folclore, presionándolo para adentrarse en la vanguardia más dura. Lorca, por su parte, se vio afectado por las críticas constructivas, pero tajantes, de Dalí sobre los poemas que darían forma al Romancero gitano.
Poco tiempo después del verano de 1927, las cartas entre ambos empezaron a espaciarse y la brecha personal y artística se hizo irreversible.

