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Hoy en día, un cómic que en España venda entre 3000 y 5000 ejemplares se puede considerar un exitazo. Para que nos hagamos una idea: la primera parte de Sangre de barrio (1989, La Cúpula) de Jaime Martín (L'Hospitalet, 1966) vendió... ¡Más de 18.000 ejemplares! Solo en un año y medio. Y significó la consolidación de Martín, hoy uno de los grandes del cómic español, también a nivel internacional –es un autor venerado en Francia– con el galardón del Autor Revelación en el Salón del Cómic de 1990. Hubo dos continuaciones del título, a mediados de los noventa y en el año 2000, serializadas en la revista El Víbora.
35 años después, Norma Editorial reedita las tres partes de Sangre de barrio en una edición integral y de lo más mimada. Tenemos entre manos una novela de aprendizaje ambientada en la Barcelona y l'Hospitalet de los años ochenta, una epopeya quinqui que explica cómo Vicen, un niño de trece años de familia monoparental, se instala a vivir en el barrio de Santa Eulalia y pasa su adolescencia y primera juventud en un mundo urbano y gris, lleno de violencia –dentro y fuera de la escuela–, drogas y paro.
Hoy, la palabra urbano tiene connotaciones de gente vestida de colorines, bailando y perreando. En 1984 era sinónimo de asfalto y rock afilado, atracos a punta de navaja y bares de mala muerte. Sangre de barrio está lleno de extras y es una reedición de lujo. Pero no se ha tocado ni una coma del texto: ha quedado intacto el argot urbano de esos años, y todavía quema en las manos, con representaciones de la mujer y expresiones que hoy el wokismo mal entendido querría rebajar.
Martín, rápido como él solo, me contesta la pregunta antes de que se la haga. "Está el hecho innegable de reencontrarme hoy con una obra que hice hace 40 años. Ya no trabajo de esa manera, ni a la hora de escribir ni de dibujar. Mi narrativa de hoy es diferente. Hay cosas que ahora son durillas de ver, dibujos muy explícitos y ásperos, expresiones de machismo y homofobia. Pero es que en aquella época se hablaba así; los adultos también, y los jóvenes replicaban la forma de comportarse de los adultos. Esto es realismo y forma parte de la historia, y tiene que ser de esta manera porque, si no, no sería, no tendría este punto de credibilidad", argumenta.
"Sangre de barrio está llena de expresiones machistas y homófobas, pero es que en aquella época se hablaba así"
En la reedición, se había planteado cambiar cosas. Pero decidió que no. "O lo haces todo de nuevo, o no haces cambios, porque si no, al final queda una chapuza que no arregla nada", mantiene. Ahora bien, hay aspectos de Sangre de barrio –la frustración juvenil ante un mundo materialista inasequible, el gran tema de fondo– que hoy se mantienen más vivos que nunca, con el espejismo asfixiante de las redes sociales.
"Mi adolescencia acababa de pasar, prácticamente hacía dos días. Me fue muy fácil recuperar ese momento", recuerda. Martín se mantiene en contacto con la juventud: es profesor en la escuela de cómic JOSO, pero no ha tenido la tentación de hacer una continuación ambientada en la era actual. "Tengo una cierta idea de cómo van las cosas, porque trabajo con alumnos de 20 años, pero no puedo entender del todo su ansiedad; sé que para ellos la vida toma una dimensión que no pueden controlar. No estoy metido en su piel, y por lo tanto sería arriesgado escribir algo así".
"No puedo entender del todo la ansiedad de mis alumnos de 20 años, por lo tanto sería arriesgado escribir sobre ello"
Ahora bien, en el cómic, Vicen acaba trabajando de cobrador de deudas e incluso de sicario, algo que conecta mucho con la Barcelona de hoy, donde salimos a ajuste de cuentas a tiros por semana. "Desgraciadamente, sí, y también conecta con esta manía que les ha dado a los jóvenes de llevar cuchillo, navajas, historias de estas. En aquella época, salías de la escuela y siempre te encontrabas a algún quinqui que te sacaba la navaja y te decía: 'Venga, la pasta' ". Niega que el cómic sea autobiográfico: "Hay muchas historias que me contaban los colegas o que yo había visto. Ordené este popurrí y le di forma", aduce.
Si algo hace Martín de manera excelente es mezclar dimensión social y entretenimiento. Y lo vemos en Sangre de barrio, de ritmo adictivo y trepidante, pero también en la tercera parte de su trilogía política y social, Siempre tendremos 20 años (2020, Norma Editorial), continuadora de Las guerras silenciosas (2013, la peripecia de su padre en la guerra de Sidi Ifni) y Jamás tendré 20 años (2016, saga familiar centrada en la abuela republicana de Martín), todos en Norma. "Estos sí que son la historia de lo que nos pasó, transcrita como he podido, con gente con cara y nombre reales. Y si hubiera escrito algo que no se corresponde con la realidad, me vendría un amigo o un familiar diciéndome: '¿Qué has hecho aquí, con mi nombre y mi madre?'".
"Antes, los niños a menudo se morían porque iban a jugar a sitios donde los padres de hoy se llevarían las manos a la cabeza"
Otro valor no caducado de Sangre de barrio es que es uno de los escasos cómics que explican, de manera realista, cómo era la vida urbana más dura en la Barcelona de los años ochenta (otras obras como Makoki o Makinavaja eran sátiras de la realidad, y La noche de siempre de Montesol y de España, glosaba la nocturnidad pija de los bares de diseño, heredera de la Gauche Divine).
Martín, gran recuperador de la memoria histórica de Barcelona en cómic, está trabajando en una novela gráfica que "reconstruirá el barrio de Santa Eulàlia, en L'Hospitalet, durante los años 50, cuando mis padres eran niños de 9 años. Explicaré cómo era la vida de los niños en aquella época, cómo veían a los adultos que acababan de sufrir la guerra, con los problemas típicos de alcoholismo, de violencia y de relaciones con la autoridad", avanza.
El padre de Martín vivió en una barraca de los 9 a los 12 años, y esta obra "tendrá puntos de contacto con Sangre de barrio en el sentido de que no será el clásico cómic con un planteamiento lineal, sino más bien un mural que explicará cómo era la vida en un barrio pobre, diez años después de la Guerra Civil, donde la guerra continuaba en cierta manera, porque el franquismo no paraba de buscar gente para encarcelarla y ejecutarla".
"Diez años después, en Barcelona continuaba la Guerra Civil, porque el franquismo todavía mataba y encarcelaba"
Martín, dibujante realista, casi documental, cuenta con la ayuda del Archivo Histórico de l'Hospitalet para este cómic. Ojo, que no perderá la dimensión de entretenimiento truculento y cargado de sentido del humor, marca de la casa: "Es que pasaban cosas muy bestias. Mi padre me contaba que en la Gran Vía dirección a El Prat, un niño se mete en un campo de cultivo y coge un melón. Y sale el típico guarda que iba con una escopeta de perdigones de sal y le levanta la piel a tiras de un tiro. Entonces, a menudo se morían niños. ¡Porque jugaban en lugares donde hoy las familias se llevarían las manos a la cabeza!".
Cabe decir que Martín también tiene la dimensión de creador de historia fantástica rural: leed Un oscuro manto (Norma, 2022), ambientado en el Pirineo catalán y protagonizado por una trementinaire, mujeres curanderas que vendían medicinas caseras por las montañas. Se publicó un poco antes de que el horror folk fuera una moda en el cine de terror actual. "Siempre he sido un amante del terror, pero había desconectado un poco porque no encontraba filmes que me gustasen. Pero este cómic mezcla el tema étnico y folclórico con temáticas sociales y políticas".
Por cierto, si le pedís que os firme un cómic, en medio minuto os dedicará un dibujo parecido a este. ¿Siempre firma así? "Hombre, ¡si eres autor de cómic y no firmas con un dibujo, el lector se te cabreará!".

