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¿Y si los castellers vinieran de África? El artista Miquel García explora la posibilidad en una exposición en la Fundació Arranz-Bravo

'Alçar a pols' plantea la hipótesis de que las torres humanas catalanas y del país valenciano tengan su origen en la población esclava durante la Corona de Aragón

Rita Roig
Escrito por
Rita Roig
Editora Cultura i Notícies
Alçar a pols
Fundació Arranz-Bravo | Alçar a pols
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“Lo que me propongo es indagar en un posible, en una hipótesis”. Así resume Miquel García el trabajo que hay detrás de su exposición en la Fundació Arranz-Bravo. Bajo el título Alçar la pols, el artista plantea la posibilidad de que los castells catalanes y la muixeranga valenciana tengan su origen en la población esclava que llegó de África hacia la antigua Corona de Aragón contra su voluntad. 

Alçar a pols
Fundació Arranz-BravoAlçar la pols

El pasado esclavista de los Países Catalanes está presente en algunas tradiciones que repetimos año tras año. Pensaremos fácilmente en el blackface de la cabalgata de Reyes, por ejemplo. Pero la acción de pintarse la cara de negro también va vinculada a procesiones y cortejos festivos, y en actividades muixerangueras como las de los Negrets d’Alcúdia, que hacen bailes y torres humanas en este municipio valenciano. Es partiendo de estas manifestaciones que el muixeranguer Pau Pertegaz se hizo una pregunta: si sabemos que los pueblos de la costa atlántica africana también hacen torres humanas, ¿qué nos impide pensar que fueron los esclavos negros llegados a Valencia quienes las introdujeron en nuestro territorio?  

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El artista Miquel Garcia recoge esta pregunta y la transforma en una exposición donde confrontamos las representaciones de la negritud en nuestra casa. Desde un cómic de Massagran situado en África donde vemos un castell hecho por negros y blancos, a representaciones de los esclavos en la pintura española, pasando por una serie de carteles que convierten el humor negro en “humor blanco”, la muestra nos confronta con cómo hemos ignorado nuestro pasado esclavista y nos invita a abrir los ojos a las aportaciones culturales que la población africana hizo a la Corona de Aragón. 

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Si bien la hipótesis más extendida sobre el origen de las torres humanas catalanas y valencianas tiene que ver con la presencia morisca en el País Valenciano hasta el siglo diecisiete (que nos habría puesto en contacto con acróbatas provenientes del Magreb), los trabajos de Pau Pertegaz plantean una segunda vía de origen igual de válida. Sobre todo si tenemos en cuenta que los moriscos, durante la edad moderna, sufrieron una represión religiosa que les impedía vivir abiertamente sus tradiciones culturales. 

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Miquel Garcia sigue el hilo de la sospecha de una cuna alternativa de la tradición castellera y muixeranguera, y llega a las danzas llamadas Atilogwu, de la comunidad nigeriana Igbo. Las formas de estos bailes tradicionales africanos se parecen tanto a algunas figuras muixerangueras que es imposible no pensar en algún intercambio cultural, probablemente a raíz del tráfico de esclavos que durante el siglo XV tuvo como punto caliente el puerto de Valencia. Por eso, el núcleo de la exposición es un vídeo que el artista elaboró junto con la Jove Muixeranga de València, donde la creación de nuevas figuras humanas quiere incorporar los relatos históricos que hemos ignorado y también las experiencias de migrantes contemporáneos. Así, la expresión “alçar la pols”, que en argot muixeranguer significa elevar a las personas de pisos inferiores hacia arriba, en la muestra adopta otro significado, el de sacar a la superficie el eco de la esclavitud. 

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 A diferencia de los moriscos, los esclavos negros formaban parte de celebraciones religiosas como el Corpus Christi, y quedaban incluidos dentro del orden simbólico cristiano. Ahora bien, no participaban de cualquier manera: aunque se calcula que a inicios del siglo XV los esclavos negros provenientes de África representaban el 40% de la población esclava de la ciudad de Valencia, estos solo aparecen en cortejos festivos, procesiones o entremeses en situaciones de carácter burlesco donde la danza, el ritmo y las proezas físicas como las torres humanas eran elementos centrales. Miquel Garcia nos brinda pruebas físicas de ello gracias a imágenes y textos que sacan a la luz las raíces negras de nuestras tradiciones.

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La exposición, que se podrá visitar hasta el 15 de noviembre, se complementa con pinturas del propio Arranz-Bravo, situadas cara a cara con fotografías y dibujos de torres humanas en un diálogo entre colores, movimientos y verticalidades. Así, Miquel Garcia nos recuerda que nada nace en el vacío y que el mundo es como es porque nos hemos dejado salpicar por una infinidad de personas y culturas. Incluso por aquellas que consideramos “otras”.

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