Os proponemos escapadas activas en cinco Espacios Naturales de Cataluña

Desde pedalear junto al Ebre a caminar entre bosques de alta montaña, junto al mar o contemplar aves cerca de un pantano: os proponemos cinco planes para disfrutar de la naturaleza catalana y, sobre todo, hacerlo de la mejor manera posible
Parc Natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter
Foto: Àlex Molera | Parc Natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter
Time Out en colaboración con Generalitat de Catalunya
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En Cataluña no nos faltan excusas para calzarnos las botas, subir a la bicicleta o coger los prismáticos y escaparnos a la naturaleza. Tenemos 184 espacios naturales protegidos, que ocupan aproximadamente un 30% del territorio, y forman un mosaico de paisajes tan variado que permite pasar de los acantilados de la Costa Brava a los bosques del Prepirineo, de los humedales a los macizos mediterráneos o a las orillas del Ebro sin salir del país. Y lo mejor es que la mayoría de estos espacios disponen de itinerarios, equipamientos y propuestas pensados precisamente para que podamos descubrirlos.

Ahora bien, una buena escapada empieza un poco antes de llegar. Consultar la información actualizada del espacio, comprobar si hay restricciones o accesos regulados, pasar por los puntos de información, escoger itinerarios oficiales y saber qué actividades están permitidas nos puede ahorrar sorpresas y, sobre todo, nos ayuda a descubrir mucho mejor el lugar que visitamos. Porque un Parque Natural no es solo ese paisaje espectacular que queremos fotografiar: es también fauna, flora, cultivos, rebaños y personas que viven y trabajan allí.

Esto es especialmente importante en espacios frágiles o muy frecuentados. Una zona puede estar temporalmente restringida porque anidan una especie protegida; en determinados ríos, pozas, lagos o embalses el baño puede estar regulado o prohibido; y salir de un sendero aparentemente solo unos metros puede significar entrar en una zona sensible. Informarnos de ello forma parte del plan. De hecho, la web Espais Naturals permite consultar los diferentes espacios protegidos de Cataluña, los itinerarios que ofrecen y los avisos que conviene tener presentes antes de salir de casa.

La filosofía es muy sencilla: cuanto mejor conocemos el espacio, mejor lo disfrutamos y protegemos. Y, al mismo tiempo, más fácil es que nuestra visita no deje otra huella que un buen recuerdo. Con esta idea, hemos preparado cinco escapadas muy diferentes entre sí para descubrir cinco rincones extraordinarios de Cataluña. Bici, senderismo, observación de aves, mar y alta montaña: elegid la vuestra. ¡Y añadimos un consejo final, apto para todo tipo de rutas!

1. Pedalear entre el Ebro y los humedales del Espacio de Interés Natural de Sebes y Meandre de Flix

Hay paisajes que invitan a descubrirlos sobre dos ruedas y otros que hay que recorrer a pie y con calma. El Espacio de Interés Natural de Sebes y Meandre de Flix, en la Ribera d'Ebre, tiene un poco de ambas cosas: el río marca el ritmo y nos acompaña mientras avanzamos por uno de los espacios fluviales más singulares del país.

La propuesta de itinerario empieza en Riba-roja d’Ebre y avanza en dirección a Flix, siguiendo el curso del Ebro por caminos tranquilos. La bicicleta es una manera especialmente atractiva de recorrer este territorio, aunque también hay itinerarios para descubrirlo a pie. Durante buena parte del trayecto, el río aparece y desaparece a nuestro lado mientras pedaleamos por un paisaje modelado por el agua y por la actividad humana.

Y aquí vale la pena levantar el pie del pedal. Sebes es una zona húmeda de gran valor ecológico, así que una parte de la experiencia consiste precisamente en observar sin interferir. Circular por los caminos habilitados, no entrar en fincas privadas y respetar tanto la fauna como los campos y el trabajo de los agricultores nos permite compartir un territorio que no es solo un escenario para nuestra ruta.

Durante el trayecto también nos cruzaremos probablemente con senderistas y otros ciclistas, una buena excusa para recordar una de esas normas que no necesitan muchos carteles: compartir el camino con calma siempre hace la ruta más agradable. Y si todavía nos quedan ganas de explorar cuando lleguemos a Flix, podemos añadir una dosis de patrimonio y memoria histórica acercándonos al refugio de los pontoneros, relacionado con el papel que tuvo la zona durante la Guerra Civil.

Es, en definitiva, una escapada para descubrir toda la riqueza que aporta el Ebro en este territorio.

2. Adentrarnos en los bosques del Parque Natural de Els Ports

Cambiamos completamente de paisaje. En el Parque Natural de Els Ports, los caminos se adentran entre bosques, barrancos y relieves abruptos que convierten este macizo en un paraíso para los amantes del senderismo. Hay muchas opciones para descubrirlo, pero nosotros nos fijamos en el itinerario del Pla d’Avària, en la zona del Mascar y a los pies del Caro.

Antes de empezar a caminar, tiene especial sentido pasar por alguno de los centros de visitantes o puntos de información del Parque Natural. Nos pueden ayudar a escoger recorrido, saber en qué estado se encuentran los caminos y conocer cualquier aviso que afecte a la zona. Y si llegamos en coche, hay que aparcarlo en los espacios habilitados, sobre todo en jornadas de mucha afluencia.

Una vez en marcha, el paisaje hace el resto. Caminamos entre bosques de pino albar y pino negro por antiguos caminos vinculados a la explotación forestal de la zona y llegamos a rincones como la fuente dels Bassiets, que nos habla de la importancia del agua en un macizo de estas características. Más adelante aparece un pequeño refugio de pastor escondido entre los árboles, testimonio de otra manera de habitar y aprovechar la montaña.

En un terreno tan accidentado, seguir los senderos señalizados es tanto una cuestión de conservación como de sentido práctico: salirnos de ellos puede hacer que nos desorientemos fácilmente. También conviene recordar que en el Parque Natural conviven naturaleza, fincas, campos y actividades tradicionales, y que respetarlos forma parte de la excursión.

El tramo final nos lleva hasta el barranco del Regatxol, un curso de aguas temporales en una de las zonas altas del macizo, donde el paisaje se vuelve más escarpado. Y hay pocas maneras mejores de acabar una caminata que encontrar un buen sitio para recuperar fuerzas con la fiambrera. Eso sí: cuando nos marchamos, con nosotros vuelve exactamente todo lo que hemos traído. El recuerdo nos lo llevamos; el resto y los residuos, también.

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3. Coger los prismáticos en el Parc del Foix

No todas las aventuras en la naturaleza exigen acumular kilómetros o desnivel. A veces, el mejor plan consiste justamente en lo contrario: detenernos, guardar silencio y mirar. El Parc del Foix, en el Penedès, es perfecto para hacerlo.

El pantano es uno de los grandes protagonistas de este espacio y crea un paisaje donde conviven diferentes ambientes ecológicos. Podemos empezar la visita en la oficina del Parc del Foix, junto al castillo de Castellet, un buen punto para informarnos de las posibilidades que ofrece el espacio antes de decidir hacia dónde vamos. Nuestra propuesta tiene un objetivo concreto: llegar al observatorio de aves de Cal Bladet.

Y aquí cambia el ritmo. Los observatorios están diseñados para que podamos ver a los animales sin interferir en su actividad. El de Cal Bladet es de uso público y dispone de dos niveles, con cristales espía en el inferior. Con unos prismáticos, un poco de paciencia y moviéndonos con calma podemos observar las numerosas especies de aves que viven en el Parque o hacen parada en él. El silencio, en este caso, no es solo una buena práctica: es lo que nos permite disfrutar mejor del espectáculo.

Lo mismo ocurre con las regulaciones del agua. En esta zona no está permitido bañarse ni pescar, una medida que contribuye a evitar alteraciones en un ecosistema especialmente sensible. Para hacer una pausa, en cambio, tenemos una alternativa mucho mejor: el área de recreo de Castellet, preparada para sentarse, hacer un pícnic y cargar pilas.

Desde aquí podemos continuar por alguno de los itinerarios señalizados del Parque, siempre teniendo presente que este paisaje natural convive también con actividades agrícolas y ganaderas. Es una escapada sin grandes prisas: observar, escuchar y descubrir que, cuando bajamos un poco el volumen, la naturaleza suele tener muchas más cosas que explicarnos.

4. De la playa al camino de ronda en el Parque Natural de El Montgrí, Les Illes Medes y El Baix Ter

¿Mar o montaña? Aquí no hay que elegir. El Parque Natural de El Montgrí, Les Illes Medes y el Baix Ter concentra en un mismo espacio acantilados, calas, fondos marinos, montaña mediterránea y paisajes litorales. Y tenemos una ruta que permite probar unos cuantos en una sola escapada.

Empezamos en cala Montgó, donde, cuando las condiciones lo permiten, podemos aprovechar para darnos un baño antes de abrocharnos bien los zapatos. Desde aquí sale una ruta circular que sigue parte del Camí de Ronda de L'Escala y nos lleva en dirección a la punta de Montgó y la cala de l’Illa Mateua, una pequeña cala rocosa marcada por el islote que emerge a poca distancia de la costa.

A partir de este punto empieza la subida. Seguimos el sendero señalizado y ganamos altura hasta los acantilados del Salpaig, desde donde el Mediterráneo se nos abre por delante. Por el camino también aparecen dos antiguos búnkeres integrados en el paisaje, una de esas sorpresas que convierten una ruta natural en un descubrimiento también histórico.

El itinerario oficial de cala Montgó al Salpaig es circular, tiene 3,6 kilómetros y se completa aproximadamente en una hora y cuarto, por lo que es una opción asequible para descubrir este sector del Parque Natural. Pero el hecho de que sea corta no significa que no debamos prepararla: en un paisaje de acantilados hay que consultar la meteorología, llevar agua y seguir los caminos indicados.

Y aquí hay otro detalle importante. Las dunas y otras zonas acotadas pueden parecernos solo un trozo de terreno separado por una cuerda, pero a menudo protegen vegetación delicada o espacios de nidificación. Por eso no se debe entrar en ellas y, si hacemos la ruta con perro, debemos llevarlo atado y evitar que acceda a estas zonas. El Parque Natural también publica avisos y posibles restricciones temporales, así que consultarlos antes de salir es una manera muy fácil de evitar llegar a una cala o un tramo que en ese momento necesite una protección especial.

La recompensa es una ruta que condensa muy bien la esencia de este rincón del Empordà: agua transparente abajo, pinos y roca arriba y el azul del Mediterráneo casi siempre a la vista.

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5. Seguir las huellas del piquituerto en el Parque Natural de El Cadí-Moixeró

Y acabamos bien arriba. El Parque Natural de El Cadí-Moixeró es uno de los grandes paisajes de montaña de Cataluña, pero no todas las rutas que podemos hacer en él exigen una jornada maratoniana. La ruta del piquituerto, en la zona del Coll de Pal, es una excursión circular fácil de 2,4 kilómetros, unos 175 metros de desnivel y aproximadamente una hora de duración.

El nombre ya nos da una pista de lo que venimos a buscar. El piquituerto es un ave especialmente adaptada a los bosques de coníferas: su característico pico cruzado le permite abrir las piñas para extraer los piñones. Y aquí, rodeados de bosques de pino negro, nos encontramos en uno de sus hábitats.

La ruta empieza en el aparcamiento habilitado en la carretera que sube hacia el Coll de Pal y avanza primero por pista forestal. Si afinamos el oído, tal vez oigamos su canto entre las ramas; y, si tenemos suerte, también lo veremos. No es el único habitante de estos bosques, por supuesto: nos encontramos en un entorno de alta montaña con una fauna muy rica, y precisamente por eso conviene mantenernos en los caminos y, si vamos con perro, llevarlo atado para no molestar ni a los animales salvajes ni al ganado.

Uno de los grandes premios llega al mirador de Els Orris. Desde este punto tenemos una panorámica magnífica del macizo de La Tosa, el Moixeró, el extremo oriental de la sierra del Cadí, el Pedraforca y la sierra de Ensija. El mirador dispone, además, de una pasarela adaptada de 100 metros para personas con movilidad reducida.

Después podemos buscar un buen sitio para hacer una pausa y sacar la fiambrera antes de emprender el regreso entre prados y bosques. Y si la presencia del agua nos hace pensar en refrescarnos, hay que tener presente que no hay zonas habilitadas para el baño dentro del Parque Natural, tal como se indica en la guía de la ruta.

Es un final perfecto para estas cinco escapadas: caminar sin prisas, mirar el paisaje y descubrir que seguir un itinerario oficial no limita la aventura. Al contrario, muchas veces es precisamente lo que nos lleva a los rincones que más vale la pena conocer.

6. Un último consejo: antes de salir...

¿Botas preparadas? ¿Bicicleta a punto? ¿Prismáticos en la mochila? Todavía falta una cosa. La visita empieza antes de salir de casa. Consultad siempre la información actualizada del espacio natural que queráis visitar: los itinerarios recomendados, el estado de los accesos, si hay que reservar aparcamiento o entrada, las actividades que están permitidas y cualquier restricción temporal.

No todos los espacios tienen las mismas normas porque tampoco tienen las mismas necesidades. Lo que es posible en una cala puede no serlo en un lago; un sendero abierto buena parte del año puede requerir una restricción temporal durante la nidificación; y un espacio aparentemente salvaje puede formar parte de una finca privada o de una zona de pasto. Seguir las indicaciones, recoger los residuos, respetar la fauna, la flora, los cultivos y los rebaños y utilizar los caminos y equipamientos habilitados no nos hace disfrutar menos de la naturaleza: nos permite disfrutarla mejor.

Al fin y al cabo, este es el mejor trato que podemos hacer con todos estos paisajes: que nos dejen huella a nosotros, sin que nosotros les dejemos ninguna.

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