Sarrià: ruta KM 0 por cinco lugares donde recuperar la esencia del antiguo pueblo

Nos subimos a la Yamaha XMAX 300 para descubrir sobre dos ruedas rincones emblemáticos y sorprendentes que conservan la esencia de esta villa que ¡es mucho más que un barrio!
Yamaha / Sarrià
Foto: Jordi Oliver | Mercat de Sarrià
Time Out en colaboración con Yamaha
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En Sarrià, el KM 0 no se marca en el mapa, se marca en el corazón de quien todavía siente el latido del pueblo bajo el casco. Esta zona fue, durante siglos, una de las más ricas y fértiles del llano de Barcelona gracias a sus aguas, una riqueza que influyó notablemente en su futuro. Su casco antiguo, que parece detenido en el tiempo, se consolidó alrededor de la iglesia de Sant Vicenç en el siglo X. Fue un pueblo independiente y orgulloso hasta el último momento; de hecho, fue el último municipio en anexionarse a Barcelona, en el año 1921, y no precisamente de buen grado. Todavía hoy, si preguntas a un vecino de dónde es, te dirá “soy de Sarrià”, como si Barcelona fuera otra realidad que empieza más abajo de la Diagonal.

Todo el barrio conserva esa aura de pueblo independiente que fue en el pasado, pero con una energía muy cosmopolita. Y, entre sus calles, se esconden lugares que son el ejemplo perfecto de la esencia sarrianense. Nos subimos a la Yamaha XMAX 300, un scooter deportivo ideal para recorrer la ciudad y detenerse aquí y allá, ¡y os los descubrimos!

1. Un lugar donde desayunar: Bar Cafè Dole

Nada mejor para empezar una ruta que hacerlo cogiendo fuerzas con un buen desayuno. Y, en Sarrià, los mejores desayunos se saborean en el Dole. Abierto en 1974 en una esquina de la calle Manuel de Falla, es uno de esos bares de toda la vida que cada vez echamos más de menos y que se ha convertido en toda una institución en Sarrià. Abren solo por la mañana (eso sí, ¡bien temprano!) y los mediodías de entre semana, y todo lo hacen de forma artesanal, desde los cruasanes y los pasteles al amplio repertorio de tortillas que proponen, como la Popeye, con jamón serrano, queso emmental y, cómo no, espinacas. Hay que probar sus espectaculares bocadillos, tanto los fríos como los calientes, empezando por el de butifarra con queso y el mítico de bacón con queso. Y todo acompañado de un dole-dole bien caliente, que es como le llaman a su delicioso café con leche con doble de todo y con mucha crema.

Y no hay que sufrir a la hora de aparcar la Yamaha XMAX 300, porque justo enfrente hay un montón de plazas de estacionamiento públicas bien señalizadas. Además, el diseño dinámico y futurista de su carrocería, aparte de darle un aspecto radicalmente moderno y distintivo, la hace muy compacta y fácil de encajar en la plaza.

2. Un punto de encuentro: Casa Orlandai

Nos subimos de nuevo a nuestra Yamaha XMAX 300, que cuenta con un nuevo asiento que mejora la comodidad durante las continuas paradas y arranques, y seguimos con la ruta, que nos llevará de subida y en un momento hasta la Casa Orlandai. Es el corazón latente del Sarrià más asociativo y cultural. Un magnífico edificio modernista, con vidrieras espectaculares, que primero fue una escuela (la mítica Talitha) y ahora es un centro cívico gestionado por los propios vecinos. La cafetería, con mesitas en el patio con jardín interior, es un lugar ideal para hacer una pausa y observar el mosaico de gente del barrio. Se programan exposiciones, talleres, ciclos de poesía, cafés literarios, cuentacuentos para público familiar y un montón de actividades. Y este abril, además, han celebrado sus 19 años de existencia.

Además, muy cerca se encuentra el Espai Gardenyes, otro espacio comunitario impulsado por el vecindario desde la Casa Orlandai, con huertos urbanos en pleno centro de Sarrià y donde se realizan talleres y actividades que hacen el barrio más verde, más vivo y más conectado.

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3. Un rincón escondido: la plaza de Sant Gaietà

Popularmente llamada “el rinconcito de Sarrià”, esta minúscula placita, llena de flores y macetas que cuidan los vecinos, está considerada una de las plazas más bonicas de Barcelona y también una de las más románticas. Aquí, el ruido de la ciudad no llega y, de hecho, la sensación al entrar es la de estar en un rincón escondido de un pequeño pueblo mediterráneo.

Encontrarla no siempre resulta fácil. Para llegar sobre ruedas en la Yamaha XMAX 300, hay que acceder por la calle Major de Sarrià, girar por la calle del Pare Miquel de Sarrià y poner los intermitentes para aparcar cerca del Mercat de Sarrià. Cabe decir que el nuevo diseño de los intermitentes delanteros LED es elevado y no solo confiere un aspecto magnífico, sino que propicia que el resto de usuarios de calles y carreteras los vean claramente.

Hacemos a pie el resto del trayecto, que pasa por un callejón en forma de callejón sin salida al final del cual se encuentra esta preciosa placita, rodeada de un conjunto de edificios de arquitectura popular que ha sido declarado bien con elementos de interés. Y vale la pena quedarse un ratito, aprovechando el silencio y la tranquilidad del lugar.

4. Una cocina para saborear: Vivanda y Va de cuina

Hay que aprovechar para acercarse a Major de Sarrià, donde el cocinero Jordi Vilà ha transformado un pequeño restaurante con una larga historia en un referente de la cocina catalana de mercado: el Vivanda. Un lugar ideal donde saciar el apetito compartiendo buenas tapas y platillos con propuestas tradicionales, marineras, de la tierra, arroces... y que, además, se pueden saborear en un precioso jardín interior que es todo un refugio.

In la misma calle, un poco más abajo, el chef ha abierto también Va de cuina, una tienda de comida para llevar donde se encuentran algunos de los platos más clásicos del restaurante, como los famosos canelones, así como conservas y fermentaciones elaboradas en su cocina y muchas otras sorpresas gastronómicas que harán las delicias de los amantes de la buena cocina. Y con una Yamaha XMAX 300 no hay que sufrir por las compras, porque los paquetes se pueden guardar en el amplio compartimento de carga situado bajo el asiento, donde caben dos cascos integrales.

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5. Un calle poética: Major de Sarrià

Los postres los dejamos para más tarde, porque queremos probar otro clásico del barrio: las denominadas “petxines de Sarrià” de la emblemática pastelería Foix de Sarrià, que tienen la forma del escudo de la villa y que hacen que todo el mundo se chupe los dedos. Y, aunque se encuentra en la misma calle Major de Sarrià, que fue la calle mayor de la antigua villa, como es muy larga, cogemos la XMAX 300 para acercarnos, aprovechando que tiene aparcamiento en la puerta, y explorar así también el otro lado de esta vía tan poética. Y es que la calle Major de Sarrià ha sido el hogar de poetas como la pareja formada por Clementina Arderiu y Carles Riba, que vivió en un chalé ubicado en el número 163 desde el año 1930 hasta el final de la Guerra Civil.

Aunque, sin duda, el poeta más conocido y recordado tanto en la calle como en el barrio es J.V. Foix, que nació en el mismo edificio donde su padre fundó la pastelería en el año 1886, un establecimiento que él mismo regentó entre 1936 y 1968. Hoy en día, todavía con su familia al frente, permanecen arraigados sus versos: “M’exalta el nou, m’enamora el vell” ("Me exalta lo nuevo, me enamora lo viejo"). Todo un resumen de nuestra ruta con la Yamaha XMAX 300 por la antigua villa de Sarrià.

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