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Reseña
Alt Heidelberg no es exactamente un restaurante alemán, sino el glorioso pastiche resultante de cruzar un bar histórico de Barcelona con el producto y la estética germánicos. Es decir, un precursor de los catalanísimos frankfurts que abrieron por aquí a principios de los setenta. Fundado en 1934 por Joan Font y Joan Figueres, ha sobrevivido a la Guerra Civil, la posguerra, unas cuantas crisis y, sobre todo, a los fondos de inversión. Sigue clavado en la Ronda Universitat, refugio de estudiantes y clase media, con precios casi de principios de los 2000. Algo que hoy ya parece ciencia ficción.
En una zona agujereada por el turismo como un gruyer, Alt Heidelberg es un ancla urbana sólida y cargada de memoria sentimental. Siempre me he preguntado si el nombre alude a una región montañosa o, más bien, a un Heidelberg alternativo: aquel donde, en una carta kilométrica, conviven los pimientos de Padrón, los mejillones de roca y el pijama con la kartoffelsalat, el gulasch y el schnitzel. Bocadillo barroco, plato combinado o gulasch... ¡Aquí tienen de todo!
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