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Fonda Balmes se está consolidando como un referente de la cocina catalana clásica, con Josep Maria Masó a los fogones y Alfred Romagosa al frente de la sala. La suya es una cocina de memoria y recetario doméstico, basada en el producto de proximidad del campo, el mar y la huerta, y en una manera de hacer muy precisa. Uno de sus grandes signos de identidad es el carro de sala, heredado del mítico Drolma, donde trabajó Romagosa. Lo acercan a la mesa para terminar los platos en directo delante del cliente.
En la carta encontraréis platos como el bacalao esqueixat, los fideos a la cazuela con gamba roja o un mar y montaña de calamar relleno con butifarra del Perol. También cuentan con una carta de coctelería con presencia de ratafía, cava y vermut.
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