"Si no hay 14 voluntarios, la obra no se puede hacer". Así de contundente se alza la directora, Andrea Jiménez, con una propuesta interactiva que rompe los códigos tradicionales de la tragedia griega. En este montaje, la función del coro —que en la antigüedad recreaba la voz y la moral de los ancianos de Tebas— recae directamente sobre nosotros, el público. Es una ruptura absoluta de la cuarta pared que busca reflejar la fragilidad de la polis y del propio hecho teatral, todo ello reivindicando la inteligencia colectiva como una herramienta imprescindible para la vida en comunidad.
Pero, ¿de qué habla exactamente este Contra Antígona? La obra da un salto temporal para conectar el mito de Sófocles con los conflictos más punzantes de nuestro presente. El origen de la tragedia clásica lo conocemos de sobra: Antígona desafía el poder real para enterrar a su hermano y todo termina en muerte porque el diálogo es imposible. Sin embargo, esta revisión —firmada por la propia directora con la colaboración de la dramaturga Victoria Szpunberg— no llega para castigar a la heroína, sino para utilizar el ágora e imaginar un final diferente. La pieza nace de la necesidad urgente de encontrar espacios de conversación en un mundo de trincheras, polarización y gurús con respuestas demasiado fáciles, transformando el teatro en un espacio para pensarnos como un todo y buscar consensos.
Para defender esta estimulante revisión sobre el escenario, el montaje cuenta con un reparto que sostiene el peso de la función, formado por Jan D. Casablancas, Clara de Ramon, Arantza López Medina, Bruna Luz / Nora Pàmies Ricart, Mònica Molins, Olga Onrubia, Xavi Sáez, Marc Soler y Júlia Truyol. Sin duda, una apuesta valiente y coral que tiene un peso añadido: es el último gran montaje de la temporada 25-26 en la Sala Fabià Puigserver de Montjuïc, y se podrá ver del 21 de mayo al 21 de junio. ¿Os animáis a subir al ágora?




