¿Qué pasa cuando todo lo que se piensa y se siente se pone encima de la mesa? La escritora británica Ella Hickson escribió L’autora (2018) con esta intención: sin pelos en la lengua. Tal como ella misma explica, la obra es un impulso instintivo que siguió hasta el final, sin imponerse ninguna censura y sin pensar en nada más que en lo que le salía de dentro. El resultado es una metapieza teatral en la que una guionista joven lucha ferozmente contra el comercialismo y la estructura patriarcal, a favor de una praxis creativa libre.
Anna Serrano Gatell la transporta al catalán y al escenario del Lliure de Gràcia del 7 de mayo al 7 de junio con una puesta en escena precisa, donde cada elemento tiene sentido y comparte el mismo peso que el resto: un actor no es más ni menos que una luz. La escenógrafa Judit Colomer articula este espacio con una coherencia que sostiene el conjunto sin estridencias.
Nausicaa Bonnín encabeza el reparto, acompañada de Javier Beltrán, Ravina Raventós y David Selvas, dando cuerpo a una pieza que no busca la comodidad del espectador. No es casual que, tras su estreno en Londres, generara incomodidad y controversia: la propia Hickson señaló que escribir con total libertad y provocar rechazo quizá evidencia hasta qué punto las mujeres raramente se expresan de una manera tan directa y sin filtros.
La propuesta se construye a partir de capítulos y lenguajes diversos que obligan a un cambio constante de registro; tal como explica Serrano, cada nueva escena implicaba un "cambio de chip mental muy fuerte cada vez que la arrancábamos". Lejos de una narrativa lineal, la obra avanza por impulsos y resonancias que atraviesan la escena y el pensamiento y se mantienen latentes a lo largo de toda la función. El vestuario de Berta Vallvé, la caracterización de Paula Barjau, la iluminación de Marc Salicrú, la música de Alejandro Da Rocha, el espacio sonoro de Carles Bernal y el movimiento de Natalia Fernandes contribuyen a esta construcción en tensión constante.
Es, en definitiva, uno de los textos más rompedores de la dramaturga: una pieza que incomoda, cuestiona y obliga a repensar quién tiene el derecho de contar las historias y desde qué lugar se hace. Aquí podéis comprar las entradas.


