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Nuevo rumbo para las naves escénicas de Matadero

Escrito por
Álvaro Vicente
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La nueva etapa de las tres naves dedicadas a las artes escénicas en el Centro de Creación Contemporánea Matadero Madrid ha empezado con tintes esperpénticos. Aquellos que temen –con razón- que el teatro más convencional desaparezca de su programación a partir de ahora, junto con la prensa de fango y carroña, más preocupada por buscar el desgaste político del gobierno municipal que por informar de lo que sucede sin sectarismos, están desarrollando una curiosa performance que haría las delicias de Valle-Inclán.

Nadie es inocente, porque el nuevo equipo de gestión y dirección artística de las Naves, con Mateo Feijóo al frente, pese a declarar su intención dialogante, abierta y conciliadora, perdió un poco el control de la presentación del pasado 7 de marzo. Si era una rueda de prensa, mal porque tras apenas 3 preguntas se intentó dar por concluido el acto. Ahí, punto positivo para Feijóo que se negó a terminar y dijo alto y claro: que pregunten lo que quieran todos los que quieran. Y punto negativo para la responsable del Área de Cultura del Ayuntamiento, Celia Mayer, que respondió con evasivas a cuestiones importantes.

Si era un debate sobre teatro sí o teatro no en Matadero, mal porque no se anunció como tal ni estaban allí representados todos los sectores escénicos. Ahí, punto negativo para Feijóo por la actitud chulesca y desafiante que desplegó ante la pregunta de un veterano actor, preocupado. Y punto negativo para los periodistas que, en sus crónicas, tomaron la parte por el todo y dijeron que el sector teatral de Madrid se levantaba en armas contra Carmena. Ni estaba la alcaldesa, ni estaba todo el sector.

Sea como sea, las redes sociales arden y no son pocas las personas que sienten que se ha perdido un espacio fundamental para el teatro. La paradoja está servida. Feijóo y su equipo vienen con un proyecto de apertura y la gente (¿qué gente, cuánta gente?) lo siente como un cierre. “Situarnos en los bordes del arte para contemplar con deseo y libertad al creador, sea cual sea su disciplina”. Este es, en palabras del nuevo director, el objetivo de esta nueva etapa. Para ellos, el uso de los espacios va más allá de la mera exhibición de obras acabadas dispuestas para su consumo. Son espacios abiertos al debate, a la experimentación sin fecha de caducidad, a la pedagogía interdisciplinar y multidireccional, al diálogo con la ciudad, con los cuerpos que la habitan y con las mentes que la piensan.

Este proyecto es mucho más acorde con el entorno del Matadero, con el resto de actividades de un centro consagrado a pensar y hacer el arte con más libertad y consciencia y menos límites y etiquetas. El teatro que hemos visto en Matadero desde su apertura en 2007 ha estado bien o mal, según la obra, pero me atrevo a decir que el 90% de lo exhibido en las dos salas era lo mismo que podía verse en cualquier otro espacio de la ciudad. Lo que viene ahora es nuevo, representa cambio, ensancha los conceptos escénicos. Eso es bueno. Es integrador. Da oportunidades a quienes no las tenían. Está abierto al error, porque sin error no hay avance.

Que se podía haber buscado otro espacio para esto, también. Pero este movimiento visibiliza, dignifica y pone en valor el trabajo de mucha gente que no tenía lugar. Pensar que esto solo privilegia la performance y perjudica el teatro convencional es reduccionista y maniqueo. Pero es cierto que el Área de Cultura del Ayuntamiento se debe esforzar en ayudar a visibilizar, dignificar, facilitar y poner el valor el trabajo de todos los artistas. Cambiar las políticas culturales, viniendo de donde venimos, no debe ser tarea fácil. Pretender que al día siguiente de tomar posesión, los nuevos gobernantes arreglen todos los problemas de todos, es ingenuo.

El legítimo miedo al cambio es consubstancial al ser humano. Ante algo tan importante como esto, cabe la opinión en caliente y cabe el análisis sosegado, profundo, intentando tomar en cuenta todas las aristas del asunto. Mateo Feijóo y su equipo han ganado un concurso público y esta es su propuesta. De momento, solo conocemos su programación hasta los primeros días de julio, una programación un tanto pobre, pero suficiente para arrancar dados los tiempos con los que ha contado para prepararla (se puede consultar aquí). Ahora habrá que ir, vivirla y juzgarla. Disfrutarla o no ya es cosa de cada cual.

Ah, y el teatro más convencional está a disposición de todos los madrileños y madrileñas en otros 80 escenarios de la ciudad, más o menos. Esperamos que sus responsables, públicos y privados, sigan montando obras de Max Aub y de Fernando Arrabal, que es el mejor homenaje que se les puede hacer a estos y a todos los autores, mucho mejor incluso que cumplir el expediente poniendo sus nombres a dos salas y –con excepción de Juan Carlos Pérez de la Fuente y unos pocos más- no poder decir ni el título de dos o tres de sus obras.

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