Carlos Saura: "Los trapos sucios hay que lavarlos y luego orearlos"

Este mes de marzo, la Filmoteca Española dedica una retrospectiva integral y una exposición al director de '¡Ay, Carmela!' y de 'La prima Angélica', que acaba de cumplir 86 años

Carlos Saura en el documental 'Saura(s)'

Hace unas semanas veíamos al maestro Carlos Saura del brazo de Penélope Cruz en la gala de entrega de los Goya, pelo blanco y bien peinado, bufanda gris. En esa misma ceremonia, Félix Viscarret optava al premio al mejor documental por 'Saura(s)', una pieza de cámara muy intimista, en la que el director de 'Cría cuervos' era entrevistado por cada uno de sus hijos, en un toma y daca tierno y brillante. A sus 86 años, parece que todo el mundo siente el deseo de homenajearle. Este mes de marzo la Filmoteca le dedica una retrospectiva integral y también una exposición con su obra pictórica y sus experimentos fotográficos.

En el documental de Félix entrábamos en tu estudio, que es el de un pintor. Uno de tus hijos contaba entonces que cuando era pequeño le ponías una mesita a tu lado para que dibujara mientras tú trabajabas. ¿Qué papel juega el arte en tu vida?
Desde niño me ha gustado dibujar. Mis padres siempre tenían para sus hijos papeles, lápices y pinturas. Y esa afición por el dibujo y por la pintura ha cubierto muchas etapas de mi vida. Yo creo que todo el mundo está dotado para el dibujo si se lo propone; es un ejercicio que aconsejo y un excitante trabajo manual. No hay que ser o pretender ser un gran dibujante o un gran pintor, eso queda para los elegidos, como ha sido el caso de mi hermano Antonio Saura.

En tus películas el vínculo entre el niño y el adulto juega un pulso constante. El ejemplo más claro es el de 'La prima Angélica', donde José Luis López Vázquez interpreta a sus más de 50 años a un niño pequeño.
Cuando preparaba la película pensé: ¿cómo era yo de niño? Me veía a través de las fotografías de mi infancia que conservaba en el álbum familiar. ¿Ese era yo?, me preguntaba. Me parecía un conocido-desconocido, porque ese niño podía haber sido cualquier otro niño, pero no. Me habían dicho que era yo y ahí estaba. Entonces pensé que era más fácil traspasar los tiempos y los espacios para volver a la infancia con mi encarnadura adulta. 

¿Como un fantasma de la Navidad pasada?
Exacto. Un Yo adulto, de ahora mismo, se adentra en el pasado para verse como el niño que yace en él. Y así lo hice en 'La prima Angélica': el protagonista, José Luis López Vázquez, era al mismo tiempo un adulto y un niño. ¿No es una forma de integrar presente y pasado?

Ya que vamos a ver una exposición con tu obra gráfica, cuéntame: ¿qué es eso a lo que llamas los fotosaurios?
Durante mis frecuentes viajes a Madrid desde el pueblo de la Sierra de Guadarrama en donde vivo, sea en tren o en autobús, para probar objetivos y máquinas fotográficas y por simple curiosidad, hice un montón de fotografías de mis compañeros de viaje. Nunca para exponerlas, eran fotos personales.

¿Cómo se te ocurrió transformarlas?
Una noche, dándole vueltas, vi que la única manera en que podía aprovecharlas para hacer algo más era dibujando sobre esas fotografías hasta el punto de que fuera imposible reconocer a las personas retratadas. En broma y como divertimento comencé a hacer ese tipo de pintura sobre fotografías con la idea de aprovechar las copias defectuosas y más tarde con ampliaciones hechas deliberadamente para ser pintadas. El resultado es que ahora tengo cientos de esos dibujos sobre fotografías que di por llamar 'fotosaurios'.

Tienes una afición particular a fotografiarte en los espejos. ¿Qué supone el hecho de exponer la propia imagen para alguien que ha pasado la vida detrás de las cámaras?
No hay ningún secreto en ello. Me explico. Mi afición por la fotografía desde chico me llevó a probar objetivos y cámaras, incluso a adaptar diversos objetivos mediante un elaborado trabajo manual. Soy muy habilidoso, he llegado hasta a construir cámaras fotográficas con restos de otras. Llegó un momento en que cada vez que solicitaba a mis hijos que posaran para mis experimentos, salían huyendo. Total, que tuve que recurrir a los autoretratos en espejos.

Ahora veremos tus películas en el cine Doré, aquí en Madrid. Aprovecho para recordar que es una ciudad que has filmado desde que en tu primera película, 'Los golfos', te metiste en sus arrabales.
Con Mario Camus decidimos escribir un guion basado en unos artículos publicados por el escritor Daniel Sueiro en el diario 'Pueblo'. Así nació 'Los golfos'. Era una película muy barata en la que todos participamos prácticamente gratis. Yo tenía 27 años y me sentía seguro de mí mismo. A este respecto debo añadir que el riesgo y la aventura me han estimulado para adentrarme en caminos difíciles, a veces no he salido entero de la prueba, pero siempre he aprendido algo nuevo. 

¿Cómo fue el aprendizaje en 'Los golfos'?
En 'Los golfos' pretendía hacer una película con apariencia documental, en donde la cámara y los personajes parecieran espontáneos y sinceros. Era el primer largometraje para muchos de nosotros. Se rodó en decorados naturales y en la calle, con actores que en su mayoría no lo eran, con un material negativo ultrarrápido, buscando la máxima movilidad y tratando de ir más allá del neorrealismo sentimental y del realismo con carga política. 

¿Era una operación de riesgo?
En 1960 y por primera vez se había nombrado una comisión de profesionales para elegir la película española que iba a ir al festival de Canes, algo que antes se hacía a dedo, entre los que estaba Sáenz de Heredia, que me dijo que debía cambiar el final porque era excesivamente pesimista. Yo le contesté que no, a lo que me contestó, textualmente: "Saura, los trapos sucios hay que lavarlos en casa". Yo le dije que los trapos sucios había que lavarlos y luego orearlos, y me negué rotundamente a recortar un milímetro de la película.

¿Acaso son mejores los tiempos actuales? Te he oído decir que películas tuyas como 'Elisa, vida mía' hoy en día ya no serían posibles. ¿Por qué razón?
El éxito mundial de 'Cría cuervos' me permitió abordar en 1976 el rodaje de 'Elisa, vida mía'. Le dije a Elías Querejeta que quería hacer una película más personal, con carácter experimental. Elías me dijo que hiciera lo que me apeteciera y me puse a trabajar tranquilamente sin ningún tipo de presión económica y creativa. En el guion que escribí para 'Elisa, vida mía' hay muchos elementos autobiográficos, pero como siempre en mi obra la autobiografía está manipulada y es más imaginada que real.

Si no recuerdo mal, el título responde a un verso de Garcilaso de la Vega.
Sí. El hermoso poema de Garcilaso me dio la pauta para avanzar. Ese poema llegó a ser obsesivo para mí: "¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,/ cuando en aqueste valle, al fresco viento/ andábamos cogiendo tiernas flores,/ que había de ver con largo apartamiento/ venir el triste y solitario día/ que diese fin a mis amores?". 

¿No se podría volver a hacer una película como esa?
He intentado en diversas ocasiones sin éxito volver a hacer una película tal cual, intimista, como de música de cámara, con pocos actores y los medios justos. No, hoy en día ya no se podría hacer una película como esa.

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