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Paul Urkijo: "Quise construir el típico infierno con demonios rojos cornudos"

Álex de la Iglesia produce la ópera prima de este cineasta de Vitoria. La cinta se llama 'El herrero y el diablo' y es una aproximación a uno de los mitos folkóricos vascos

©David Zabala Erezuma

Envuelto en una humareda de la que emana un fuerte olor a azufre, Paul Urkijo nos habla de su imagen del infierno, de los mitos folklóricos vascos, de todas esas creencias rurales en las que el demonio merodeaba por los rincones. Este joven cineasta nacido en Vitoria se había dado a conocer con cortometrajes como 'El bosque negro' y 'Los monstruos no existen', en los que el género fantástico tomaba como escenario los paisajes del norte. Ahora estrena su primer largometraje, 'El herrero y el diablo', que ha producido Álex de la Iglesia.

¿Cuál es la leyenda que se encuentra detrás de la película?
'El herrero y el diablo' está basada en un cuento popular que conoce mucha gente en mi tierra, y que yo tenía por casa cuando era pequeño. Lo recogió un sacerdote que se llamaba Barandiarán, muy mítico, que hizo un compendio de cuentos y mitologías del País Vasco, a principios del siglo XX. Era la historia de un herrero que era muy malvado, y al que siempre visitaban unos demonios que se lo querían llevar al infierno.

Es, por lo tanto, la vertiente más terrorífica del folklore, la imaginería pagana.
Debo decir que a mí los diablillos esos me hacían siempre mucha gracia. Me caían simpáticos, porque siempre fracasaban. Yo creo que los cuentos, en general, tienen esa doble clave, de asustar y hacer reír. Siempre hay personajes monstruosos, criaturas horrendas, y luego está aquel que las intenta burlar, en tono de sátira.

¿Dirías que en la película hay puntos de humor negro? 
Incluso más que en la leyenda original. Lo que pasaba con este herrero es que los demonios se querían llevar el alma, pero él era más inteligente, más astuto, y siempre les acababa engañando. Esta historia para mí daba mucho de sí. Además yo conocí el relato gracias a una serie de cuentos adaptados para niños.

La película tiene una atmósfera brumosa, sucia. ¿Cómo la imaginaste?
Quería que tuviera la textura de una fantasía de terror gótico, con este ambiente invernal lúgubre. Por eso le construí al herrero una casa que es como una fortaleza hostil, abigarrada, con muchos hierros y cruces de forja en la entrada, y barro y fuego y oscuridad. Y con un trozo de bosque lleno de trampas para osos, que es como un campo de minas, en el que todo intruso queda preso por los tobillos.
 
Es interesante que 'El herrero y el diablo' pase durante la primera guerra carlista. Hay una cierta tendencia a reinventar la historia a través del género fantástico. Lo hemos visto, por poner un ejemplo archiconocido, en películas de Guillermo del Toro como 'El laberinto del fauno'. ¿Por qué ese contexto?
Sí es interesante, porque el contexto histórico no aparece en el relato original. Lo incorporé yo, para dar credibilidad a ese ambiente y hacer que incidiera en los personajes. La primera guerra carlista me interesaba visualmente, por la estética rural, los hombres con txapelas y las mujeres con delantales y cofias.

De hecho, la película empieza en plena batalla.
Me documenté sobre cómo se vivía el conflicto dramático en los pueblos, donde los perdedores y los vencedores se veían las caras, y donde el papel de la iglesia y del cura seguía teniendo una autoridad fundamental. Y luego la guerra carlista me interesaba porque es un tiempo contemporáneo a las grandes narraciones de terror del XIX, a mitos victorianos como 'Drácula' y 'Frankenstein'.

Y por eso el argumento nos lleva del campo de batalla a las fauces del infierno.
Ahí queríamos plasmar la idea arquetípica del infierno, los demonios muy rojos con cuernos, la cola en forma de flecha y el tridente, todo muy barroco, muy recargado. Una locura, como en los grabados de Nicolas Le Rouge en el siglo XVI, que de hecho fueron la fuente de inspiración de los minutos de animación que vemos al principio.

¿De ahí sale también la apariencia de los diablos?
Le Rouge proponía esa idea del demonio aberrante, con caras en el culo y en la tripa, que atormenta a las almas castigadas encadenadas en grandes ollas hirviendo. Esa imaginería del demonio feo y caricaturesco me ha parecido siempre muy divertida.

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