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5 cuadros de la exposición de Balthus que nos han encantado

El gato en el espejo

El Thyssen acoge una retrospectiva exhaustiva de Balthus, pintor sensual y provocador, sin duda uno de los grandes artistas del siglo XX. Apadrinado por Rilke, cómplice de Artaud en los terrenos de la crueldad, trató siempre de violentar a esa sociedad burguesa languideciente, a la que creía que había que sacar de su comodidad moral. Lo cierto es que todavía hoy sus cuadros desatan polémicas absurdas, como explicaremos más abajo. De momento, lo que veis aquí arriba es 'El gato en el espejo', un óleo tardío de colores mágicos, en el que una niña con el pelo dorado juega con un espejo luminoso a mostrarle a un gato de ojos glaucos su propio reflejo. De algún modo, en esta escena se funden los temas principales de la obra de Balthus. 

1. 'El aseo de Cathy'. Se exhibió en su primera exposición individual, en la Galerie Pierre de París, en 1934. Parte de una litografía que Balthus había hecho para una edición ilustrada de 'Cumbres borrascosas', de Emily Brontë, que representa esa escena en la que Heathcliff se ve consumido por los celos mientras Cathy se arregla para su pretendiente. En la pintura, Heathcliff tiene los rasgos de Balthus y Cathy los de su querida Antoinette, un amor no correspondido por el que el pintor trató de quitarse la vida en una ocasión. Además, Cathy aparece desnuda bajo una bata de seda abierta, mostrando un cuerpo porcelanoso que tiene el sexo inmaduro de una niña. De ahí el escándalo.

2. 'Thérèse soñando'. La figura de la adolescente impúdica es muy habitual en la obra de Balthus. Esta es Thérèse Blanchard, vecina de Balthus y modelo en varios de sus cuadros, que aparece recostada en una silla, totalmente desinhibida, con la falda remangada y la entrepierna a la vista, mientras un sol de media tarde del color de una manzana cocida se filtra entre las persianas. 'Thérèse soñando' pertenece al Metropolitan de Nueva York. En noviembre de 2017, una vecina se dedicó a recoger firmas para que retiraran el cuadro, alegando que era una vergonzosa incitación de la pederastia. Por suerte, el museo se negó, en pos del respeto a la expresión artística.

3. 'El rey de los gatos'. Balthus siempre admitió la influencia de las ilustraciones populares de los libros infantiles del siglo XIX. 'Thérèse soñando', por ejemplo, podría entenderse como una referencia a 'Alicia en el país de las maravillas', a esa muchacha aburrida que en el caluroso duermevela de una siesta de verano salía corriendo tras un conejo blanco. Además, tenía una imaginación poderosa, que entroncaba con la corriente surrealista. Decía que en otra vida había sido una criatura felina, y que por eso todos los gatos –ya os habréis fijado que hay gatos en muchas de sus obras– se inclinaban ante él, como súbditos que reconocen a su rey. Así es cómo se representa en este autorretrato.

4. 'La partida de cartas'. Otra característica de los cuadros de Balthus es esa sensación del instante detenido, del tiempo en reposo que se diluye sobre lo cotidiano. Inspirada en 'El tramposo del as de diamantes', de Georges de la Tour, esta escena deliciosa parece haber quedado congelada bajo el influjo sigiloso de una luz aguamarina, inquietante, misteriosa. En la exposición, por cierto, hay un vídeo muy interesante en el que se cuenta que mediante un análisis del pigmento se descubrió que, al principio, el tramposo era una chica con falda roja y blusa verde, y que Balthus decidió transformarla en un chico con pantalón amarillo cuando la obra ya estaba casi acabada.

5. 'El sueño'. A pesar de ser un artista disruptivo y polémico, Balthus era un gran conocedor de la tradición. En sus años mozos se dedicó a versionar las pinturas emblemáticas de maestros como Piero della Francesca, Caravaggio y Courbet. Este cuadro fechado en la segunda mitad de los años 50 es casi como un Capricho goyesco. En tonos pastel casi translúcidos, distintivos de los últimos trabajos del pintor, vemos a una muchacha fantasmal iluminada como un quinqué acerándose a otra que duerme en un sofá, tal vez liberando el flujo del inconsciente, tal vez despertando esa perversidad reprimida que deambula en nuestros sueños como el minotauro en el laberinto.

 

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