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Muy cerca de la Plaza de España pero escondido, alejado del bullicio de Gran Vía-Princesa, ha abierto un restaurante que inclina su apuesta hacia el horario nocturno. Su interiorismo, firmado por José Arroyo, presenta una atmósfera que se presta más a una cena entre amigxs un viernes que una comida para cuatro un miércoles al mediodía. De hecho, no faltan las sesiones DJ ni una ambientación en espacios más íntimos, creada por Maseda, con guiños a la Movida Madrileña a través de collages de carteles originales. Aquí la fiesta está a la vuelta de la esquina. Se estrena así un nuevo punto de encuentro para la 'beautiful people', para hacer la previa antes de acabar bailando en la cercana y exclusiva discoteca Fitz.
Además el lugar, a pesar de contar con un aforo que supera las 100 personas y de tener un horario amplio (de martes a domingo de 13:00 a 17:00 y de 20:00 a 2:00), tiene algo de clandestino. Se dibuja secreto y sofisticado porque se encuentra en las antiguas caballerizas del emblemático Palacio de Liria. Sí, se ubica en el número 10 de la ruidosa calle Princesa pero pasa desapercibido si no conoces la zona porque hay que subir unas escaleras, librar un pequeño jardín, para llegar a su puerta. Vamos, no está a dos metros de una marquesina de autobús sino lejos de las miradas del transeúnte que va con paso acelerado.
Al frente de la carta están los responsables de Casa Mories (una referencia junto al turístico mercado de San Miguel) y Taberna Sabina, dos ejemplos de una cocina tradicional que hace guiños al recetario internacional y sale bien parada. Aquí la propuesta es concisa, con muchos platos para el centro de la mesa (de una ensaladilla rusa a un chuletón de vaca madurada) y con producto de primer nivel: cecina de wagyu, carabineros, ostras, anchoas 00 y también se asoman por ahí unos gramos de caviar. Una carta que tiende, si quieres, a cierto jolgorio hedonista.
Así que juegan en cocina con bocados de moda (encontramos dos opciones de bikini), con viajes ligeros que siempre funcionan y apetecen para compartir (ceviche, tiradito...) y con grandes éxitos de siempre como un steak tartar preparado en mesa (uno de los 'bestsellers' en Casa Mories) o ese trío dulce canónico: torrija, tarta de queso y coulant de chocolate. No hay sorpresas. Es una carta funcional donde todo se ejecuta con criterio.

