Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Madrid icon-chevron-right Cinco lugares con encanto para celebrar el Día del Beso
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Cinco lugares con encanto para celebrar el Día del Beso

Bésame en esta esquina
Foto: Alfonso Álvarez-Dardet

Dicen que los besos no se piden, se regalan, así que, qué mejor ocasión para tener un detalle con tu pareja, padre, amigo, ¿mascota? que el Día Internacional del Beso, el 13 de abril. La fecha elegida para este singular día es un homenaje a una pareja tailandesa de nombre desconocido que protagonizó un largo, larguísimo beso de 58 horas en un concurso, llevándose, cómo no, el primer premio. Los besos en la mejilla, en la frente, en la mano o, el que más nos gusta, en los labios han ido cambiado su significado a lo largo de los años, pero siguen siendo una de las formas más comunes (y tiernas) que tenemos los humanos de comunicarnos. Os proponemos cinco lugares de Madrid perfectos para regalar un beso, aunque ya sabéis que, a la hora de besar, cualquier lugar es bueno.

1. Jardín del Príncipe de Anglona. En el corazón del barrio de La Latina, en la plaza de la Paja, se encuentra uno de los jardines más cucos de Madrid. Sus apenas 500 metros cuadrados son visitados diariamente por parejas de enamorados ávidos de romanticismo. Aunque la reforma más reciente es de 1802, este oasis ajardinado data del siglo XVIII y formaba parte del Palacio del Príncipe de Anglona, consejero de los Reyes Católicos y Carlos I. Si tenéis tiempo y os apetece sorprender con un beso de película en uno de los recovecos más atractivos de Madrid, merece la pena visitarlo, además, después podéis disfrutar en una de las terrazas de la plaza de la Paja. Todo son facilidades.

2. La Rosaleda. Pasear por entre 4.000 rosas no es poca cosa. La Rosaleda, en el corazón del parque del Retiro, es uno de esos lugares de cuento de hada no apto para alérgicos. Fue diseñada por Cecilio Rodríguez, Jardinero Mayor de la Villa, en 1915, tratando de imitar a otras ciudades europeas. La iniciativa fue del alcalde de Madrid de aquella época, Carlos Prats, que vio un poco sosa esa parte del parque y decidió hacer algo bonito. Antes de los rosales había un estanque que se helaba los inviernos y servía para hacer patinaje sobre hielo, también hubiese sido un lugar bonito para regalar un beso.

3. El templo de Debod. La mayoría de fotógrafos coinciden en que Madrid tiene una de las luces más hermosas del país. Su juego de contrastes se mezcla con los ladrillos de las casas y contribuye a aumentar la mística de la ciudad. Para saborear esa explosión de colores y ya de paso regalar uno de esos besos románticos que te erizan la piel, tenemos el templo de Debod, uno de los sitios con más encanto para disfrutar del mejor atardecer de España. Su juego de luces se funde con el agua del estanque que rodea este edificio egipcio, traído piedra a piedra en 1968, y hace las delicias de los enamorados.

4. El parque de las siete tetas. Es, sin duda, el mejor lugar de Madrid para disfrutar de su 'skyline'. Situado en el barrio de Vallecas, fuera de los lugares típicos de turismo de Madrid, se encuentran estas siete colinas de césped con forma de seno con las que puedes regocijarte de una de las mejores vistas de la capital. Si sois amante de la instantánea, y conocéis la técnica de 'time lapse', aquella que crea un efecto de cámara rápida, este es vuestro sitio. La tranquilidad que trasmite el lugar y la sensación de estar alejado de la contaminación de la ciudad convierte este enclave en uno de los más románticos y sanos para regalar un beso.

5. Bésame en esta esquina. Si pensáis que os estamos proponiendo cualquiera esquina para regalar un beso, ya os dijimos al principio que el lugar no importa, pero hay una especial en Madrid en la que todos los enamorados se detienen para juntar sus labios y hacerse un 'selfie'. Está en el número 29 de la calle Huertas y en una de sus paredes hay una placa que reza 'Bésame en esta esquina'. Dicen que un día apareció esta súplica en la pared, y que los dueños del local, al ver que la gente se paraba a besarse y hacerse fotos, la aprovechó y la hizo suya. Pero hemos preguntado a los camareros y parece que se le ocurrió a la dueña del bar Miranda como forma de atraer clientes. Lo cierto es que funciona, y eso que no se necesitan muchas razones para dar un beso, pero pasa lo mismo que con el muérdago, ayuda a liberar la tensión del primero. Y también del segundo.

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