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El trap, ¿a favor o en contra?

Por
Marta Bac
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Del extrarradio de grandes ciudades como Madrid y Barcelona a Los 40 principales. Es innegable que el trap es el estilo musical de moda a nivel nacional e internacional, que despierta tantas pasiones como odios. No hay duda de que está convirtiéndose en un himno generacional, capaz de atrapar a jóvenes de toda clase social. Sin embargo, el abuso del auto-tune provoca que muchos pongan en duda si realmente se trata de un nuevo género musical o simplemente es el reggeaton pasado por una mesa de mezcla.

El poder de lo efímero
Vaya por delante que, como ocurriera con el punk en los setenta, la actitud do it yourself de los traperos ha democratizado la música a través del auto-tune. Hasta aquí nada que objetar. Pero personalmente, aun habiendo mamado el extrarradio desde pequeño, me resulta imposible conectar con un discurso que tanto vale para un proxeneta como para un miembro adscrito a Proyecto Hombre. Estéticamente no muestra nada novedoso que no hubiéramos visto en aquella resurrección de lo cani que propulsó la segunda oleada de la mákina a mediados de los noventa. Y como amante confeso del pop, entristece mucho observar cómo el trap (como ya ocurriera con la EDM recientemente) se ha apoderado del mainstream tanto aquí como fuera de nuestras fronteras simplemente porque es lo que marcan las tendencias. ¿Existe una brecha generacional? La duda ofende. Cada cual que escuche lo que le plazca, pero a sabiendas de que como cualquier moda el fenómeno será cíclico, lo interesante será comprobar qué nombres propios sobrevivirán dentro de unos años o cómo éstos se verán obligados a reformular su sonido cuando el trap pierda vigencia en las calles (ahí está C. Tangana por ejemplo, que está moviendo muy bien sus cartas). No hay que alarmarse, como todo acabará siendo algo efímero. –Sergio del Amo

Signo de postvanguardia
Se puede pensar que el trap es ‘inframúsica’ (por debajo incluso del reggaeton), que es un sonido oscuro hecho por 'canis' y delincuentes, que tiene unas bases graves adictivas que son como meterse crack por el oído, y que es la BSO de la autodestrucción y el nihilismo… Asumiendo ese origen sónico diabólico, no podemos negar que lo que nació como el nuevo punk millenial (antes lo fue el bakalao y toda su parafernalia) enseguida se ha fagocitado por la cultura popular y se ha convertido en pop. La estética trap nunca fue antisistema y ahora mucho menos: está en las pasarelas, los saraos ‘fashion’, en las stories de Instagram de los adolescentes, los 'traperos' son tratados como estrellas del pop, son celebrities, y las marcas se los rifan para publicidad. Hasta artistas tan mainstream como Shakira están haciendo trap. El trap es por tanto tendencia reconocible, concepto contemporáneo, signo de post vanguardia y marca estilo pese a quien le pese. La música es lo de menos en realidad, es la actitud punk la que mola. Pero esos sones de 'autotune', esas letras descarnadas que tratan temas del nuevo milenio, y esos looks entre genderless, carcelarios y quinquis, son pura sociología de la modernidad. Definitivamente el trap es la banda sonora del capitalismo. Darle la espalda es ir en contra de los tiempos en que vivimos. Sí, es verdad, el trap mató la música... pero ya estaba muerta. Muy a favor. –David Farrán de Mora

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