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Goya 2019, la noche de los corruptos y la buena gente

Por Time Out Madrid
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Buenafuente y Abril: lo mejor y lo peor
Las ceremonias de premios, y todo lo que implican, desde el 'photocall' hasta el discursito final, son como las personas: te puedes quedar con la totalidad de ellas, sin descartar nada, o quizás tenerte que conformar con solo un pedazo de todo el paquete. Veníamos de una gala tan redondita como la de los Gaudí y nos encontramos, hace escasas horas, con un ritual de los Goya en la que varias partes funcionaron a la perfección, algunas de ellas fueron mejorables y otras no terminaron de cuajar.

Entre lo mejor y más exitoso de la ceremonia sevillana de los Goya: la gran pareja Silvia Abril y Andreu Buenafuente, llevando adelante un guión que tuvo momentos brillantes y otros sorprendentemente tan poco afortunados como la imitación que él hizo de su admirado Groucho Marx; la aparición de la pareja Berto Romero y David Broncano, amparados en el humor, más que genial, genital ("Andreu, se me ha puesto un huevo como un aguacate"), un género que siempre funciona y del que un servidor es fan y practicante; la actuación de Rosalía con el Cor Jove de 'Orfeó Català; la entrada por las calles de Sevilla como si fuera una persecución de 'Misión: Imposible', que, sí, a mí me gustó; el homenaje a Narciso Ibáñez Serrador, con ocho figuras del cine fantástico en el escenario; las referencias políticas, desde el juego de palabras Mariano Barroso / Mariano Rajoy hasta la imagen de Puigdemont y las alusiones a Cataluña y al auge de la ultraderecha.

Sí, se podía hacer mejor
Los Goya, que cumplían 33 años, nos dieron instantes mejorables: el trío formado por Amaia Romero, Rozalén y Judit Neddermann ni tuvo un buen debut, complicado por un problema técnico, ni un gran desenlace, y allí las vimos, pobrecitas mías, perdidas, con ganas de abrazarlas; tampoco fue perfecta la historia de las tarjetas que llevaban Sílvia Abril, Belén Cuesta y María León, y, más tarde, todo en conjunto algo ininteligible; y nos hubiera molado más que Màxim Huerta, dominador como domina él las palabras, que no hubiera hablado tanto, ni hubiera hecho bromitas sobre una situación profesional / fiscal, la suya, que aún hiere, con razón, muchas sensibilidades. Vaya, un sí rotundo a la aparición del exministro de Cultura, pero le faltó prudencia y entendimiento, que decía mi abuela Ana.

No sé al resto de la gente, pero no entendí la estructura y la finalidad del multitudinario número musical que acompañó a los premios de los cortometrajes, y, sin embargo, me alegré de su existencia, porque dio visibilidad a los simpáticos 'batucaires': tengo unos cuantos amigos peludos y amigas con piercings en lugares inimaginables que disfrutan dando mamporros a los tambores. El desastre total llegó, por desgracia, durante el momento del homenaje a los desaparecidos. La parte positiva, que la lista incluyó ilustres compañeros de gremio como Jaume Genover, Joan Munsó Cabús y Josep Maria Caparrós Lera. La parte negativa: ni dijeron que el pianista era el polifacético James Rhodes, ni acertaron en la realización, que nos privó de leer varios nombres. Y creo que no es la primera vez que esto sucede.

Sin sorpresas
Estaba cantado que los dos premios principales (Película y Dirección) se dividirían, e irían a parar a 'Campeones' y 'El reino'; que 'El silencio de otros' sería el Mejor Documental, lo que debería hacer daño al PP y, sobre todo, a VOX; que los galardones de 'Carmen y Lola' servirían para, de paso, protestar contra la situación de los homosexuales, las mujeres maltratadas y unas cuantas lacras sociales más; que si Jesús Vidal ( 'Campeones') se llevaba el Goya al Actor Revelación haría un hermoso parlamento que nunca olvidaremos; que 'Cold war' sería la Mejor Película Europea, a pesar de que algunos nos quedamos con la magistral 'El hilo invisible'; que 'La sombra de la ley' arrasaría, como mínimo, en el apartado de Vestuario, además de quedarse los Goya a la Fotografía y la Música Original; y que 'Entre dos aguas' se iría de Sevilla con las manos vacías. ¿Qué pintaba una peli 'rara' entre dos propuestas tan diáfanas como eran un retrato directo de la corrupción ('El reino') y un relato emotivo y bien acogido en las salas de cine ( 'Campeones')? Como se decía antes, lo importante es participar. ¿Verdad, Isaki?

Vamos a por la ropa
Y acabamos con un apartado que, a raíz de la anterior columna, dedicada a Gaudí, he descubierto que tiene un montón de fans: los comentarios del vestuario. Ejem, aquí hay más seguidores y seguidoras de 'Maestros de la costura' de lo que parece.

Vamos allá. En lo alto de la lista de los más bien arreglados: la pareja Macarena Gómez y Aldo Comas, entre el 'pijerío' y el 'chonismo', pero con un encomiable sentido del espectáculo; Silvia Abascal, preciosa, como de princesa Disney, con la colaboración de la firma Marchesa; Rosalía, vestida por Juan Vidal y con unas uñas de familia Addams; Susi Sánchez, Goya a la Mejor Actriz gracias a 'La enfermedad del domingo'; Antonio de la Torre, el Mejor Actor por 'El reino' y notabilísimo de pies a cabeza; Miguel Ángel Muñoz, dentro de un llamativo Dolce & Gabbana; Aura Garrido y Eduardo Casanova y sus escotes; Penélope Cruz y su Chanel; Bray Efe y su vestuario de... Bray Efe; Belén Rueda y su Óscar de la Renta; Juana Acosta y su recogido de pelo; Anna Castillo con un top estupendo; Paz Vega, que nunca la caga a la hora de ponerse la ropa; David Trueba, con zapatillas deportivas; e Isabel Coixet con una curiosa bolsa entre las manos. ¿Y los tíos y las tías vestidos de negro? Chicos y chicas, no era necesario. ¡Un poco de imaginación! Tener buen tipito no es suficiente. Y lo digo por Álex González, Nathalie Poza y Manuela Vellés, en concreto.

Con unos looks normalitos: Eva Llorach, con los párpados yo creo que demasiado pintados; Natalia de Molina, que no acabó de estar acertada, pero nos encanta tanto cuando hace de actriz (estaba nominada por 'Quién te cantará') como cuando hace de persona; Sara Sálamo, embarazada y con un discreto Pronovias encima; y Leticia Dolera, con flequillo a lo Mari Trini. En el capítulo de desastres, sólo un par: Antonia San Juan, como descuidada, y Cristina Castaño, vestida por su peor enemigo, y todo el mundo sabe que tiene varios.

¡Hasta el próximo año, con Amenábar y Almodóvar luchando por los premios principales!

Texto: Pere Vall

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