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La ruta de la croqueta vuelve a Madrid

Por
Gorka Elorrieta
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TriBall cumple 10 años. ¿Ya? Sí, ya. Para celebrarlo la asociación de comerciantes de la zona ha diseñado una heterogénea y nutrida programación de conciertos, exposiciones, visitas guiadas, clases de dibujo de cómics… Hasta aquí bien. Pero cubierta la iniciativa que sirve de altavoz al activo panorama artístico que late en estas calles (Fuencarral, Gran Vía y Corredera Baja de San Pablo), saldado el compromiso cultural, vayamos al estómago. Porque donde nos vamos a cruzar todos, que nos conocemos, será en la ruta de la croqueta.

Para esta tercera edición hemos contado veinte direcciones en las que entregarse al bocado más adictivo e irresistible de nuestra gastronomía tabernaria. Da igual los rivales que le salgan al paso a lo largo de una barra o en una carta. Todos caen frente a una ración de croquetas. Por suerte la Jornada Gastronómica que vuelven a organizar los de TriBall no dura un día. Tenemos del 14 al 17 de marzo para darnos un atracón de bechamel.

Hay versiones para todos los gustos. Las canónicas de jamón de bellota o de cocido pero también las pujantes de queso (sea Idiazábal, Cabrales o parmesano), chipirones o rabo de toro. A estas citas nunca falta quien presenta elaboraciones más atípicas. Ahí están las de calçots con salsa romesco o la de gamba blanca. La tapa se podrá acompañar de una cerveza y un vino.

Ha pasado una década y muchas cosas han cambiado en el barrio. Pero hay algo que siempre permanece por encima de modas y gentrificaciones. La llamada de la croqueta congrega más fieles que la de la naturaleza y la religión juntas. El triángulo de Ballesta… rebozado sabe mejor.

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