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Collage de la artista Amaya Lalanda
Amaya Lalanda

Madrid oculto: Conspiradores de librerías

Por
Gorka Elorrieta
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La librería era angosta y oscura, pero al cruzar la puerta te invadía una sensación de suspensión del tiempo. Cuando se entraba en la librería de Gregorio Pueyo (Mesonero Romanos, 10), te convertías en un personaje de una novela de Umberto Eco o Dostoievski: un lugar ideal para intrigas y rumores. Las tertulias tenían lugar en la trastienda, donde se citaban teósofos, poetastros místicos y modernistas. Pueyo, su dueño, que además fue el modelo que tomó Valle-Inclán para su personaje de Zaratustra en 'Luces de bohemia', en sus inicios vendía pornografía de la época, fotografías picantes y libros festivos por los bullangueros cafés de entonces.

El ultraísta Cansino Assens lo recuerda huraño, afirmando no poder dar "más de veinte duros por esto; crea usted que me sacrifico editando cosas que en realidad no se venden, pero no puedo evitarlo, en el fondo soy un romántico y un filántropo. Me gusta ayudar a los jóvenes que luchan, porque también he luchado y sé lo que es pasar hambre y dormir en un banco del Prad". En aquel Madrid de comienzos de siglo, las librerías eran centros de discusión y, en ocasiones, también de combate. La librería de San Martín (Puerta del Sol, 6) durante un tiempo acogió la redacción de El Condenado, primer periódico anarquista de nuestro país, pero pasó a la historia por un hecho trágico cometido precisamente por un ácrata armado. Frente a su escaparate Pardiñas mató de un certero disparo a Canalejas, presidente del Consejo de Ministros, que observaba como cada mañana las novedades editoriales. Gómez de la Serna afirmó que "murió silencioso, y, como decía aquel doctor: "Fue tan certero el tiro, que si pudiese resucitar, seguiría leyendo el mismo título del libro que leía".

Facciones políticas, bohemios y hasta… nazis. Durante la inmediata posguerra, convertida nuestra ciudad en el escenario de una película de espías, los nazis que habían huido de los aliados y refugiado en Madrid acudían a la Librería Buchholz (Calvo Sotelo, 3, hoy paseo de Recoletos), dirigida por Gerda Miessner, en busca de un pasaporte falso o dinero con el que marchar a Sudamérica. Uno de ellos fue el mismísimo Abel Bonnard, ministro de Cultura del Gobierno de Vichy y condenado a muerte. Más tarde, Buchholz cerró y abrió en otro lugar, en la calle José Ortega y Gasset 14, donde sobrevivió hasta 1987. Precisamente fue el filósofo Ortega y Gasset quien presidió su inauguración en los días en que el franquismo representaba fielmente su teatro frente a quienes le exigían entregar a los criminales. 

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