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Collage de espías en Madrid
Amaya Lalanda

Madrid oculto: La ciudad de los espías

Por Servando Rocha
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Como cada mañana, el misterioso barón K emprendía su paseo por la plaza de los Mostenses y sus alrededores, un laberinto de calles estrechas, cafés cantantes y edificios apretujados. Torpe y hasta cómico fue nuestro gran antiespía. Un bigote falso, una aún más falsa peluca o un apresurado disfraz de vagabundo o delincuente de medio pelo no convierten a nadie en un brillante agente secreto. Todos sabían que en aquel Madrid de hace un siglo vendía sus servicios a alguna potencia extranjera dispuesta a comprar rumores y cuentos a bajo precio. Mientras tanto, en Barcelona, otro falso barón llamado Koening, metido en una empresa criminal muy seria, liquidaba a decenas de anarquistas con su ejército de matones.

La plaza de los Mostenses había sido lugar de conspiradores. Olía a pólvora, conjuraba odios pasados y alentaba otros presentes. En 1823, una sociedad secreta llamada Suprema Asamblea de los Comuneros de Castilla, presidida por el Gran Castellano, tuvo allí su sede. También en ese lugar estuvo la redacción de El Combate, un periódico republicano de efímera existencia (1870-1872). Sus redactores solían llevar pistola para defenderse de los ataques de rivales. Debían ser hábiles con el gatillo, pero también manejar con solvencia el puñal. Es posible que K se creyese un Mata Hari masculino, pero distaba mucho de serlo. En 1906 la verdadera Mata Hari bailaba en el legendario Gran Kursaal de la plaza de El Carmen. Durante la Primera Guerra Mundial, la holandesa espió para Alemania, por lo que fue detenida por las fuerzas francesas. Tras declararla culpable de espionaje y traición, fue fusilada en octubre de 1917. Un año antes había visitado nuevamente Madrid. Vivía a todo lujo en el hotel Palace, donde recibía a pretendientes, amantes y mandos militares. Las informaciones y amoríos iban y venían sin cesar. Fue aquí, precisamente, cuando empezó la mala suerte de H-21, su nombre clave. Se dice que el escritor bohemio Enrique Gómez Carrillo la entregó por despecho amoroso o que su esposa, la diva Raquel Meller, se vengó de ella. El mismo año que comenzó el calvario de Mata Hari, Madrid recibió la visita de otro espía y convencido nazi, Wilhelm Canaris, que lideraría la Abwehr, el servicio secreto alemán. En nuestra ciudad, a las órdenes de Von Krohn, que también residía en la capital, vivió bajo la identidad de Reed Rosas y, al igual que la bailarina-espía, de la que fue amante, sería fusilado.

No todos los espías sufrieron el infortunio o la muerte. Hubo uno que, durante la Guerra Civil, montó cerca de la calle Génova una red de espionaje fascista. Descubierto y condenado a muerte, Franco lo puso en libertad y premió. Dirigió una de las empresas que construyó el Valle de los Caídos y acabó siendo millonario. Se dedicó al ladrillo en la Costa del Sol, donde montó un famoso puerto. Se llamaba José Banús. ¿Os suena de algo?


Si te perdiste el artículo anterior... Los secretos de Chicote

Collage con espías en Madrid

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