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Móviles en los conciertos, ¿a favor o en contra?

Por Time Out Madrid
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Jack White, a quién podremos ver este verano en el Mad Cool, ha enviado un comunicado avisando de que los móviles estarán prohibidos en sus conciertos. “No se permitirán dispositivos de grabación de audio, vídeo ni fotografía. Creemos que disfrutarás dejando de mirar tus artefactos por un rato y experimentando la música y el amor colectivo en persona”. ¿Es necesario llegar hasta este extremo? ¿Tanto molestan los móviles en los conciertos o nos estamos pasando de la raya? ¡Opinad!

Esto no es un concierto (Magritte dixit)
Confieso que he grabado. A partir de aquí todo argumento será inane. O no tanto. Vamos a ver. Porque… ¿para qué? ¿Dónde van a parar todos esos vídeos? En el mejor de los casos terminan en un disco duro, una biblioteca infinita de recuerdos a lo 'Inside/Out' de la que rara vez echarás mano y que morirá el día menos pensado enterrando para siempre aquella grabación rudimentaria (movida y con sonido mediocre) de aquel concierto de tu grupo favorito. En el peor, nunca saldrán del móvil ni se lo enseñarás a nadie y no lo volverás a ver ni en los días grises para animarte (entrarás en Spotify y le darás al play). Y si es una foto, después de desechar otras siete, actualizará tu Instagram. Wow. Has estado AHÍ. Suerte con los likes.

El caso es que llega el hit esperado y se levantan frente a ti una decena de teléfonos (para mayor escarnio, con pantallas cada vez más grandes) y la contaminación lumínica te distrae, provoca un efímero pero incómodo cortocircuito en tu experiencia -la mirada se va inconscientemente hacia la imagen en rec- y, cuidado, no vayas a llevarte de propina un codazo cuando el de al lado se canse de tener los brazos en alto (30 segundos aprox). O bailas. O, si es lenta, cierras los ojos y miras al suelo. No queda otra. Vale, la molestia pasa rápido, salvo que delante se te haya apostado un fan irredento o DA Pennebaker. ¿Pero no sería más duradero vivirlo de otra manera? ¿Vivirlo en el presente? Sólo es un concierto, no hay ponerse transcendentales pero tampoco empaquetemos en píxeles todas las emociones. Hablo desde abajo. Desde el escenario, ni idea. Pero, como esto va de lanzarse a la piscina, intuyo que el grupo prefiere un buen pogo o el silencio sepulcral a ver decenas de manos sujetando un móvil. Ah, porque eso también. Sujetadlo bien no vaya a ser que un empujón ponga a prueba su funda protectora. Pero, ya digo, confieso que he grabado. Un directo de una hora da para mucho. - Gorka Elorrieta

Mi entrada, mi decisión
Los extremos, como en todos los aspectos de la sociedad, nunca son buenos. Nadie duda de que ver un concierto entero a través de la pantalla de tu iPhone es un pérdida de tiempo (y de dinero), pero no nos pasemos con inquisición ‘smartphoniana’. Y menos aún en el términos de prohibición. Porque si yo he pagado 40 euros para ver a ese grupo o artista sobre un escenario, ¿no tengo derecho a grabar ese estribillo que llevo días tarareando? ¿O a sacar una foto de recuerdo? Siempre y cuando se respeten los derechos de imagen y se deje disfrutar a los demás, cada uno que haga con su móvil lo que le salga del sistema operativo. - Marta Bac

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