Alarde de tonadilla

Teatro
3 de 5 estrellas
Alarde de tonadilla

Autor y director: Hugo Pérez de la Pica. Intérpretes: Candela Pérez, Raquel Valencia, Helena Amado y Elena Morales, entre otros.

La valentía de 'Alarde de tonadilla' está en la decisión de ponerlo en pie: la apuesta de esta sala del circuito alternativo por la recuperación de las manifestaciones culturales españolas más tradicionales, su voluntad de desposeerlas de todo el barniz ideológico que se les impuso durante la dictadura, es, de tan osada y singular, posiblemente mucho más radical que cualquier pieza de 'performance art' que se pueda realizar en una galería de arte contemporáneo. Ese valor es, sin duda, el mayor de todo el espectáculo: su existencia.

A nivel técnico, sin embargo, hay ciertas elecciones que cuesta comprender, como, por ejemplo, la absoluta orfandad con la que el espectador recorre la historia que se le muestra. 'Alarde...' no es un espectáculo como tal, es un recital musical con una interesante y cuidada puesta en escena, en el que los números musicales se puntean con poemas sin ligazón teatral o metateatral. Eso, que en sí mismo no es ni valor ni demérito, en el contexto de un espacio teatral tarda en comprenderse. El espectador que se acerque con curiosidad, pero sin haberse informado en profundidad, puede dedicar la primera parte del recital a buscar ese hilo que no existe; el avezado público que haya leído el programa de mano o críticas previas, o el amante de la copla que se acerque por interés en el género, disfrutarán desde otro lugar. La regla de la autonomía del espectáculo, o sea, que este no necesite de explicaciones previas, no se cumple en este caso.

Lo que sí se cumple es la solvencia de los intérpretes. Destacan la cantante Helena Amado, de gran claridad y fineza, la cantaora Elena Morales (hipnótica en su saeta; una vez muestra quién es, se echa en falta que aparezca en más números) y Raquel Valencia, bailaora de presencia y gracia, excelente a las castañuelas. El vestuario es, sin duda, lo más destacable de toda la puesta en escena; un despliegue de faralaes, mantones y bordados, reproducciones de época, que rivalizan en número y variedad con los de cualquier producción pública. Un alarde, desde luego, para una producción de un teatro alternativo, que solo se puede hacer desde la fe en lo que se está gestando.

Como conjunto, 'Alarde...' es un rara avis en la cartelera madrileña por formato, con una ejecución más que solvente y con un objetivo, la revalorización de un género denostado por el progresismo, temerario en el actual contexto cultural. Merece la pena una visita, no encontrarán nada parecido.

Por Pilar G. Almansa

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