Gloria

Teatro
4 de 5 estrellas
Gloria
©Jean Pierre Ledos

Dramaturgia: Noelia Adánez y Valeria Alonso. Dirección: Valeria Alonso. Intérprete: Ana Rayo.

Gloria Fuertes. La poeta de guardia. La mujer que quiso ir a la guerra para pararla. La pacifista. La poeta 'queer'. La vanguardia del feminismo en pleno franquismo. La amante soñadora. La ingeniosa bebedora de whisky. La poeta de los niños… que no soportaba a los niños. Así es, esta es la primera sorpresa: nada más empezar la función aparece Gloria Fuertes diciendo que está "hasta el coño de los niños". Sorpresa para los que no estén familiarizados con la biografía de la escritora, para los que mantengan en su imaginario a aquella entrañable mujer de pelo corto y cano, de extravagante atuendo, aquella especie de payasa que la televisión de los 70 y los 80 nos vendió.

Este montaje, enmarcado en el proyecto ‘Mujeres que se atreven’ del Teatro del Barrio (que arrancó hace año y medio con ‘Emilia’, sobre Emilia Pardo Bazán), quiere desde el principio dejar claro que la Gloria que vamos a conocer no es la tópica, no es la popular. Porque en Gloria Fuertes había muchas glorias, tantas como sufrimientos. Ese caleidoscopio humano se nos sirve a través de una dramaturgia que fluye como un sueño, sin lógica espacio temporal, sin vergüenzas, sin represiones, hablando con el dios hippie que Gloria se inventó, expresando su fastidio al sentir la llamada de la "obligación" televisiva, rememorando los días de felicidad junto a Phyllis, la mujer que más amó, y su yo frente a los estudiantes americanos a los que un día habló en una Universidad estadounidense.

También suenan las bombas sobre Lavapiés de la Guerra Civil y el sarcasmo más cáustico de una mujer que consiguió ser y vivir como quiso, ajena a modas y supuestos morales. Todo esto aflora en el preciso montaje de Valeria Alonso, que consigue con tan solo un elemento escenográfico, onírico y poético, apoyado en la magnífica ambientación lumínica de Raúl Baena, que viajemos con Gloria a través de esas estaciones de su vida y su pensamiento. Un globo atado a un libro, un sueño atado a un poema o viceversa. Y Ana Rayo, claro, Ana Rayo, que sin imitar a Gloria (difícil), compone un ser magnético y genuino desde el primer segundo, con el que transitamos una paleta de emociones inmensa. Gloria pone el verbo y Ana el cuerpo y una inteligencia interpretativa envidiable. Montaje humilde, sí, cuya dignidad quisieran muchos otros con producciones más pretenciosas.

Por Álvaro Vicente

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