Juguetes rotos

Teatro
3 de 5 estrellas
Juguetes Rotos
©Bárbara Sánchez Palomero

Autora y directora: Carolina Román. Intérpretes: Nacho Guerreros y Kike Guaza.

Una obra de teatro es una punta de iceberg muchas veces. En el caso de 'Juguetes Rotos' es así, rotundamente. Un personaje y su vida contada en cuatro trazos, muy bien elegidos, muy bien hilvanados, son suficientes para dejarnos entrever lo que pudo ser vivir como homosexual y como transexual durante los años 60 o 70 del pasado siglo en España, primero en un pueblo y más tarde en ciudades como Valencia o Barcelona, donde si bien se respiraba algo más de libertad, esa espada de Damocles que era la infame Ley de Vagos y Maleantes pendía siempre sobre las cabezas de mucha gente que solo quería ser libremente lo que dictaba su naturaleza, y no los usos, costumbres y leyes abyectas y retrógradas.

Ese hombre, ese cualquiera, es Mario, al que Nacho Guerreros delinea con precisión y técnica, suave en la forma, pausado en el movimiento, contenido en la emoción, que asoma más a los ojos que a las palabras. Durante la función sentí a veces que estaba viendo una de esas películas gozosamente lentas en las que la cámara sigue al protagonista casi siempre en planos medios y primeros planos, con apenas texto, en ambientes cotidianos pero no sin cierta extrañeza. Aquí los ambientes son una conjugación de metáfora, a partir de la simbólica escenografía basada en jaulas, una iluminación portentosa y un espacio sonoro profuso en efectos (a veces llegan a molestar un poco incluso). Las transiciones con fundidos en negro (otra vez cine) rompen un poco el ritmo. 

Y sería injusto no lanzar una loa también a Kike Guaza, que aborda –como contrapunto a Guerreros– media docena de personajes meticulosamente compuestos, donde la valentía y el desparpajo suplen bien lo que a veces parece más teórico que práctico, más aprendido que vivido. Pero, volviendo al principio, el valor principal de este montaje, para mí, está en ese empujón de visibilidad que todavía están necesitando muchos colectivos cuya identidad sexual y de género no es heteronormativa.

Por Álvaro Vicente

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