Unamuno

Teatro
4 de 5 estrellas
Unamuno
© Sergio Parra

Autores: José Luis Gómez y Pollux Hernúñez. Directores: José Luis Gómez y Carl Fillion. Intérprete: José Luis Gómez.

"Quien no se contradice, nada dice". En esta frase está resumida la compleja personalidad intelectual de Miguel de Unamuno, que al final de sus días se encuentra con la versión más dolorosa de su querida España, la versión cainita y deshumanizada de un territorio abocado a la guerra como 'solución' a sus desmanes. Esos meses de 1936 conforman la columna vertebral de este montaje en el que La Abadía nos brinda la posibilidad de mirar nuestra Historia no desde hoy sino desde entonces, no desde la implantación académica oficial de los hechos, sino desde su vivencia directa. 

Pero esta vivencia es ejemplarizante para nuestro presente. La vivencia a través del escritor que primero apoyó el golpe de Franco, porque pensaba que era lo único que podía poner orden en aquel supuesto caos, y que terminó maldiciéndose. Recluido en Salamanca, en arresto domiciliario, Unamuno pronunciará su famosa frase frente a los exaltados, que al "venceréis pero no convenceréis" responden con el no menos famoso exabrupto de Millán-Astray: "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!". En tiempos convulsos (no tan guerracivilistas, desde luego, pero sí polarizados) como los actuales, donde el puritanismo pone en tela de juicio la libertad del arte, conviene recordar todo esto. 

Además, teatralmente, el montaje es exquisito. José Luis Gómez despliega todo su dominio y experiencia en el arte del actor en un papel que le va de lujo, lejos de ese tropezón que supuso 'La Celestina'. Porque además se ha impuesto el reto de interpretar a Unamuno y al actor que quiere interpretarlo, ha jugado al doble en una pirueta a ratos lacaniana a ratos artaudiana, más sugerente y disfrutable para el espectador por el dispositivo vídeoescénico que usa para hacerlo posible.

Pero Gómez nos enseña la pequeñez, entre ingenua y ambiciosa, del actor frente al personaje, del hombre frente a la Historia. Y cuando es Unamuno (porque lo es, porque hay veces que al verlo de perfil se ve al propio Unamuno apoderarse de su rostro) nos contagia la angustia y la urgencia ante la hora de España, la duda de sí mismo a las puertas de la muerte que presiente, y el candor y el dolor, la dimensión más humana del intelectual desahuciado, al no saber explicarle, él, Miguel de Unamuno, no saber responder la pregunta que le hace su nieto: "Abuelo, ¿por qué hay guerra?".

Por Álvaro Vicente

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