Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Madrid icon-chevron-right Las 9 escapadas más originales por Europa y Marruecos

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© Oma Photography. Mostar

Las 9 escapadas más originales por Europa y Marruecos

Destinos poco conocidos, llenos de encanto e historia, para redescubrir el placer de viajar en temporada baja

Por Maria Junyent, Josep Lambies y Noelia Santos
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Con esta lista te proponemos coger las maletas y descubrir tierras poco conocidas que van desde la estampa idílica de la Provenza francesa, con sus característicos campos de lavanda y sus calles de ensueño, pasando por paisajes de infarto de Suiza y las ciudades alemanas de postal navideña, hasta un Marruecos imperial de palacios y ruinas. ¿Vamos?

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Moustiers (Francia): Alta Provenza

Campos de lavanda, persianas de madera pintadas de colores pastel y la envoltura de las rocas. Moustiers Sainte-Marie es uno de los pueblos más bonitos de la Alta Provenza francesa. Tan bonito que, mientras os acerquéis por carreteras serpenteantes, tendréis que parar a probar si es un espejismo. Perdeos por sus callejuelas dónde abundan los talleres de cerámica, la especialidad de la zona. No os vayáis sin visitar las gargantas Verdon, una maravilla de la tierra que desemboca en el lago Sainte-Croix, de un azul irreal. 

 

Cómo llegar: Vuelo a Marsella Desde ahí, podéis coger un autobús, que tarda dos horas. 

Hermigua (Canarias): A través de la laurisilva

Este municipio de la isla de La Gomera se extiende desde la cumbre más alta del Parque Nacional del Garajonay hasta el mar, a través de una pendiente de laurisilva y plataneras. Desde la verdura encantada del bosque de El Cedro hasta las piscinas naturales del Pescante, donde rompen las olas, la excursión es un alucine. Se cuenta, por cierto, que el famoso silbo gomero, con el que los isleños se comunicaban de risco a risco, tiene su origen en esta región. Lanzaos a la dieta del almogrote y el dulce de guarapo, y disfrutad de las vistas.  

 

Cómo llegar: Vuelo a San Sebastián de La Gomera. Guagua de 15 minutos a Hermigua. 

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Gruyères (Suiza): Stendhal verde

No es solo una cuna del queso que da nombre a la región –o viceversa–, es una de las villas medievales más pintorescas y mejor conservadas de Suiza (castillo visitable incluido). Aquí, en el Parque Natural Regional Gruyère Pays-d'Enhaut (cantón de Friburgo), el sindrome de Stendhal será inevitable. Hacer senderismo por las Vias du Fromage, entrar en sus queserías alpinas, comerse una fondue y visitar la fábrica de chocolate, obligatorio. Recordar a Heidi, opcional. 

 

Cómo llegar: Vuelo hasta Ginebra o Zurich. Tomad el tren hasta Buelle y bus hasta Epagny-Gruyères. Consejo: comprad el Travel Pass para ahorrar unas coronas. 

Zahara de la Sierra: Invierno en Cádiz

Uno de los pueblos blancos más bonitos y la confirmación de que Cádiz existe en invierno. En la falda de la montaña, coronada por el castillo y la Torre del Homenaje, es un laberinto de callejuelas (típico trazado andalusí), fachadas de cal y balcones de flor. El encendido de faroles al caer la tarde es mágico. 

 

Cómo llegar: Vuela hasta Sevilla y de ahí una hora en coche. 

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Évora (Portugal): El secreto luso

Hasta hace solo unos años, hablar de la región del Alentejo portugués –en la frontera de Badajoz– era algo así como citar Narnia. Menos mal que nos hemos quitado la venda (y los complejos) que nos impedían disfrutar de ciudades como Évora: amurallada y declarada Patrimonio de la Humanidad, con un legado romano (lo que queda del templo) digno de cualquier ruta, y vestigios góticos que quitan el aliento (capilla de los huesos). El bacalao y el 'vhino' verde serán los responsables de dejar el mejor sabor de boca. Y Lisboa está a menos de 100 kilómetros... 

 

Cómo llegar: Autobús desde Madrid (siete horas). Desde Lisboa el trayecto es más corto (dos horas).  

Meknès (Marruecos): La puerta del imperio

De las ciudades imperiales de Marruecos es la menos visitada, la más pequeña y, con la venia de Fez, también la más bonita. Fue construida en el siglo XVIII, por capricho del sultán Moulay Ismaíl, el tirano más sanguinario de la historia del país, que residió en ese enorme palacio amurallado, al que se accede por la puerta de Bob Monasour, la entrada monumental más grande del Norte de África. Merece la pena que hagáis una excursión a las ruinas de Volubilis, restos de un asentamiento cartaginés que se encuentra a 30 km de la ciudad. 

 

Cómo llegar: Vuelo directo a Fez. Desde ahí coged un tren (45 minutos) o un gran taxi compartido. 

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Ostuni (Italia): En el tacón

Levantada sobre tres colinas, con sus casitas de cal blanca como la cresta de una ola, la ciudad de Ostuni es una maravilla muy poco explotada. El turismo masivo que desborda el norte de Italia no ha invadido aún la región de Apulia. Así de bien se conserva. Su catedral del siglo XV tiene uno de los rosetones más grandes del mundo y a las afueras encontraréis las ruinas de un enorme santuario que tiene sus origenes en el paleolítico. Saciad vuestro apetito con unos mejillones en salsa picante y unos pinchos de carne a la llama. Una gozada. 

 

Cómo llegar: Vuelo directo a Brindisi. Desde ahí, hay un autobús que tarda 45 minutos. 

Lübeck (Alemania): Postal navideña

Alemania entera se llena de mercados, luces, villancicos y Glühwein (vino caliente) entre medidados de noviembre y finales de diciembre. Si queréis descubrir el epicentro de la fiesta, corred hasta Lübeck, una pintoresca ciudad en el estado de Schleswig-Holstein que la Unesco definió como el prototipo de ciudad ideal del siglo XII. El 25 de noviembre abre el mercado principal de Navidad, documentado desde 1648. Para preparar el viaje, leed 'Los Buddenbrook', novela que Thomas Mann ambientó en Lübeck y su puerto. 

 

Cómo llegar: Vuelo directo a Hamburgo. Desde ahí, hay un tren que tarda 45 minutos hasta Lübeck.  

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Mostar (Bosnia y Herzegovina): Heridas de guerra

Un pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla. Y en Mostar todavía tienen muy presente lo que sucedió durante la Guerra de los Balcanes. Ni siquiera el 'stari most' o puente viejo –su gran joya mediaval– se libró de la batalla. Por eso hoy, reconstruido por la Unesco, es uno de los símbolos por los que merece la pena desviarse hasta Mostar y pasar un dia por sus callejuelas. Y, de paso, visitar el antiguo bazar, la mezquita Karadjoz-Bey y lo que queda del hotel Neretva, un esqueleto acribillado por la metralla. 

 

Cómo llegar: Vuelo directo a Dubrovnik. Y de ahí en bus, pero paciencia, el viaje dura dos horas y media. 

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