Tàpies. Col·lecció d’artista

Arte
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Tàpies. Col·lecció d’artista
Tàpies. Col·lecció d’artista

A veces, me pierden los detalles. Por ejemplo, hay una carta, en esta exposición, donde Tàpies intercambia nuevo obras suyas por cinco de otros artistas, propiedad de la galerista Martha Jackson. Miro las medidas y las características de los tapias, y las medidas y los nombres de los artistas intercambiados: Pollock, Kline, Motherwell, de Kooning y Sam Francis. La proporción es aproximadamente de dos a uno, en obra y en dimensiones.
Este detallito me revela la cotización de un joven Antoni Tàpies en plena fiebre informalista en Nueva York, la nueva capital del mundo artístico. También me revela que no tenía mucho afecto por Dalí. El artista ampurdanés le había introducido a la galerista estadounidense y le había promocionado con artículos en la prensa especializada de la ciudad. Tàpies, por el contrario, tenía un ejemplar de la Navidad de 1934 de la revista 'D'ací i d'Allà' y procuró adquirir obra de todos los artistas reproducidos en aquel escaparate de la modernidad... Miró, Kandinsky, Picasso... todos, menos Dalí.
Pero vamos al fondo de la cuestión. Una muestra nos enseña 31 obras de otros artistas adquiridas o intercambiadas por Tàpies, y 43 tàpies pertenecientes al último depósito realizado en la Fundación para la familia, pintados entre 1947 y mediados de la década de 1980.
Acompaña al conjunto un filme inédito de Maria Lluïsa Borràs, realizado en 1981, con música de Mestres Quadreny. Visto lo visto, hay que preguntarse por qué era inédito este documental? Si lo véis, quizás encontraréis la respuesta...
Y de todo ello, ¿qué podemos aprender? A) Tàpies era un tipo inteligente, sensible y ambicioso (eso es bueno), B) Tàpies tuvo una especie de desorientación lingüístico-creativa una vez dió el salto al informalismo: su obra entre 1962 y 1980 es demasiado 'teatral', y C) el mejor Tàpies es el que arranca con los barnices a partir del 1981 y la simplificación, la depuración del lenguaje sígnico. Pasa de la magia teatral a la escenografía interior, de Brossa en Buda.
Pero nada de esto habría sido posible sin la enorme confianza del autor con su obra, capaz de proponer intercambios a los más grandes, y de escribir su propia versión de la historia del arte, a toda costa. Que el juzgue el tiempo...

Por Ricard Mas

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