Restaurantes

Desde la cocina más tradicional hasta las recetas más exóticas. Los mejores restaurantes de Barcelona seleccionados por nuestros críticos

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Brunch madrugador

Can Dendé y Mama's Cafe: dos locales con un 'brunch' excelente a cualquier hora del día

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Davita Market

Un gran local en forma de mercado con diferentes puestos con producto italiano de importación de primerísima calidad

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Bananas, un club para volverse loco

Frívolo y sofisticado, este restaurante nocturno del Born redefine lo kitsch

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Restaurantes gallegos

La cocina gallega es de las que mejor sabe resaltar las virtudes del producto

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Grecia en Barcelona

Os descubrimos los restaurantes y las tiendas griegas más auténticas

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Bohèmic

Es bueno encontrar un lugar donde la cocina aporte algo más que el placer y evoque recuerdos y sabores desgraciadamente olvidados. El restaurante Bohèmic se encuentra en este triángulo de maravillas reducidas y familiares (Casa Lucio, Rincón de l'Agüir, Can Vilaró) donde te reciben siempre con sorpresas agradables.Francesc Gimeno, de larga trayectoria en cocinas de buena reputación, se ha refugiado en una pequeña cocina y hace maravillas a pequeña escala: llamarlas miniaturas sería rebajarlas. Cocina unos platos que en estos momentos nadie hace en Barcelona, ​​como los huevos al calor, con sobrasada y col de Siberia, que harían resucitar el mismo Xavier Domingo, uno de los grandes expertos en cocina que ha tenido este país y que iba siempre a la búsqueda de huevos en cazuela. Sublimes y únicos con la col siberiana y patatas agrias de la Rioja, que ahora son nuevas, sabrosas y consistentes. Incomparable el foie gras del Empordà, que hace en un bote-au-feudo y con caldo corto y calçots fundentes. Este caldo corto es absolutamente increíble. O la butifarra de perol a la cazuela con un excelente pil-pil de piquillos. Otro comensal probó el magret de pato del Empordà, cocido encima de cenizas, con peras, chucrut, mostaza y jalea de riesling, que se prepara para dos personas.Aunque lo más intenso de la mesa y que ya se posiciona como plato estrella de Francesc es el costillar de cerdo embarrado, cremoso de tupinambos y trompetas de la muerte y sorbete de piña de Costa Rica. Todo pr

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  • 4 de 5 estrellas
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Mano Rota

En este restaurante con barra baja estilo japonés y espacio para cócteles, un venezolano y un catalán fusionan tradiciones culinarias muy alejadas, como la tailandesa, la peruana o la catalana, con grandes resultados. Un ejemplo: el suquet thai, donde por un lado te presentan las salsas tailandesas y por otro el pescado y el sofrito, o el secreto ibérico crudo, cocinado al momento, con un dashi.

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Casa Xica

La casa es pequeña pero el corazón es grande, como dice el refrán castellano, y el corazón de Marc y Raquel debe ser muy grande. Después de la intensa experiencia vivida en China y de vivencias sabrosas y duras vividas juntos, se han casado y han montado esta pequeña joya gracias a la complicidad de un tercer elemento, Esteve Puertas, amigo de la infancia y un profesional del buen servicio. Los largos viajes de Marc y Raquel en busca de sabores y placeres hacen que la carta del restaurante Casa Xica sea como un pasaporte goloso para viajar desde una cómoda silla en Poble-sec. Lo más fácil sería decir que hacen cocina de fusión. Pero esto de la fusión se está prostituyendo, y en este caso se trata más de la recolección de gustos aprendidos en tierras lejanas, convertidos en platos que gustarán al paladar más exigente. Como un tabule diferente, sabroso, sano, de proximidad y enriquecido con un pescado casi sin manipular, que fue un acierto. El día de mi visita era el plato del día, una fórmula acertada, poco utilizada lamentablemente por ser sinónimo de vasto: aquí por menos de 10 euros puedes comer el plato del día más bebida y postres. La carta invita al comensal a plantearse etapas y volver muy pronto para continuar probando las bellezas que nos proponen, con productos de extrema proximidad, en la orilla del Mekong, o al sol naciente de Japón. Pero Raquel, que sufrió a un exigente chef francés en Londres, ha parido una rillette de conejo que, además de acercanos este product

Time Out dice
  • 4 de 5 estrellas
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Raso Terra

Este fenomenal restaurante vegetariano, propiedad de los presidentes de Slow Food Barcelona, ​​tiene dos frentes abiertos: el del mediodía, donde preparan un menú fantástico y económico, donde se puede elegir tres variantes (uno, dos o tres platos) siempre con intención gastronómica, con sopas y platos que se escapan del clásico comen vegetariano, ya sea por imaginación o recuperación de recetas en desuso. Por la noche ponen en marcha una carta repleta de platos de pasta casera y de cocinas de todo el mundo. La mayoría del producto viene de su huerto de Sant Feliu de Llobregat, y tiene un sabor inmejorable, que se nota en la primera dentellada. También tienen vinos y cerveza artesanas. En las antípodas del vegetariano aburrido, vamos.

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  • 4 de 5 estrellas
Los usuarios dicen
  • 5 de 5 estrellas
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Últimas críticas

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Llamber

Llamber es una gastrotaverna que tiene su alma mater en Avilés. Con Francisco Heras a los mandos de la cocina y Eva Arbonés como jefe de sala, este local translúcido, que respira el ambiente renovado del Born, es una apuesta interesante que da identidad a un barrio con bastante personalidad ya. Bajo la mesa alta en la que como, seguro que está la huella de Rafael Casanova y la sombra funesta del primero de los Borbones. A mí me lo ha descubierto Gerardo, buen catador de restaurantes y, como buen madrileño, acostumbrado a comer en magníficos locales asturianos.Llamber no es un restaurante típico astur. Francisco Heras ha conseguido casar la cocina de sus alrededores con la cocina aprendida en elBulli, en La Broche de Miami y en el Arola del Arts. Un ejemplo de esta fusión son las patatines de cabrales con praliné de avellanas, guiño bable a las bravas del Arola.También es magnífico el salmón marinado con cítricos, jengibre y helado de jengibre. La boca se llena de frescura. Y hay que ensalzar también el entrecot de vaca vieja con brasas. Reconozco que aquí me dejé llevar por el clasicismo. Claro que se puede comer una tabla de quesos o embutidos. Pero en el Llamber mis deudas pendientes son de otro tipo. Cuando voy a un restaurante que me gusta, siempre me quedan deudas más cercanas al alma que al cuerpo. Son deudas de una magnífica sonoridad, como una fondue de parmesano con langostinos y espárragos trigueros, una tarrina de foie gras casero con albaricoque, un bacalao fresco

Time Out dice
  • 4 de 5 estrellas
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A Brasa Me

A Brasa Me no es un restaurante más de carne a la brasa: tiene la curiosidad de su ubicación. Muy cerca del mar, no a la orilla del mar, pero a la distancia de un puente de la playa de la Mar Bella.¿Y la cocina? Las carnes, su especialidad, son de muy buena calidad. Estamos hablando de producto de primer nivel de Girona, reposada prudentemente, bien hecha a la brasa, sabrosa y tierna. Una costilla de buey individual de 500 gramos, que se puede compartir, es asequible, y se acompaña con verduras a la brasa. Es carne de proximidad, bien seleccionada –animales hembras– y muy bien tratada en crudo y cocinada. Sirven un menú muy completo al mediodía en el que, con un suplemento, se puede pedir entrecot.El menú consta de aperitivos como pan con tomate, jamón y aceitunas, y siempre hay carnes y dos pescados a escoger, más postres. Entre los postres es obligado probar el flan, casero de verdad. Los acompañamientos para escoger son verduras a la brasa, ensalada o patatas fritas. Los fines de semana hay ofertas especiales de carne y platos de pescado. Entre los entrantes destacan, en la carta, el humus, muy bien preparado al estilo de Siria. También el alioli es digno de mención.Entre los primeros para escoger había una lasaña de carne y verduras, calçots, huevos cabreados con chistorra o fideuá de marisco, y los segundos estaban entre un tataki de atún, el mencionado entrecot o una paletilla de cordero con verduras a la brasa de leña. Tiene una terraza que en verano está muy solicitad

Time Out dice
  • 3 de 5 estrellas
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Can Bernad

En Sant Adrià, desde hace más de 40 años funciona Can Bernad, un lugar familiar que empezó siendo una terraza y que hoy es frecuentado por los buenos buceadores de placeres profundos. Y que los paladares céntricos barceloneses se pierden, en gran parte por ciertos prejuicios que existen ante los alrededores del centro. Es un restaurante familiar, llevado por el matrimonio Bernad, Gregorio y Marisa, y sus hijos Óscar y Dani. Pero el ambiente familiar no lo es todo, sino la buena cocina con excelente producto, todos los mediodías.Unos deliciosos pinchos de panceta, de la casa, abrieron fuego. El jamón, cortado a mano al momento, completó el aperitivo, hasta que llegaron a la mesa las espinas fritas de la anchoa, que es la reina total: carnosas, sabrosas y presentadas con un buen aceite, alcachofa fresca y atún. El morro a la brasa y el capipota son platos emblemáticos del lugar, un cálido restaurante a un paso de la Ronda Litoral, cerca de la estación de Renfe y de dos paradas de metro, La Paz y Besòs. Tiene un menú diario muy asequible que se sirve en un salón 'taurino' que ha ido perdiendo el protagonismo de antes por razones obvias, donde se pueden encontrar platos sencillos pero que exigen rigor, como una ventresca con excelentes tomates y cebolla tierna o unos soberbios garbanzos a la andaluza.Peces salvajes y buenas carnes son expuestos a la brasa de una parrilla que ocupa un rincón predilecto de los clientes en invierno. En el salón de carta, llamémoslo así, disfrutamos

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  • 4 de 5 estrellas
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Els Pinxus

Esto parece que ya es imparable. Hace unos años la ciudad de Barcelona era un desierto en relación a una oferta culinaria considerada un bien patrimonial ibérico, la tapa, y un bien patrimonial vasco, el pincho. No se podía imaginar la existencia de locales como Los Pinxus, con una oferta de pinchos, tapas, huevos estrellados, tortillas, ensaladas y encurtidos, encurtidos y escabeches de Premier League, y una cerveza que tiran como si estuviéramos en los mejores bares de Madrid.Toni Santanach es el pinche de Los Pinxus. Él, que formó parte del equipo de chefs de la escuela de Mey Hofmann, quería demostrar que en Barcelona es posible hacer tapas y pinchos nostrats, aprovechando una tradición culinaria que, como demostró el maestro Toni Massanés en su Corpus de la cocina catalana, no necesita reflejarse en ninguna cocina hispánica o europea. Su pincho de tartar de fuet es toda una declaración excepcional de principios.La cena giró prácticamente en torno a unos pinchos donde la calidad del pan es fundamental, aunque también pude probar una tapa de albóndigas con sepia fantástica. La carne que emplean a Los Pinxus es de primera y el pincho de hamburguesa de ternera con mayonesa de dos mostazas es muy recomendable.En Los Pinxus hay platos para todos los gustos. Yo tengo una gran predilección por la tripa: aquí la hacen al estilo de la prima, que debe ser una de esas primas que a las que apetece encontrarse en Navidad. O por unos huevos revueltos con bacalao, bestia anfibia que dem

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La Laia: la audacia

Nunca se comió mejor en Barcelona, metrópoli dominada por la cocina de anticuario. En lo gastro, la ciudad es conservadora. En Barcelona gobierna CiV: Croqueta i Vermut. El riesgo interesa poco a los cocineros jóvenes, con excepciones. Celebro tanto el valor como el sentido común. Cuando ambas cualidades van de la mano surge la gran cocina. Hace dos años, Laia Mas fue intrépida al abrir La Laia. Llevaba muchos años al servicio de otros: la conocí en el 2008 cuando era camarera en el bistró Bohèmic. Por mediación de una amistad encontró al chef Raúl Parra y profesionalmente se entendieron enseguida. Mi visita coincide con la celebración de ese segundo aniversario, precedido por una reflexión por parte de la jefa y el chef. Raúl concreta en qué punto están: “Nos preguntamos, ¿a dónde vamos? Y concluimos que estamos fuertes, en lo personal y de cabeza, con ganas”. Vi platos con carácter y que merecen una crónica, pero también una tendencia al exceso, con abuso del azúcar y lo seco. Laia me había advertido: “Buscamos el contraste, lo dulce, lo salado, las texturas”. Y Raúl dirá después: “Viajé durante años. Italia, Inglaterra, Tailandia. Quiero meter en una línea todo lo que he encontrado. Me gusta que un plato haya ácido, dulce, amargo…”. No es necesario. La suma a veces resta. Creo que el ejemplo es el canelón de chocolate blanco con butifarra del perol. Hay choque suficiente –del que salen bien parados—entre el relleno y la cobertura, lo que requeriría una base tranquila: e

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Lando: erótico y galáctico

El Lando eleva el nivel gastronómico de Sant Antoni con una fórmula con toques internacionales y macrobióticos Los socios de Lando tenían claro el modelo de negocio: trabajar en una productora de publicidad, Mamma Team, obliga a planificar con precisión. Un menú de mediodía (18 euros) y otro de noche (35 euros), sin carta; pocos platos para garantizar frescura y temporalidad y la asesoría y magisterio de Bernard Benbassat, profesor y chef especializado en macrobiótica. No es Lando un restaurante macrobiótico, se adelanta Albert Soler, uno de los dueños junto con Toni Schulz, Vanesa Virumbrales y Òscar Gómez. De los cuatro, Óscar es el que está en la sala de Lando. "Hay platos macrobióticos, por supuesto, otros, no; pero siempre ofrecemos una cocina rigurosa, respetuosa, evitando productos que hayan sido refinados. Queremos que la comida siente bien, que la digestión sea buena". En un espacio industrial, una cocina desindustrializada. Lando fue un taller mecánico, vecino de una fábrica de anchoas, que acaba de dejar la ciudad. Ignoraba que aún se preparaban salazones en un lugar céntrico. Una barra para el tapeo y un comedor amplio con madera, azulejos y suelos pulidos. Cocina Daniel Viejo, que pasó tres años con Josean Alija en Nerua (Guggenheim). Una de las cosas que más celebro de esta comida aún no contada serán los fondos, a lo que el chef responderá: "Otra cosa no, ¡pero caldos! Aprendí bien con Josean". He decidido tomar un poco de todo: plato de barra, de mediodía y d

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Bar Bas: más que patatas fritas

El Bar Bas eleva el nivel gastronómico de la rambla de Catalunya con guisos tradicionales y tapas impecables Las patatas fritas de Bar Bas son la mejor de las bienvenidas. Más adictivas que un bote de pegamento. Finas, crujientes, bien desengrasadas. Querido Enrique Valentí: abre una churrería y triunfa. Atención, cazatendencias: lo que viene, siguiendo las rodadas del foodtruck, es la churrería remozada. Carros en los que la fritura será arte. Regresemos a las chips valentinianas: "Utilizamos la variedad de patata agria. Cambiamos el agua dos o tres veces para que suelte fécula. Después las freímos en aceite limpio. Y ya está". Para la visita corta, en la barra, es imprescindible tomar el vermut de Dos Déus, un platito de esas patatas que drogan y una de las latas que acogen los moluscos frescos de la casa. Los mejillones en escabeche son impresionantes. Y los berberechos, XXL. Como soy de tiro largo, preferí sentarme e ir a por todas. Bar Bas es uno de esos espacios de decorador que parece que existan desde hace 30 años y solo hace diez minutos. A Enrique le encargaron que llenase un espacio vacío y se le ocurrió esto: "Resumiendo: hicimos un typical spanish pero bien". Disiento: eso será en la superficie. En lo profundo, los guisos: esa es el alma de la casa. "Es verdad. Ahí está la ambición". Enrique es cocinero, aunque es célebre en la ciudad como director de restaurantes. Aquellas chaquetas eléctricas en Casa Paloma y Chez Cocó. Quiere seguir desarrollando ideas con la

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Caldeni: Corte, filete y confección

Este año, el Caldeni de Dani Lechuga cumplirá diez años convertido en el paradigma de restaurante cárnico del siglo XXI Tres años después de abrir Caldeni, Dani Lechuga quiso dedicarse a la carne. No lo llevaba en el apellido, pero sí en el ambiente familiar. Algún miembro del clan sacaba músculo con la importación de vacuno, de modo que se garantizaba un suministro excelente de chicha. En octubre soplarán una década del bistronómic, que el año pasado sumó la barra de Bardeni. Pared con pared y cocina compartida. La economía no da para más: cualquier decisión tiene que ser estudiada para garantizar la supervivencia. Entiende el cocinero que el camino que comenzó es el correcto y que la especialización da visibilidad. "Nosotros ofrecemos la pieza limpia. Proponemos comerla de otra manera, sin hueso, sin nervio". Si Espai Kru es una marisquería del siglo XXI, dice Dani, Caldeni podría ser la referencia para la pezuña y el cuerno. La primera idea para el local vecino fue montar una carnicería, un espacio de corte, filete y confección. Sigue pensando en instalar --¿dónde?-- una cámara de la que colgar los cortes nobles. Los carniceros-cocineros como Renzo Garibaldi (Osso, Lima) son personajes en los que fijarse porque la nostalgia paleolítica va a más. Lo paleo es un hueso duro de roer. Dani deja para el final de la comida el solomillo de black angus de Nebraska con salsa café de París: "Es un animal de 24 meses. Y la salsa, un proceso de dos días, tiene 32 ingredientes". Lo aca

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